Tal vez sea cansancio por una encerrona que ya lleva un año completo acorralando nuestras vidas con barrotes invisibles. O quizás, rebelión surgida del omnipresente espíritu gregario de la especie Homo sapiens. O aprietos económicos que nos llevan a la calle en busca del sustento diario. O probablemente, efecto abrumador de mensajes subliminales del régimen, ocultos en los irresponsables programas de flexibilización total en épocas como Navidad, carnaval y pronto, Semana Santa, que trasmiten una falsa noción de final pandémico. El caso es que en los últimos meses hemos interiorizado mecanismos de conducta que nos impulsan a violar, como si se tratase de travesuras infantiles, los sencillos códigos de seguridad recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y demás autoridades sanitarias de relevancia planetaria para enfrentar la pandemia de la Covid-19, con el consiguiente incremento en contagios.

Las cifras oficiales del régimen, siempre opacas, siempre maquilladas, no lo reflejan. Pero quienes de alguna manera tenemos relaciones personales o profesionales con miembros del personal de salud de clínicas y hospitales sabemos de la gravísima situación actual en esas instituciones en relación con la pandemia. La baja disponibilidad de camas hospitalarias (8,7 por 10 mil residentes;  promedio latinoamericano, 30), entre otras deficiencias, pinta un cuadro dantesco para quienes hoy buscan desesperadamente hospitalizar a familiares que así lo requieran.

La Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Acfiman) ha emitido desde mayo de 2020 una serie de documentos, el más reciente en febrero de 2021, en los cuales se rebaten las cifras oficiales de contagios y muertes, poco representativas de la realidad en virtud de la insuficiencia de pruebas diagnósticas aplicadas a la población venezolana. Las proyecciones de la Acfiman, basadas en modelos matemáticos de uso aceptado en epidemiología, merecieron una nada sutil amenaza de funcionarios del régimen contra los académicos. Pero la realidad es tozuda y coincide con esas aproximaciones modélicas. No se queda atrás el Imperial College de Londres, cuando en sus proyecciones sobre Venezuela, concuerda con las propuestas de la Acfiman.

 

 

Ya hay funcionarios del régimen, como la Autoridad Única de Salud del estado Bolívar, que reconocen que “el carnaval nos mató”, que más que variantes del virus, fue la imprudencia gubernamental en  autorizar festejos carnavalescos la responsable por el alto número de contagiados que hoy desbordan los centros de salud. Un sistema de salud pública ruinoso desde hace décadas no podía responder de otra manera. De hecho, el Global Health Security Index 2019 (Índice Global de Seguridad Sanitaria) ubica a Venezuela en la vergonzosa posición 176 de 195 países, con un promedio de eficiencia de apenas 23,0 %, muy por debajo de Argentina en posición 25, México 28, Colombia 65, Zimbabue 92 o Haití 138.

Dado que no existen medicamentos específicos para curar el mal y en vista de la fragilidad de un precario plan nacional de vacunación cuyos detalles desconocemos (tema que requerirá un nuevo artículo), lo más prudente es hacer todo lo posible para evitar contagiarnos y asumir nuestra responsabilidad personal y social en la prevención, sin esperar a que el Estado vele por nosotros.

A riesgo de lucir repetitiva, el mantra de la OMS (también reflejado en el comunicado conjunto de la Acfiman, la ANM y asociaciones de corte sanitario, julio de 2020) debe ser asumido en su totalidad como parte de una nueva rutina de vida: a menos que sea absolutamente necesario, no salga, quédese en casa. Si necesita salir o si recibe a terceros en su casa (nunca más de tres), mantenga el distanciamiento físico (1,5 a 2 metros) y use mascarilla correctamente, es decir, cubra nariz, boca y mentón simultáneamente; evite las aglomeraciones; evite abrazos y otras demostraciones corporales de afecto con familiares y otras personas fuera de su entorno casero; lávese frecuentemente las manos con jabón o desinféctelas con geles al efecto. Si tose o estornuda, no se cubra el rostro con las manos sino con el codo flexionado. Si por razones personales o laborales requiere reunirse con terceros, privilegie las reuniones telemáticas sobre las presenciales; si esto último es indispensable, mantenga el distanciamiento físico, el uso de mascarilla, prefiera espacios al aire libre, ventile bien las habitaciones.

El expresivo mensaje del ministro de Cultura en el perfil de su cuenta Twitter (@VillegasPoljak) resume todas estas normas en un par de frases que transcribo tal cual, con las excusas de rigor por la rudeza del lenguaje: “Cuídense, coño. La vaina es en serio”.

Gioconda Cunto de San Blas es Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales. Investigadora Titular Emérita del IVIC.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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