Cuando el grueso de los venezolanos parece haber entendido que Venezuela dejó de ser un país petrolero para convertirse en un país con petróleo, vemos el mercado -por años asfixiado- dando un peculiar giro que poco o nada tienen que ver con el modelo socialista con el que ha quebrado a Venezuela los últimos 20 años.

Apertura económica, escuchamos decir a expertos, cuando la realidad es que quienes seguimos haciendo esfuerzos inenarrables desde el sector privado no terminamos de entender los beneficios del giro de timón. Pues, la hiperinflación suma tres largos años golpeando a nuestros capitales. 

Los mismos que han satanizado a todo lo que huela al capitalismo, después de haber dilapidado la mayor bonanza petrolera de nuestra historia republicana, empiezan a abrirse a capitales extranjeros. Eso si, con los extraños manejos que ha caracterizado al chavismo durante dos décadas.

 

 

Ya basta que quienes seguimos apostando a Venezuela sigamos saldando la factura de un grupo de aventureros que en 2002 intentó derrocar a Hugo Chávez, basta de usar a los entes reguladores como vengadores por parte de los extremistas.

Para que la economía prospere y el país se estabilice hay que asumir el tema con la seriedad que lo amerita, y esto obligatoriamente pasa por brindar seguridad jurídica y transparencia en las licitaciones. La apertura del mercado no debe terminar convirtiéndose en un guiso para favorecer a tres o cuatros amigos de los jerarcas rojos.

Este país tiene mucha gente dispuesta a producir, desde pequeños emprendedores hasta grandes empresarios. Urgen garantías para que Venezuela salga del foso económico en que este «desgobierno» la ha sumergido.

tal cual

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