Cada año por esta época suelo escribir mi sempiterna carta pidiendo lo mismo. Le he escrito cartas al Niño Jesús, a San Nicolás, a los Tres Reyes Magos, a la Virgen María. Ante la indiferencia de estos anteriores destinatarios, alguna vez me atreví a escribirle al buey. A la mula no le he escrito por razones obvias. El parecido es tan exacto que presiento que su respuesta a mi reiterada solicitud será de burla y baile, como suele hacerlo.

Este año no haré ninguna petición a las divinidades, me cansé. La carta como que se la enviaré a otros más terrenales, ya que por allá arriba como que no me paran bolas. Quizás siempre me equivoqué de destinatario. Ese milagrito tan esperado como que nos toca a nosotros hacerlo. No me había percatado de que en el silencio estaba la respuesta a mis peticiones

Así que hoy mi carta es para los líderes que se han propuesto conducirnos a lograr lo que el 80% desea. Luego de redactarla la colocaré simbólicamente en el nacimiento. La versión virtual la enviare por correo electrónico el mismo 24 de diciembre. No quiero someterme desde ya a los “en qué mundo paralelo vives”, “otro caído de la mata”, “mira, viejo pa’ tonto” y otros mensajes que en tono regañón o de perdonavidas llenarán mi bandeja de entrada. Redacto.

“Estimados y queridos líderes de la oposición venezolana, espero que estas Navidades las disfruten al lado de los suyos con mucha felicidad y escasez, perdón, prosperidad. No se alarmen, sé que es la primera vez que les escribo, pero me he dado cuenta de que las peticiones de Navidad debo hacerlas a ustedes en vez de a los del siempre. Tarde me cayó la locha, lo confieso. Después de 20 años comprendí que siempre pelaba el arrime porque acercaba la bola al mingo equivocado.

Les comento que este año me porté muy bien, suscribí todos los comunicados contra el gobierno donde se nos convocaba a ser uno de “los abajo firmantes”, participé en todos los webinars, video conferencias, conversatorios y foros virtuales organizados por ustedes para analizar la situación del país; tuitié y retuitié hasta el cansancio todos los mensajes que fastidiaban al gobierno; firmé, voté y me abstuve, en fin, he hecho todo lo que me han pedido.

Ahora me toca pedir mi regalo de Navidad. No voy a particularizar porque estoy consciente de que uno solo no hará el milagro. El milagro lo haremos todos, pero ustedes tienen que bailar pegado porque si no es así, no se nos dará. Lo primero que les pido es que recuerden que, en Venezuela, al contrario de la canción del Gran Combo, sí hay cama para tanta gente. Todos cabemos, nadie sobra.

Recuerden ustedes, no son candidatas a reinas de belleza, dejen de memorizar lo que la gente quiere escuchar, la cosa es seria. Tengan un poco de humildad y pónganse en los zapatos de los que a diario recibimos una dosis de la pela colectiva a la que estamos sometidos. Estamos hartos del quítate tú pa’ ponerme yo. Eso es lo que ha alargado la agonía. Hagan un esfuerzo por salir de la pecera. Eso es lo que les ha impedido ver que la gente ya no soporta más. Solo pido el milagro de la unidad para que se pueda dar el otro.

Cierro esta carta haciendo una breve reflexión. Mientras nos embarcábamos en una discusión desgastadora sobre votar y abstenerse, la cual nos alejó más de la meta que queremos alcanzar, 19 venezolanos decidieron no esperar más. Hoy, suelto una lágrima por ellos. Me despido no sin dejar constancia del aprecio que les tengo a todos, a pesar de todo. Feliz Navidad.

Tulio Ramírez es Abogado, Sociólogo y Doctor en Educación. Profesor en UCAB, UCV y UPEL.

 

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