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Desborde popular en marcha, por Gregorio Salazar

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Javier Milei (Argentina), Bernardo Arévalo (Guatemala), Luis Abinader (República Dominicana), José Raúl Mulino (Panamá) y Claudia Sheimbaum (México) son los presidentes más recientemente electos en cuatro regiones distintas del continente que van desde el Sur hasta Norteamérica, pasando por Centroamérica y el Caribe. Más allá de algunas incidencias surgidas al fragor de la contienda electoral, como en Guatemala y México, fueron procesos pacíficos y sus resultados vaticinados con bastante antelación por las firmas encuestadoras.

Sin duda que la coincidencia entre las tendencias reflejadas en los sondeos de opinión y los resultados salidos de las urnas electorales tienen mucho que ver con la aceptación de estos por la población de aquellos países que adicional y fundamentalmente no tiene razones para desconfiar del árbitro electoral. Esa es la clave. Tres de estos procesos fueron ganados por la oposición y dos por el oficialismo,

Pareciera que no tenemos esa fortuna (o mejor, el mismo derecho) en Venezuela, donde el máximo organismo electoral ha resultado el más sesgado de todos los que se han tenido durante el chavismo (lo que ya es demasiado decir).

En el mismo sentido, el candidato a la reelección y la cúpula que lo acompaña en la fagocitación del país se niegan a aceptar la realidad que evidencia el pulso de las encuestas en todos los estratos sociales. Esto es que Edmundo González lleva una holgada ventaja de dos cifras porcentuales –en algunos superior a veinte puntos– sobre el candidato a la reelección perpetua, Nicolás Maduro.

Como expresión de un ventajismo sin parangón, la inmensa panoplia comunicacional creada o controlada por el régimen está dedicada las 24 horas del día a propagandear los mensajes y los actos de campaña por la reelección de Nicolas Maduro y a difundir mensajes, unos más atroces que otros, sobre la oposición y su abanderado presidencial. Por supuesto, no faltan entre las matrices que se remachan la de que es Maduro y no González quien puntea cómodamente las encuestas.

El régimen se niega obstinadamente a aceptar lo que todo el país está viendo. La cúpula ha fracasado en frenar el creciente liderazgo opositor de María Corina Machado, quien tras su ilegal inhabilitación por quien ahora preside el CNE endosó su capital político a Edmundo González.

Un apoyo que va subiendo con el correr de los días en este último mes de tan asimétrica, atípica e histórica campaña.

Al régimen le ha sido imposible, remachamos, poner un alto al accionar político de MCM, desde que se perfilaba como ganadora de las primarias de la oposición en octubre de 2023. Ha fracasado rotundamente en su persecución en cada región, en la obstrucción a sus desplazamientos, en las represalias contra la dirigencia de su partido y contra todo aquel que le preste el más mínimo servicio. Tampoco han podido acallar su mensaje de esperanza, denuncia y cambio.

*Lea también: El despertar de un pueblo, por Reinaldo J. Aguilera R.

Con la campaña electoral más económica de la historia, Mérida y Táchira acaban de dar un clarísimo ejemplo de lo antes dicho. Una vez Machado anuncia su próxima visita, el vicepresidente del PSUV se traslada por vía aérea a la zona y con la ayuda de los poderes regionales monta su mitin en paralelo. Ya los contrastes están resultando inconvenientes para esa campaña persecutoria. Mientras Cabello reúne a un público esmirriado en calles estrechas, la otra busca espacios abiertos donde pueda caber a una muchedumbre por demás inspirada y entusiasta. Cabello se retira después de cada mitin, mientras Machado completa una gira de dos días en cada estado a los que llega – vista la prohibición para usar aviones comerciales- en larga peregrinación por carreteras a cuyas orillas se va apostando la gente enarbolando banderas para saludarla y una legión de motorizados la antecede y la escolta.

En Táchira: una multitud en La Tendida, otra en Coloncito, y así también en La Fría, Copa de Oro, Colón con la gente sin moverse bajo un aguacero, para finalmente terminar en la Quinta Avenida de San Cristóbal con uno de los mítines más concurridos de la historia electoral de Venezuela. Pero antes, con las mismas características de desborde popular, fueron Mérida, Santo Domingo, Mucuchíes, Tabay, Lagunillas, Guaraque, Tovar, Zea, El Vigía. Igual apoteosis se había visto en los recorridos por Guárico y Cojedes.

Machado recorre las calles sentada delante el parabrisas de un automóvil. LLama a votar por Edmundo González y anuncia su segura victoria. Más que arengar ahora establece un diálogo con la multitud a cielo abierto. Los oye, conversa, se compromete, se abraza con hombres, mujeres y niños, enjuga sus lágrimas, recibe pequeños regalos, como rosarios de las más disímiles confecciones, en muestra de afecto. Cuando cae la noche sobre el evento, da la voz de prender los celulares y la muchedumbre forma con millares de luces una estela dorada, lo que se ha vuelto un ritual de conexión entre ella y el pueblo.

Si las firmas encuestadoras lo dicen, las calles lo ratifican y lo confirman: el régimen está en abierta minoría.

Por más que hagan jactancia de un poder absoluto, de su infalibilidad e invencibilidad, ni Maduro, ni Cilia Flores, ni Cabello ni los hermanos Rodríguez son los dueños de Venezuela. Si la gente se hartó del fracaso, el autoritarismo y la corrupción del régimen tienen que aceptar la decisión soberana que saldrá de las urnas el próximo 28 de julio. Venezuela tendrá un mejor futuro.

Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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