A juzgar por las movilizaciones y protestas recientes en el municipio Caroni,  los trabajadores de Guayana se han reactivado y tomado la vanguardia en las luchas democráticas contra la usurpación y sus políticas hambreadoras.  Dos consideraciones al respecto me permito presentar.
La primera, es que el movimiento obrero, otrora entregado a la oferta demagógica y populista del chavismo ha despertado.  Ha entrado en conciencia de que el conjunto de problemas laborales y socioeconómicos por los cuales protesta son consecuencia del modelo de gestión político-administrativo impuesto por el régimen.  En efecto, la quiebra, ruina, saqueo y deterioro institucional de las empresas básicas y las graves consecuencias laborales es responsabilidad exclusiva de los desgobiernos de Chávez y Maduro.  Por otra parte, los trabajadores de las empresas privadas que prestaban servicios y eran proveedoras de las empresas del grupo CVG, han caído en desempleo o subsisten en el mundo de la economía informal.  Decenas de empresas privadas cerraron sus puertas como lo atestigua el cementerio de chatarra y galpones abandonados en los parques industriales de Ciudad Guayana.
La segunda consideración está relacionada con los sindicatos y los dirigentes sindicales. Algunos elegidos por voluntad de los trabajadores y otros impuestos a través del grotesco expediente del paralelismo sindical aplicado por quienes desgobiernan. Tránsfugas convertidos en sindicalistas. Directivos patronales en rol, al mismo tiempo, de sindicalistas; que se pagan y se dan el vuelto aprobando contratos colectivos irritos y contrarios al interés de los trabajadores.  Sujetos que pasan por una metamorfosis viciosa: trabajadores, directivos empresariales, sindicalistas, testaferros y millonarios.
JOSE ALCOCER CAURATV

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