Históricamente la mujer indígena, en mayor grado que las no indígenas, han padecido la violación de una serie de derechos que le asisten por razones culturales

Caracas.- Cada 5 de septiembre desde el año 1983, se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena, fecha en la cual se llevó a cabo el II Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América, para centrar su atención en las mujeres indígenas, su historia y sus perspectivas, por lo cual esta fecha debe servir para la reflexión y reivindicación de sus derechos específicos.

Venezuela atraviesa una grave crisis política y económica sin precedentes en nuestra historia contemporánea, fenómeno social que afecta especialmente a las poblaciones más vulnérales del país, que a decir de los informes y actualizaciones sobre Venezuela 2019 – 2020 de la Alta Comisionada de la ONU para los DDHH (ACDHUN), “representan la población más vulnerable del país”, que se puede medir en los peores indicadores de sus derechos sociales: salud, educación propia, transporte, territorios y otros de sus derechos específicos contenidos en el capitulo VIII de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), instrumentos internacionales de protección y la Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades Indígenas (LOPCI), entre otros.
Históricamente la mujer indígena, en mayor grado que las no indígenas, han padecido la violación de una serie de derechos que le asisten por razones culturales. Ello se puede evidenciar en la ausencia de una política estatal en materia de atención intercultural de manera integral con la debida distinción de género, especialmente en materia de salud.
En el caso especifico de la mujer indígena del Amazonas venezolano, por falta de un sistema de atención sanitario que atienda sus necesidades más elementales, encabezan los peores indicadores del país (proporcionalmente) en cuanto a las patologías que presentan según la zona geográfica donde se encuentren. La muerte materna (fallecimiento de la madre por complicación del parto o embarazo), es de las primeras causas de mortalidad en la mujer indígena de esta región, indefectiblemente debido a la ausencia de programas oficiales que garanticen una efectiva y adecuada atención a esta población.
Según la Red Ara, en su publicación “Contaminación por Mercurio en la Guayana Venezolana”, otra de las graves afectaciones que padece la mujer indígena del sur del país, es la contaminación por elementos químicos de los ríos más importantes de la región. “Un estudio solicitado por la organización indígena de la cuenca del río Caura “Kuyujani”, destinada a evaluar la contaminación por mercurio en las poblaciones Ye´kuana y Sanema, concluyó que el 92% de las mujeres examinadas presentan niveles muy superiores a los máximos establecidos por la Organización Mundial de la Salud. Este estudio también señala que el 36.8% de la población femenina estudiada tiene niveles tales de contaminación que presentan importantes riesgos de partos cuyos niños pudieran presentar desórdenes neurológicos” (cita de Red Ara).
La mujer indígena se siente desprotegida y extraña cuando viene a las ciudades capitales de los estados Amazónicos (Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro), debido a que los programas de salud no están adaptados a los principios de interculturalidad que dispone nuestra CRBV, LOPCI, Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales, entre otros instrumentos legales, así como las reiteradas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud a los países con poblaciones indígenas sobre adecuar su sistema sanitario a sus realidades etnicoculturales.
En entrevista realizada para este artículo a Enelda Rodríguez (indígena Piapoco), Coordinadora General de Wanaleru, organización no gubernamental creada en Puerto Ayacucho para la atención integral de las mujeres indígenas provenientes de las comunidades remotas del estado Amazonas, nos manifestó su preocupación por el poco interés y pésimas iniciativas de las autoridades gubernamentales en materia de una adecuada atención de la mujer indígena, en un estado donde más de la mitad de su población es indígena. La Coordinadora de Wanaleru también mostró preocupación por el reciente cierre físico de la organización por falta de financiamiento para la ejecución de los programas que llevaban: terapias de preparto, salud sexual y reproductiva, atención y asesoramiento en materia jurídica y psicológica, entre otros.
En otro aspecto, las mujeres indígenas de la Amazonía venezolana han venido abandonando forzosamente muchas de las actividades que ancestral y tradicionalmente practicaban, de manera particular sus labores de artesanía que le servían de intercambio cultural y sustento económico para cubrir determinados bienes y servicios de su núcleo familiar. Esta actividad que representa una importante expresión de sus culturas, ha sido en gran medida desplazada por la minería ilegal y sus actividades conexas, lo que se traduce en una amenaza a las prácticas socioculturales de los pueblos indígenas y de manera particular a sus mujeres y a las generaciones futuras.
Otro de los factores que representa un ataque a los derechos de la mujer indígena, ha sido la imposibilidad de movilización desde sus territorios a los centros poblados, con fines atención médica o ejercer sus actividades económicas tradicionales, limitación que está determinada por la ausencia de combustible en la región y la monopolización de este recurso estratégico por parte del Estado y grupos irregulares vinculados a actividades ilícitas en territorios indígenas.
Urge una política que se traduzca en programas integrales de atención a la mujer indígena, que signifique la materialización de sus derechos contenidos en la CRBV y el complejo de normas que la desarrollan.

 

Cada 5 de septiembre, más que una celebración por esta fecha, corresponde una profunda reflexión sobre el estado de los derechos de la mujer indígena, que en el caso de nuestro país, están severamente afectados por la desatención Estatal o medidas erráticas y poco efectivas sobre la atención integral de la mujer y la garantía de sus derechos específicos.
Luis Betancourt Montenegro
Coordinador General del Grupo de Investigaciones sobre la Amazonía (GRIAM)
EL UNIVERSAL

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