El derrame de hidrocarburos en las costas occidentales del país comenzó alrededor del 22 de julio de 2020 en el estado Carabobo. Entonces, vecinos cercanos a la refinería El Palito le avisaron a la diputada por esa entidad Deyalitza Aray de lo que estaba ocurriendo. Según contó a Transparencia Venezuela, “luego de las fuertes lluvias por el paso de la tormenta Gonzalo, la gente de la zona percibió el olor y la mancha negra que inmediatamente se observó en la playa (El Palito). Los vecinos me enviaron las fotografías que circularon en las redes sociales. Posteriormente pasé por el lugar y noté la mancha y el fuerte olor a petróleo, aceite”.

Aray publicó el 26 de julio en su cuenta de Twitter una primera noción de cuál sería la causa. Citando a los habitantes de la zona, dijo que se habría desbordado una de las lagunas de oxidación en la planta de efluentes del complejo refinador. La consecuencia inmediata fue la caída de desechos de la conversión de hidrocarburos en las playas cercanas, principalmente la que está al lado de la petroquímica.

El 2 de agosto, 11 días después el viceministro de Gestión Ecosocialista de Ambiente y presidente del Instituto Nacional de Parques, Josué Lorca, publicó en su Instagram que «luego de reportes presentados por pescadores, habitantes de Tucacas y recorridos del Cuerpo Civil de Guardaparques, se evidenció la presencia de un hidrocarburo, el cual se desplazaba hacia las costas del Parque Nacional Morrocoy».

Dos días más tarde, el ministro de Ecosocialismo Oswaldo Barbera comentó en Twitter el asunto, afirmando que se trabajaba en la limpieza del lugar. Habían transcurrido ya unos 13 días desde que ocurrió el derrame.

Desde entonces, principalmente Lorca, se mantuvo publicando fotografías y demás registro de las gestiones en la zona, hasta finalmente afirmar que se sanearon las playas y los cayos del Parque Nacional Morrocoy, el 10 de agosto. No hacían mención alguna a las costas carabobeñas donde también se registró presencia de combustible.

A partir de ese momento, se activó el aparato de propaganda. La periodista Madelein García, por ejemplo, publicó todo un hilo en Twitter que comenzaba con una imprecisión escandalosa: «Hace poco hubo un derrame de petróleo que afectó el parque #Morrocoy». Pero hay que decirle que no fue «hace poco», sino 19 días antes de su trino.

Al menos hasta ese 10 de agosto ni Pdvsa -responsable del derrame-, ni el Ministerio de Información -responsable de informar-, ni el gobernador de Falcón Víctor Clark -autoridad regional-, ni el Ministerio Público o el fiscal impuesto Tarek William Saab -responsables de investigar las causas- habían emitido comunicación alguna mediante Twitter o Instagram -que ahora asumen como canales oficiales para publicar- o en sus respectivas páginas web.

Ninguna de las autoridades ha dicho nada del impacto derrame en otras zonas de la costa, como en las playas de Puerto Cabello.

Expertos calculan que se pudieron haber vertido allí hasta 40 mil barriles de hidrocarburos, con una afectación de hasta cuato kilómetros de costa falconiana, presuntamente por fuel oil. Un ecocidio agravado por el silencio oficial, solamente roto cuando hubo con qué hacer propaganda. Así ocurre habitualmente. Es un modus operandi.

La mejor demostración son los derrames que también acaban de ocurrir en Anzoátegui. El 8 de agosto, habitantes de la población de Barbacoas comenzaron a reportar a través de las redes sociales la presencia de cantidades de crudo en terrenos de la zona. El director ejecutivo de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (Futpv), Eudis Girot, confirmó al día siguiente que se trata de una fuga de crudo liviano.

Este derrame de crudo en Barbacoas se produjo apenas días después de otro en ese mismo estado Anzoátegui que afecta a las zonas de San Tomé-El Morichal.

¿Cuántos días pasarán antes de que algún vocero del chavismo gobernante admita que estas otras agresiones al ambiente están ocurriendo?

Comunicar es involucrar a la sociedad, dar cuenta de una falla para convocar a los mejores para solventarla. La función pública no es para ocultar problemas y solo abanderar soluciones, sino para administrar las luces y sombras. Se es responsable por lo bueno pero también por lo malo. El autoritarismo, claro, jamás permite asumir lo malo.

TAL CUAL

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