En lo que va de un ‘story’ a otro, esta actriz ha conseguido casi por accidente una nominación los Goya y un puesto al lado de Penélope Cruz y Aitana Sánchez-Gijón en la inminente película de Almodóvar

LUIS MARTÍNEZ

Cuenta milena smit que siempre ha estado muy perdida; que no entiende por qué a los 17 años te obligan a decidir lo que va ser tu vida a partir de entonces; que jamás se había planteado que acabaría haciendo lo que ahora mismo hace…. «Pero eso ya ha acabado», dice ya cerca de la conclusión a sus lamentos que es a la vez la introducción entusiasta a su vida a partir de hoy: «Ahora no sólo sé perfectamente lo que quiero, sino que también sé que sería si no fuese lo que ahora mismo soy». Perdón. «Sí, si no fuera actriz, sería psicóloga». Queda claro.

En lo que va de un story en Instagram a otro, Smit ha pasado de recepcionista de hotel a la actriz española más buscada, deseada y hasta envidiada. Su historia no es tanto una aventura hacia el éxito como a la revelación. El matiz importa. Sin haber recibido una clase de interpretación en su vida, y con la única referencia y currículo que su brillante y frenética (ya no tanto) actividad en la red social, un buen día cayó literalmente en brazos del director David Victori. Al rodaje de No matarás le faltaba el detonante de todas las catástrofes; la espita que convierte la existencia de su protagonista (Mario Casas) en tragedia nocturna. Y allí apareció ella transformada a la vez en ángel y demonio; en víctima y verdugo. Todo a la vez. «Cuando llegué al cásting, lo primero que me preguntaron es que de dónde había salido. No supe qué decir. ¿Cómo se contesta a algo así? Desde que me ofrecieron agua hasta que me marché, estuvimos cuatro horas. Primero meditamos, luego hablamos y… hablamos. Todo ese tiempo fue mi primera lección de actuación. Cuando volví a casa, recibí la llamada en la que me decían que sí, que me habían cogido. Y me emocioné. Aunque, en realidad, no sabía por qué tanta emoción. No tenía ni idea a lo me enfrentaba», dice, se toma un segundo y sigue: «Cuando no sabes lo que estás haciendo es lo más bonito. Te dejas llevar y ves la reacción de los que te rodean. Entonces, no tenía ningún tipo de herramienta. Hacía simplemente lo que sentía y me salía». Y de ahí a la nominación a actriz revelación. Y de ahí (o mejor durante) a verse junto a Penélope Cruz y Aitana Sánchez-Gijón en el próximo proyecto de Almodóvar Madres paralelas. «No soy muy consciente de todo lo que ocurre a mi alrededor o, mejor, lo soy, pero mi trabajo consiste en que no se note. Tiene que ser así. Quiero mantenerme al margen de la ansiedad que el resto del mundo proyecta sobre mí. Estoy segura de que si me parara a pensar me quedaría bloqueada. Y si hiciera eso dejaría de ser quien soy y, posiblemente perdería el trabajo». El razonamiento se antoja tan ligeramente alambicado quizá como preciso.

Y, otra vez, ¿de dónde ha salido Milena? Dice que nació por casualidad en Elche, pero que es de otro lado. Tampoco tiene claro cuál. Si no supo cómo responder a Victori, no sabe tampoco contestar en general. Ha vivido en Torrevieja (Alicante) antes de hacerlo primero en Murcia y ahora en Madrid. Su padre, de ahí el apellido, es holandés y su madre, manchega (de Yeste). «No tengo ni género ni generación. No creo representar a nadie, pero tampoco busco ser original. Simplemente hago lo que creo que debo de hacer en cada momento», dice. «Creo que todo el mundo tiene derecho a estar perdido. Yo lo estuve durante mucho tiempo. A los 17 años me fui de casa y el hecho de haberlas pasado putas, como las he pasado, me curtió. Eso te hace ver las cosas sino con claridad, sí con generosidad. He aprendido a ser más consciente de los demás. Sé que he tenido suerte y saber eso me hace tener los pies en el suelo. ¿Que si me generación es narcisista o egoísta? Quizá para todo hay un momento en la vida. Pero el narcisismo se cura, y se cura trabajando. También de recepcionista de hotel», confiesa a modo de declaración de principios. No habla holandés, pero sí inglés, idioma con el que se comunica con la infinidad de primos y sobrinos de los ocho tíos hermanos de su padre. «Alemán lo estudié durante siete años, pero me cuesta», puntualiza.

Cuenta que llegó a Almodóvar del mismo modo que a Victori. De hecho, le gusta puntualizar que aún no se había estrenado No matarás cuando acudió al casting de una película misteriosa: «Me llegó una separata sin ningún tipo de indicación sobre el personaje ni el texto». Tres pruebas más tuvo que hacer hasta, por fin, verse delante un buen día de Almodóvar y Penélope. «Recuerdo que pedí rehacer una escena. Lloré de desesperación. Pero lo hice antes de saber nada», dice. Y sigue: «He entrado en este mundo de sopetón y me he tenido que aprender a saber quién es Almodóvar. Siempre me ha gustado, pero tras ver todas sus películas, me quedo con el momento en Volver cuando canta Raimunda. Cada vez que lo veo, arranco a llorar».

Y, una vez más, ¿de dónde sale Milena Smit? «Todavía no sé… pero que nadie se fíe de lo que digo. Cuando uso Instagran, sé perfectamente lo que quiero vender y lo que quiero vean de mí. No muestro quién soy sino a quién quiero proyectar». Queda claro.

EL MUNDO DE ESPAÑA

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