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Aquí nada hace sombra de Miriam Caldera Lugo

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Por José Javier Sánchez • malaslecturasccs@gmail.com                                Fotografía Maxwell Briceño • @maxwellb_photoss

Disfrutar de la lectura del verso breve, aspirando hacer de ese acto una experiencia de goce, de conmoción, de observancia profunda de las palabras que orbitan en un juego luminario, para elevarnos a otras experiencias. Contemplar el abismo reflejado en un poema, desde la experiencia propia del lector y desde su cercanía al lenguaje vivo y los afectos, con la única pretensión de habitar su experiencia.

Escribir sobre la brevedad y la poesía con la certeza de decir menos con más. Porque la brevedad no es sólo un ejercicio de ahorro de palabras y si de condensación del lenguaje. A fin de cuentas el poeta es capaz de alcanzar las dimensiones de expresión de todo lo que arde en su sentir, en un haiku, en un verso breve, en un respiro, en la visión primigenia del ocaso, en la sensación física del contacto de su piel con el mar, de la profundidad infinita de su mirada ante el horizonte. Del beso resplandeciente del sol que toca su cuerpo.

La palabra y la brevedad como aleteo, como brisa, como sustancia aerodinámica que impulsa los sentidos, las emociones, las mareas, como ancla del sentido en la corriente espiritual. Desnudos, expuestos, despiertos, vivos, en una ruta para alcanzar las simples cosas, el agua, el mar, un beso.

Aquí, el tiempo no es hoy, no es mañana, no es éste en el que te detienes a leer estas frases. Aquí puede llegar a ser un destello, un silencio. La poeta se confronta desde el silencio, como quien se rebela detrás de las cortinas hacia la calle para decir aquí he estado, ocurro, lugar donde ha estructurado un sentir, una poética, una forma de asirse al lenguaje para darle palabra a lo que no alcanzamos a atender.

Miriam Caldera Lugo, nacida en La Guaira en 1952, hizo una temporada de vida en Cumaná, espacio significativo de encuentro con los amigos y el amor. El mar está en sus entrañas y crece en su pecho en la medida que respira. Hablan en sus poemas la bruma, el oleaje, el salitre que cubre el pálpito de sus emociones y lagartijas esmeraldas trazan el sendero del sueño. Miriam contiene al mar en un juego palimpsesto.

Asume la confección del poema como afrenta, como bordado, como anzuelo marino que nos brinda la palabra para el goce lector. Nada hace sombra, es imagen de la desnudez, del resplandor, de la transparencia, de la sinceridad, de la verdad que se construye en la praxis de afecto sincero y directo con la gente.

Caracas también es ese lugar por donde Caldera se desplaza sin dejar que la ciudad la someta a su furia y turbulencia. Aquí en medio de las revueltas, del ruido, del tráfico, de la angustia, de la velocidad, nuestra poeta se arma de una calma para seleccionar la palabra sencilla que alcance a destellar a los seres inadvertidos que se hacen a la calle para convertirse en lenguaje.

Sus poemas exaltan el vestigio que la cotidianidad deja en los seres, pero que solo alcanzan a descifrar los especiales, los sensibles, los profundos. Claro que sí, es cierto, puede haber profundidad en lo cotidiano, puede haber rito en lo que algunos catalogan de rutina. Aguzar la mirada en los detalles silentes de la ciudad.  En lo que no destaca sino en el ojo educado de afecto, de amor de esa profunda necesidad de permitirnos darle palabra al silencio. A lo que vive sin pronunciarse, sin alterar, sin ser.

La eternidad manifiesta en la lluvia, en la huella de unos pies descalzos en la arena, en un caballo de mar que se enreda en la pantorrilla de una mujer desnuda, en el amor que reside como fuerza vivaz. En este libro, dice Luis Alberto Crespo en su prólogo: “Nunca lo amoroso lastima, porque del amor realizado solo queda la deliciosa orfandad y el acto cumplido es verdadero porque fue, porque es pasado”.

Nada hace sombra de Miriam Caldera es un libro publicado por el Fondo Editorial Fundarte en el año 2012. Como el buen vino, el brandy, el escocés, exige bodega. Sus poemas se añejan en el corazón del lector y con el tiempo alcanzan un sabor, un buqué, un cuerpo, ante el que acabaremos cediendo por placer, comulgando con todo lo no dicho que resuena entre verso y respiración. La sencillez del lenguaje, manifiesto en cada poema, en cada experiencia, en cada sentencia, en cada contemplación, nos permitirá disfrutar de esa posibilidad perpetua del lenguaje como manifestación del espíritu, del sentido, del sueño, de la idea.

Miriam Caldera Lugo siempre tendrá el tonelaje justo para sorprendernos, no lo digo yo, lo dicen sus lectores que cada vez son más, que cada día se siguen sorprendiendo con nuevos versos, con su tono a la hora de leernos en voz alta, con su dicción que se encarna en la ternura y nos reencuentra con una mujer hecha palabra.

Los espacios recorridos

Una y otra vez

Durante diez siglos

                                Se dispersan en la lluvia

Miro otros lugares

Descubro otros rostros

Tu silueta

Se desvanece entre la gente

Que va y viene

                                Sin rozar mi piel

Alucinado despiertas la noche

Besas el rumor de mis cabellos

                                Ajeno al mar que crece en mi pecho

Atraviesas un bosque

De serpientes

                                Y pájaros encantados

Tu duelo es con el viento.

ÉPALE 460

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