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Cisne negro y crisis opositora, por Ángel Monagas

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La oposición venezolana se encuentra en la peor situación política, superando incluso la vivida en diciembre de 1998 cuando ganó Hugo Chávez. La crisis de la oposición ha tenido «vaivenes» desde el 2018, cuando fue electo Nicolás Maduro.

Una parte de la oposición se negó a participar en razón de las condiciones y otra lo hizo a pesar de ello. Yo no he observado diferencias en los escenarios del 2012, 2013 y 2018.

Finalmente, los hechos ratifican los errores cometidos: Oposición Plataforma Unitaria o «G4», no quiso participar en la elección de la Asamblea Nacional en el 2020 y sin mayores diferencias sustanciales, lo hizo en la de Gobernadores, alcaldes, legisladores y concejales en el 2021. La incoherencia, las contradicciones, en política tienen un alto costo.

Desaparición del gobierno de «internet»

Mal llamado gobierno interino, una suerte de limbo gubernamental, donde un grupo sin ejecución, sin ejercicio de gobierno, manejó recursos, poder e influencia de una nación.

Muchas zonas oscuras aún no explicadas: Manejo de recursos, comenzando por el evento de Cúcuta, asignación a fundaciones donde lógicamente no aparece ningún político pero que todos sabemos se nutrieron de esos ingresos, el escándalo de la embajada en Colombia, Monómeros, Citgo y pare usted de contar.

Como dice el refrán, «el dinero es como la tos», no se puede ocultar y muchos hasta el 2019 pobres de solemnidad, aparecieron visitando «castillos» de personajes conocidos como los «bolichicos».

Otros que se nutrieron de su relación con alguno de esos personajes, y sin haber ganado en su país ninguna elección o proceso, ahora aparecen en portadas de revistas internacionales como «consultores estrellas». Viviendo al igual que su jefe, en zonas privilegiadas de Estados Unidos, Colombia y España.

Líderes que no viajan en clase turista, ni se hospedan en hoteles de 3 estrellas, sino que vuelan en primera clase, si es que no usan un jet privado y se hospedan en suite presidenciales.

Una Asamblea Nacional con más de ocho (8) años ejerciendo labores, como el senado romano, eternizados en una labor no percibida por el común y muchos menos ahora relegados a actuar bajo un vulgar chats de WhatsApp.

Explíquenme ¿Qué parlamento del mundo funciona así?

Lo mismo sucedió con el presidente «interino». Guaidó fue un accidente político, sin ninguna entidad para dirigir una oposición diezmada en sus propósitos y acción.

Lo más triste, que la Asamblea Nacional del 2020, no es alternativa. Violaron la Constitución aumentando el número de miembros. Sus sesiones tienen más parecido a un mercado libre, que a un parlamento. Muchos de los electos carecen de condiciones mentales elementales para debatir y aprobar leyes. Para hacer la letra «O», buscan una moneda del devaluado bolívar.

Desapareció la dialéctica marxista, con excepción de unos pocos, entre otros, por ejemplo, el señor Jorge Rodríguez, muy «bueno para lo malo y muy malo para lo bueno». Razón tenía El Libertador «El talento sin probidad es un azote».

Nicolás no es dictador

Pensar eso es desconocer la evolución de la figura. Los dictadores ya no visten de verde.

Para clarificar el término acudo a un escrito popular en redes, atribuido a un pelotero, lo cual no puedo afirmar, aunque sus expresiones definen bien lo que no tenemos en Venezuela, cito: «Yo no creo que sea usted un dictador. Si usted fuera un dictador tendría a todas las empresas expropiadas produciendo por encima de lo que producían cuando las expropiaron. Sus gerentes estarían temblando por entregarle a usted resultados extraordinarios y se pelearían por ganarse su beneplácito. Nadie se atrevería a revender cabillas, cemento y demás productos regulados. Tendría usted las cadenas de suministro de alimentos, puertos, almacenes, y supermercados del Estado operando a su máxima capacidad.Si usted fuera dictador no habría secuestros ni cobraría vacunas a comerciantes y ganaderos en nuestro territorio, no habría delincuencia, no estaría el hampa reinando impunemente en ciudades, carreteras y pueblos. Los presos no mandarán en las cárceles. Los delincuentes les temerían a las fuerzas del orden público. Si usted fuera dictador, nadie osaría botar basura en la calle, o a rayar las paredes, o siquiera a pasarse una luz roja. Pero todo eso ocurre en Venezuela, y más…»

*Lea también: La Cosiata (1826) de Pino Iturrieta, por Ángel R. Lombardi Boscán

En dictadura hay injusticias, no obstante, hay orden, forzados, constreñidos los ciudadanos obedecen. En las cárceles y prisiones ejercería la autoridad el gobierno y no los pranes.

A nivel económico, Pinochet y la dictadura China rompieron esquemas. Lo nuestro como decía el prócer Miranda es «bochinche».

Maduro a mi juicio es simplemente un mal gobernante. Carece de gerencia, de visión, de capacidad para llevar la economía del país. Un gobernante cuyos actores cometen abusos, violan a diario la carta fundamental, amparados en la ausencia de separación de poderes, para ejercer cualquier responsabilidad hay que ser «leninista, marxista y fundamentalmente chavista».

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Maduro es la consecuencia de una incapaz oposición, que en todo este tiempo no ha podido hilvanar un juego, mucho más con unas Fuerzas Armadas que dejaron de actuar como la policía constitucional y se han constituido en el genuino partido de gobierno.

Binomio Guaidó-López responsables de la nueva crisis

Perder los beneficios del ejercicio de una ficción creada en 2019, convirtió a este par en coautores de la nueva crisis.

Ante la evidencia de su final, Guaidó-López construyeron toda una campaña de «sicariato moral» en contra de los que una vez lo respaldaron, luego que él se «autoproclamó». Movieron todos los elementos beneficiados de su gestión, incluidos los integrantes de grandes bufetes, beneficiados con los altos honorarios por defender causas en el exterior y medios de comunicación, influencers (portales fundamentalmente) que manejaron cuantiosas sumas para mantener y defender una imagen falsa, de una inexistente gestión eficiente.

Gracias a los mandados del «Zelle» sus mayores críticos del pasado, votaron por su permanencia en una burocracia «invisible» pero «tangible».

Hoy el llamado «Procurador Especial» de ese fallido periodo, donde no avanzamos un ápice en desmontar el ejercicio de más de 20 años de poder, acusa a Primero Justicia de obstruir su gestión.

A todo esto, debemos sumarle las expresiones de los que hasta ayer criticaban constantemente el «interinato», incluso miembros de un grupo llegaron a plantear su retiro del parlamento 2015 y hoy, son más «guaidosistas» que Fabiana Rosales, su esposa.

Pronto se sabrá la verdad de Monómeros y de Citgo.

María Corina aprovecha el momento

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La eterna mala de la oposición María Corina, guardó silencio inteligente ante la supresión del interinato, lo cual puede interpretarse como una suerte de respaldo a los caídos y ahora los mete a todos en un solo saco y los califica de «derrotados».

La pregunta sería ¿Y ella no ha formado parte de esa oposición desde 1998, más lejana o más cercana, hasta respaldando a Leopoldo López? ¿Cómo pretende salir de la piscina opositora sin una gota de agua encima?

Lo de Ledezma lo entiendo. Él perdió el «timing» de la política venezolana. María Corina no hay día que no aparezca en las redes y curiosamente más de diez (10) veces en el programa de Diosdado todos los miércoles.

Responsables

Somos todos, los del G3, Voluntad Popular, los radicales como María Corina, los que opinamos, por no lograr un acuerdo y un plan para lograr el rescate de Venezuela.

La esperanza: Un cisne negro

El escaneo popular busca desesperadamente a alguien que corresponda con sus necesidades, sus inquietudes y sus intereses. El actual liderazgo político opositor vive su peor momento, repito. Las diferentes encuestas lo muestran.

La teoría del cisne negro que data del 2007 y de uso mayormente en la economía, también es extensible a la política.

Para que aparezca en Venezuela requiere: Primero, de que sea alguien «atípico», distinto a los políticos actuales, si no es de este sector, mucho mejor. Segundo, no ser desconocido en el ámbito nacional y tercero, que represente, que encarne, una persona necesaria para resolver la crisis.

El cisne negro que pudiera insertarse para calmar la necesidad del pueblo venezolano tiene que representar una persona que nunca creímos que pudiera ser una opción política, extraño, pero no imposible. Varios nombres han sonado y no necesariamente encarnan el fenómeno: “Er Conde” del Guácharo, el cantante “Nacho”, un empresario, descartando a Lorenzo Mendoza, entre otros. El nombre surgirá de la propia dinámica y de llegar a concretarse pudiera haber sorpresas.

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Nadie del chavismo-maduro le teme a ninguno de los actuales aspirantes. La crisis prácticamente ha favorecido la reelección de Nicolás.

Si apareciera un Cisne Negro, el pánico se apoderaría de Miraflores y nuevamente mostrarían su «vocación democrática».

Este debería ser el primer objeto de los factores externos: EEUU, Unión Europea, etcétera.

Tampoco podemos descartar a muchos de los actuales aspirantes quienes pudieran hacer los méritos suficientes para representar esa esperanza.

Cuesta arriba. No imposible. La política es el arte de lo posible.

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Ángel Monagas es abogado y comunicador.

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