El “cabo de presos” era una figura siniestra de la dictadura de Gómez. Era un funcionario cuya tarea fundamental era mantener el orden interno de las cárceles de la dictadura. Era el jefe de la represión en cárceles como la famosa Rotunda.

Siempre escogían para este cargo a hombres brutos. Mientras más brutos, mejor. Cumplían con eficacia su mortífera labor de mantener el orden interno de la cárcel, es decir, jefaturaban la represión en las cárceles de Gómez.

Este miércoles 24 de febrero, fastidiado, se me ocurrió sintonizar la televisión para ver a quién estaban entrevistando en la sección Primera Página de Globovisión. Qué mal rato pasé. Entrevistaban nada menos que a Bernabé Gutiérrez, ahora secretario general de AD –ad hoc– por decisión de Maduro y del TSJ.

Me invadió una tristeza enorme al oír a aquel señor fungiendo de secretario general del glorioso partido en el que milité en tiempos de dictadura.

En medio de la rabia que me asaltó pensé que Gutiérrez hubiera sido un buen cabo de presos.

 

Ese es el mayor vejamen que se le puede hacer, no ya a AD sino a la democracia misma. El partido de Rómulo Betancourt y Rómulo Gallegos. El partido del insigne poeta Andrés Eloy Blanco. El partido de intelectuales como Simón Alberto Consalvi. De políticos de fuste, ideas y arrojo como Leonardo Ruiz Pineda y Alberto Carnevali. El partido de Gonzalo Barrios, Luis Beltrán Prieto Figueroa. El partido de Raúl Ramos Jiménez y Domingo Alberto Rangel. El partido de mujeres como Mercedes Fermín, Clarisa Sanoja, que resistió una bárbara tortura; de Isabel Carmona, que parió en la cárcel su último hijo.

El partido de Valmore Rodríguez que fue el único que, en noviembre de 1948 junto con el coronel Gámez trató de mantener el hilo constitucional, ya que él era el presidente del Congreso Nacional.

En el primer pleno nacional de dirigentes del partido, en abril de 1958, Betancourt, al recordar a los ausentes por las bajas de los diez años de dictadura, al referirse a Valmore lo llamó “recio guayacán”.

El partido de recios dirigentes obreros como González Navarro y José Vargas o dirigentes campesinos como Ramón Quijada, que admiraba a Mao y lo llamaba “el Lenin amarillo.”

El partido de dirigentes juveniles en ascenso como Moisés Moleiro y Américo Martín. El partido del infatigable Canache Mata.

Oyéndolo, me he sentido vejado, insultado como se sentirán hoy los militantes de AD cuando oyen a este cabo de presos presentarse como secretario general.

El régimen que padecemos se puede medir por la mediocridad de Nicolás Maduro y la avilantez de Bernabé Gutiérrez. Ellos caracterizan muy bien la podredumbre de la dictadura totalitaria que padecemos. Son los perfectos dirigentes que se merece este régimen. Son los dirigentes –ad hoc– que la fetidez del régimen necesita para tratar de respirar y aliviarse cuando recordamos que, así como AD parió a quienes luchamos contra Pérez Jiménez también parirá, junto con el pueblo, a los que en el futuro barrerán a los cabos de presos de Maduro y Jorge Rodríguez, cerebro gris del régimen.

Están perfectamente equilibrados los cabos de presos, son los dirigentes de esta hora negra de Venezuela.

Héctor Pérez Marcano fue dirigente político y diputado del Congreso de la República.

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