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Autoritarismos en tensión, por Félix Arellano

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En los regímenes autoritarios hegemónicos con tendencias totalitarias de Irán y Cuba se incrementan las tensiones sociales y las protestas. Cada caso tiene su especificidad; pero podríamos establecer algunas coincidencias, entre otras, el creciente rechazo a sus gobiernos, el fracaso de las políticas y, en particular, la brutal represión de los organismos de seguridad de los gobiernos. También podríamos destacar aproximaciones en relación al papel de la comunidad internacional y las perspectivas de ambos procesos.

En los dos casos las protestas no constituyen un hecho fortuito, existen diversos precedentes y múltiples causas. En Irán, por ejemplo, se recuerda la fuerte ola de protestas del año 2009, que exigían reformas políticas frente al autoritarismo clerical. En Cuba, todavía está muy fresca la amplia y espontánea protesta nacional del 11 de julio del 2021.

Siguiendo el mismo libreto del autoritarismo, los dos regímenes culpan a Occidente, los Estados Unidos, el capitalismo; por la crisis interna, cualquier excusa descabellada, que además se han agotado por su constante repetición. Ninguno de ellos reconoce sus errores y mucho menos su fracaso. En consecuencia, no hacen nada para superar la situación, el objetivo es perpetuarse en el poder a cualquier costo.

En la misma línea autoritaria, otra lamentable coincidencia tiene que ver con la brutal represión contra el pueblo indefenso que protesta buscando soluciones; en principio, sin mayor capacidad y organización para desestabilizar al régimen; empero, ante tanta ineficiencia y represión, el rechazo se puede ir tornando más profundo y contundente.

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En el marco de la represión conviene destacar que los regímenes autoritarios utilizan la práctica de los paramilitares para infiltrar los movimientos críticos y amedrentar a la población, tratando de evadir las responsabilidades del Estado en la normativa internacional de los derechos humanos.

En ambos casos, las protestas han logrado un alcance nacional, con una activa participación de los jóvenes. En el caso de Irán, con especial protagonismo de las mujeres, toda vez que las jornadas de protesta inician luego de la detención de la joven Masha Amin de 22 años, por parte de la policía de la moral, por incumplir la rígida normativa del uso del hiyab (el velo) y su fallecimiento en custodia el 16 de septiembre.

Ahora bien, iniciando como un rechazo a la draconiana normativa del hiyab, las protestas van sumando diversos sectores de todo el país, por ejemplo, los sindicatos del sector educativo han convocado a una huelga general.

Las protestas en Cuba también tienen un alcance nacional, incluyendo en particular a los jóvenes y a la población pobre, discriminada y marginada por un gobierno comunista —que en su narrativa manipuladora se ufana de representar a los proletarios, pero está pleno de privilegios e impunidad—; pero es una protesta fundamentalmente de un pueblo pobre, reaccionando de forma  espontánea y cargado de indignación, entre otros, por hambre, sin luz, sin combustible ni medicamentos; enfrentado a los monopolios gubernamentales que le cobran en dólares, la moneda del imperio tan cuestionado.

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Resulta significativo que en ambos casos se aprecia un vacío de liderazgo, situación obvia, pues cualquier protagonismo crítico es reprimido por los regímenes autoritarios con prisión, tortura, exilio y, en el peor de los casos, con desaparición. Es menester recordar que en Irán la ejecución en la horca es una práctica oficial contra los llamados traidores.

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Otro elemento relevante en ambas protestas es el papel de las nuevas tecnologías de las comunicaciones, el internet y las redes sociales; que han servido de plataforma para impulsar la poca organización que se ha logrado. Los líderes que han sobrevivido están en el exilio y el internet es el medio fundamental de comunicación. Por eso, el libreto autoritario incluye como un recurso fundamental, la suspensión de los servicios de internet y el control de las redes.

Por otra parte, en los dos casos, el papel de la comunidad internacional se presenta disperso, fragmentado; por lo que pierde contundencia y efectividad. Los Estados Unidos mantienen el esquema de sanciones unilaterales. En Cuba, un embargo de décadas, en Irán las sanciones por el programa nuclear, que adoptó el presidente Donald Trump luego de denunciar unilateralmente el acuerdo que habían suscrito tanto la Unión Europea y Estados Unidos con Irán, con la activa participación de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

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El tema de las sanciones es complejo, pero los hechos evidencian que adoptadas de forma unilateral y por un largo periodo, van perdiendo efectividad; incluso, pueden llegar a beneficiar al gobierno sancionado que, además de desarrollar una narrativa de mártir, encuentra el apoyo de otros gobiernos, particularmente autoritarios, para lograr su evasión. El caso cubano constituye un ejemplo representativo.

La Unión Europea, siempre consecuente con la defensa de los derechos humanos, es más flexible y pragmática de hecho —en particular el gobierno español—, ha mantenido un apoyo importante a la dictadura cubana y en el caso de Irán mantiene vigente el acuerdo sobre el tema nuclear y está mediando para la reincorporación de los Estados Unidos en el acuerdo.

El papel de la comunidad internacional puede resultar más efectivo en el marco de una estrecha coordinación de los diversos actores internacionales y de los sectores internos del país.

Lo internacional debería formar parte de la estrategia y la presión interna es decisiva; pero también es cierto que en los dos casos que abordamos la presión interna ha sido reprimida de forma brutal.

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Las protestas están latentes y son la clara expresión del rechazo popular al autoritarismo, que se perpetúa con represión. Ahora bien, como la persecución se ha incrementado y diversificado, no podemos sobredimensionar las expectativas. En los dos casos crecen cada día el número de detenidos; en Irán se incrementa el número de muertos y en Cuba se multiplica la diáspora de sus jóvenes al mundo.

En el caso específico de Irán, que la jornada de protestas inicia con la muerte de la joven Masha Amin, ante su creciente contundencia, algunos, recordando la llamada Primavera Árabe, albergan la esperanza que tal evento se convierte en el detonante de cambios profundos y, eventualmente, una transición.

En la llamada Primavera Árabe, un tsunami de protesta social que inicio en Túnez, la chispa fue el caso de Mohamed Bouazizi, vendedor ambulante, que se inmola ante la represión policial, lo que generó fuertes protestas en Túnez y, posteriormente, una  cascada de protestas en la gran mayoría de gobiernos autoritarios de zona; empero, los resultados han sido decepcionantes pues, con la excepción de Túnez, donde el dictador Ben Ali sale del poder, en la mayoría de los países se fortaleció el autoritarismo y en Siria dio paso a una guerra civil.

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La posibilidad que las protestas en Irán y Cuba puedan conllevar un cambio con transición a un gobierno democrático no se aprecia en el horizonte, pero quienes defendemos las libertades, la democracia y los derechos humanos, debemos realizar los esfuerzos posibles para que la brutal represión se conozca y se logre incrementar la consciencia sobre el fracaso del autoritarismo.

Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas-UCV.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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