Lo que en marzo debatíamos como un futuro lejano y que se frenó de golpe por el arribo del COVID-19 al país, hoy es un hecho cierto: Tenemos elecciones parlamentarias, con las peores condiciones que se hubieran podido plantear; un desgobierno que sumerge al país, cada día más, en la peor de todas las crisis; una dirigencia opositora sin ruta clara;  y nuestra gente en la calle buscando respuestas.

Ante todo esto, nos preguntan en las entrevistas en diversos medios de comunicación que atendemos ¿Qué nos espera después del 6 de diciembre?. La respuesta, no hay bola de cristal que la divise.

 

 

A pesar del desamparo que puede albergarnos, tenemos que seguir luchando por este país de todos. No hay milagros políticos, elecciones fraudulentas, ni re-consultas que funcionen para solventar la crisis. Tampoco invasiones militares extranjeras en el horizonte. Está en cada uno de nosotros seguir labrando futuro, a pesar de las adversidades.

Lo que puede sonar repetitivo y hasta vacío es el arma que nos queda: unidad y esto va mucho más allá de la alineación partidista. El país no se acaba el 6 de diciembre. Tampoco es cierto que la consulta popular es el último refugio legal del cual aferrarse. Estamos obligados a volver a la Venezuela profunda y orientar a nuestra gente, capacitarlos para que puedan enfrentar la coyuntura.

Sumar esfuerzos del sector productivo, hacer alianzas entre emprendedores, ayudar a los más vulnerables. La economía será vital en 2021, aprovechar cada oportunidad para reactivarla debe ser el punto de partida para empezar la reconstrucción nacional. Venezuela aguarda por todos nosotros.

TAL CUAL

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