Cuando una mentira se inventa para tapar la negligencia
La doctora Raiza Ruiz que, tras un accidente en la selva amazónica, fue “sepultada” y declarada muerta mientras ella caminaba para salvar su vida.
En 1981 Raiza Ruiz era una joven médico que había realizado su “rural” en Maroa, un pueblito del otrora Territorio Federal Amazonas (Venezuela). Había decidido quedarse como médico residente y el 1° de septiembre iba a la ciudad de Pto. Ayacucho a cobrar su 1er sueldo.
En la avioneta Cessna 207 (YV244-C) donde se trasladaría, iba además del piloto Rómulo Ordoñez, el juez colombiano José Herrera (de la población de El Gallo) y un agente policial llamado Salvador Mirabal, que fue el último en abordar la nave, pero el primero en morir.
El martes 1ro de septiembre, a las 9 de la mañana, en la ruta hacia San Carlos de Río Negro, la avioneta se precipitó en una zona boscosa. Estalló y aunque todos sobrevivieron, Mirabal murió al ser sacado de la nave por los golpes y extensas quemaduras sufridas.
Movidos por la sed, la angustia y la imposibilidad de ser vistos, Raiza, el Juez Herrera y Ordóñez decidieron caminar por la selva para buscar ayuda o dejarse ver. En el primer río se pararon a beber agua, el juez adolorido y quemado, decidió quedarse allí a morir en paz.
El jueves 3 de septiembre, Ordoñez y Raiza escucharon aviones en medio de un claro, comenzaron a saltar para hacer señales. Mientras saltaba, Ordóñez murió. Raiza siguió desolada caminando en la selva. Simultáneamente, los rescatistas localizaban la aeronave accidentada.
Ese mismo jueves los padres de Raiza eran notificados de su muerte y comenzaban a preparar los actos fúnebres. El viernes 4 de septiembre, mientras ella seguía caminando deshidratada por la selva amazónica, su familia la lloraba en un íntimo acto velatorio.
En Pto. Ayacucho también sucedían cosas: el informe dice que se enviaban 4 urnas y un soldador al lugar del siniestro para que se metieran allí los restos de los fallecidos y se sellaran, por estar “irreconocibles”. Después se supo que esto no pasó.
El sábado 5 de septiembre, mientras los padres de Raiza enterraban una urna con un cadáver supuestamente “irreconocible”, ella se topaba con unos niños de la etnia Baré que la observaron y fueron a avisar a sus padres.
El domingo 6, Raiza fue rescatada y estaba rodeada de indios Baré que cantaban para salvarle la vida, le limpiaron los gusanos de las heridas y la llevaron hasta su aldea: Agua Blanca. De ahí la llevaron el lunes 7 hacia San Carlos de Río Negro.
Al llegar a San Carlos de Río Negro no había médico que la atendiera porque se había ido a su entierro en Caracas. El odontólogo y una enfermera auxiliar la ayudaron mientras ella daba instrucciones: toxoide, suero, ampicilina y ¡anís!
En San Carlos, hasta una monjita terminó presa porque se fue a Colombia a buscar el anís que Raiza había pedido para matar los gusanos en sus quemaduras. Como las fronteras estaban cerradas, la agarraron y estuvo detenida unos días.
Con respecto a la ayuda recibida de los Baré, Raiza ha comentado: “Si no fuera por la intervención de ellos, te garantizo que no estuviera viva”
De San Carlos salió gracias a la diligencia de un gringo, veterano de Vietnam, que estaba en la zona con las Nuevas Tribus y fue quien piloteo el avión que la llevó a Puerto Ayacucho, donde a su vez la trasladaron a Caracas para que fuese atendida por médicos especialistas.
Una de las preguntas que apareció, junto con ella fue: ¿Quién está enterrada entonces en la parcela Nro. G159-1 del cementerio en Caracas con el nombre de Raiza Ruiz? El jueves 10 de septiembre se procedió a la exhumación de los “restos irreconocibles” y hubo sorpresas
En lugar de un cadáver, había un saco de cal de 40 kilos, un fémur de lapa (especie de roedor mediano) y una costilla de venado. Las investigaciones arrojaron que los restos habían sido puestos en las urnas en el aeropuerto de San Carlos y no en el lugar del siniestro.
Se activó entonces la búsqueda de los cadáveres del capitán Ordoñez y del juez Herrera, pues en su lugar también habían puesto sacos de cal y restos de animales. Dos días después se encontraron los cadáveres.
Aunque está viva, legalmente Raiza sigue siendo un cadáver porque desde 1873 el principio general del Registro Civil en Venezuela, dictamina que “ningún acta podrá ser rectificada ni adicionada después de extendida y firmada salvo que lo ordene una sentencia judicial”.
“Creo que si Dios me salvó fue porque estaba obstinado de mí y dijo: “Vamos a dejarla allá porque acá no me la calo” dice Raiza Ruiz al recordar lo sucedido en el año 1981. Raiza Ruiz ha dicho: “uno no sobrevive para las grandes cosas sino para vivir la vida normal, no hay cosa más grande que la vida normal, (…) ver las calles conocidas, para ayudar a los otros .� incluso para saber quién fue a tu entierro y quién lloró por ti.” Este 28 de marzo Raiza está de cumpleaños…
Foto: @adricultora Adriana Ponte Guía @Adricultora
LINK ORIGINAL: Noticia Al Dia

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