Contra las cuerdas, el primer ministro Hasan Diab ha anunciado la dimisión en bloque de su Gabinete

 

La presión contra el Gobierno libanés, después de la devastadora explosión en el puerto de Beirut se ha hecho insostenible. El primer ministro, Hasan Diab, en un discurso a la nación, ha anunciado la dimisión en bloque de su Gobierno.

Ya el sábado, Diab, contra las cuerdas, y en plena oleada de protestas, anunció elecciones anticipadas para calmar la ira de los libaneses. Pero no fue suficiente.

En un mensaje a la nación, Diab ha sostenido que el Ejecutivo “da un paso atrás para estar junto a la población” y ha defendido que de esta forma “acata la demanda de la población por un cambio real”.

Sin embargo, ha lamentado que la clase política libanesa “se resista a través de todos los medios sucios para evitar un cambio”, antes de manifestar que “algunos no han interpretado adecuadamente la revolución del 17 de octubre”, en referencia al estallido de unas protestas que llevaron a la caída del Ejecutivo de Saad Hariri.

Lo cierto es que la población libanesa lleva protestando desde octubre contra la corrupción, la devaluación de la moneda y la falta de oportunidades en el país de los cedros. La muerte de más de más de 150 personas y 5.000 heridos, por lo que todo apunta a una negligencia de seis años, ha puesto fin a este Gobierno que ya nación con los días contados y sin apoyo popular.

La crisis desatada por la explosión en el puerto de Beirut es una catástrofe sin precedentes. Además de la pérdida de vidas, será necesaria una reconstrucción millonaria. El puerto, en el que se manejaba el 60% de las importaciones, el sustento de Líbano, ha quedado prácticamente destruido. Asimismo, 300.000 personas se han quedado sin hogar.

Los libaneses no quieren que Diab lidere al país en su reconstrucción. El incidente, atribuido a la explosión accidental de 2.750 toneladas de nitrato de amonio mal almacenado, ha reactivado las protestas en Beirut y las quejas contra el Gobierno, al que los manifestantes culpan de las sucesivas negligencias y la corrupción que ha afectado al país en estos últimos años.

En un primer momento, tras el Consejo de Ministros de hoy, el primer ministro libanés tenía previsto solicitar oficialmente la convocatoria de elecciones anticipadas. El sábado por la noche, Diab, acorralado por las masivas protestas en las calles de un destruido Beirut, intentó calmar la ira de los manifestantes con el anuncio electoral.

“Creo que Diab anunciará la renuncia del Gobierno”, afirmó por su parte el ministro de Transporte, Michel Najjar, según medios locales.

Diab anunciará la dimisión después de que hoy renunciaran otros tres ministros: los de Justicia, Finanzas y Juventud, que se sumaron a los de Información y Medioambiente, que hicieron lo mismo el domingo.

Además de la gran cantidad de muertos y heridos, alrededor de 163 personas fallecieron y 6.000 han resultado heridas, la deflagración de cerca de 2.750 toneladas de nitrato de amonio ha dejado sin vivienda a alrededor de 300.000 habitantes de Beirut.

El suceso ha encendido la indignación de la población, que como ya ocurrió el pasado octubre ha salido a las calles para pedir la dimisión de las autoridades del país, en protestas que han sido violentas durante los últimos dos días y que han dejado al menos un policía muerto y cientos de heridos.

Sin embargo, ha lamentado que la clase política libanesa “se resista a través de todos los medios sucios para evitar un cambio”, antes de manifestar que “algunos no han interpretado adecuadamente la revolución del 17 de octubre”, en referencia al estallido de unas protestas que llevaron a la caída del Ejecutivo de Saad Hariri.

Lo cierto es que la población libanesa lleva protestando desde octubre contra la corrupción, la devaluación de la moneda y la falta de oportunidades en el país de los cedros. La muerte de más de más de 150 personas y 5.000 heridos, por lo que todo apunta a una negligencia de seis años, ha puesto fin a este Gobierno que ya nación con los días contados y sin apoyo popular.

La crisis desatada por la explosión en el puerto de Beirut es una catástrofe sin precedentes. Además de la pérdida de vidas, será necesaria una reconstrucción millonaria. El puerto, en el que se manejaba el 60% de las importaciones, el sustento de Líbano, ha quedado prácticamente destruido. Asimismo, 300.000 personas se han quedado sin hogar.

Los libaneses no quieren que Diab lidere al país en su reconstrucción. El incidente, atribuido a la explosión accidental de 2.750 toneladas de nitrato de amonio mal almacenado, ha reactivado las protestas en Beirut y las quejas contra el Gobierno, al que los manifestantes culpan de las sucesivas negligencias y la corrupción que ha afectado al país en estos últimos años.

En un primer momento, tras el Consejo de Ministros de hoy, el primer ministro libanés tenía previsto solicitar oficialmente la convocatoria de elecciones anticipadas. El sábado por la noche, Diab, acorralado por las masivas protestas en las calles de un destruido Beirut, intentó calmar la ira de los manifestantes con el anuncio electoral.

“Creo que Diab anunciará la renuncia del Gobierno”, afirmó por su parte el ministro de Transporte, Michel Najjar, según medios locales.

Diab anunciará la dimisión después de que hoy renunciaran otros tres ministros: los deJusticia, Finanzas y Juventud, que se sumaron a los de Información y Medioambiente, que hicieron lo mismo el domingo.

Además de la gran cantidad de muertos y heridos, alrededor de 163 personas fallecieron y 6.000 han resultado heridas, la deflagración de cerca de 2.750 toneladas de nitrato de amonio ha dejado sin vivienda a alrededor de 300.000 habitantes de Beirut.

El suceso ha encendido la indignación de la población, que como ya ocurrió el pasado octubre ha salido a las calles para pedir la dimisión de las autoridades del país, en protestas que han sido violentas durante los últimos dos días y que han dejado al menos un policía muerto y cientos de heridos.

 

LA RAZON DE ESPAÑA

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