La ley anti-bloqueo por excelencia es la Constitución Nacional. Allí están garantizados todos los derechos humanos y económicos de los venezolanos.

Nuestra Constitución establece el marco jurídico de un estado democrático de justicia y de derecho (art.2); define la cooperación de las ramas del poder público para promover el bien integral del estado (art.136); garantiza el derecho a la propiedad (art. 115), a la inversión nacional y extranjera (art. 299 et.al.) y asegura el respeto y la promoción de los derechos humanos fundamentales, y de los que se derivan de ellos (Título lll).

Para el chavismo gobernante, el único “defecto” ideológico de nuestra Carta Magna es que carece de visión unilateral. La ley anti-bloqueo condena las medidas unilaterales impuestas al estado venezolano, sin percatarse que en esa denuncia se está condenando a sí misma. El unilateralismo de la revolución bolivariana expresada en múltiples órganos y proyectos inconstitucionales como el Plan de la Patria y la Asamblea Nacional Constituyente, son el principal bloqueo a nuestro estado independiente de justicia y de derecho, impiden legislar, atropellan la democracia y arruinan, por la desconfianza en la inversión que generan, a la nación.

La Asamblea Nacional es el poder encargado de legislar conforme a la constitución nacional; debe controlar el curso de la administración pública y debatir sobre asuntos de interés nacional desde la pluralidad y no desde el pensamiento único ni la unilateralidad de visiones, intentando invisibilizar al que piensa distinto.

El ochenta por ciento de los venezolanos reprueba al gobierno y quiere un cambio político para recuperar la economía con ayuda internacional, mediante financiamiento multilateral a instituciones públicas y privadas, inversión extranjera y sobre todo la necesaria recuperación de la confianza que otorgue importantes alivios al país, como la reestructuración de la deuda.

 

 

Las sanciones económicas producto del sistema autoritario que se ha impuesto en el país, alejan todo tipo de inversiones, incluso la de los aliados políticos del gobierno. Para atraer capitales hace falta cooperación política interna (acuerdos basados en el reconocimiento), institucionalidad democrática y reconocimiento internacional; no confrontación estéril, ya sea de carácter nacional o geopolítico, como lo estamos viendo cada vez que se abusa de la tragedia venezolana para fines electorales o de asuntos internos de los países.

 

Gobernar para todos los venezolanos.

Enemigos de este proceso son las continuas violaciones al estado de derecho provenientes del poder público y reiterados llamados a la deserción política, a la abstención y a la violencia.

Abstenerse es convertir ese 80% de rechazo a Maduro en resignación. Hay dos caminos para salir de estas calamidades: las balas o los votos. Los ciudadanos tenemos una sola arma: el voto.

TAL CUAL

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