Con más del 90% escrutado, los republicanos lideran las carreras senatoriales que marcarán la era Biden, pero aún faltan los votos de territorios clave para los demócratas

El conteo de votos de las cruciales elecciones al Senado en Georgia, que decidirá la mayoría de la Cámara alta, y por tanto, marcarán la nueva Administración de Joe Biden, es cada vez más ajustado a medida que avanza la noche del martes. Si ganan los dos candidatos demócratas, el Senado quedará formado por 50 republicanos y 50 demócratas (dos de ellos, independientes), pero la próxima vicepresidenta, Kamala Harris, ejercerá el voto decisivo en los casos de empate. En cambio, los republicanos solo necesitan ganar uno de los dos escaños en juego para mantener el control del Senado, del que gozan desde hace seis años, y que obligará a Biden lograr pactos con la oposición para avanzar su agenda política.

Con más del 90% de los votos escrutados, los republicanos sacan entre uno y dos puntos de ventaja a sus contrincantes demócratas. Las ajustadas carreras -motivo por el cual el desenlace se prolonga- las protagonizan el reverendo Raphael Warnock, demócrata, quien se enfrenta a la senadora designada Kelly Loeffler, republicana. El segundo escaño en juego lo disputan el realizador de documentales Jon Ossoff, demócrata, y el que hasta el domingo era senador por Georgia, David Perdue. En noviembre ninguno de los cuatro candidatos logró en las dos carreras superar el 50% necesario para hacerse con un escaño.

Aún falta que se conozcan los votos en territorios claves para los candidatos demócratas, por lo que el escenario podría cambiar y terminar siendo favorable para ellos. Las autoridades electorales creen que habrá muchas variaciones sobre quiénes lideren los resultados a lo largo de la noche. “Parece que están armando un gran “vertedero de votantes” contra los candidatos republicanos. ¿Están esperando ver cuántos votos necesitan?”, escribió el presidente saliente Donald Trump en su cuenta de Twitter, insinuando sin pruebas que los demócratas quieren manipular los comicios.

La elección se ha celebrado en un clima de alta tensión, tras una campaña marcada por la ofensiva de Trump, para anular el resultado de las presidenciales agitando acusaciones infundadas de fraude masivo, que suponen cuestionar el conjunto del sistema. Georgia se encontraba en el ojo del huracán tras haber elegido a Biden, convirtiéndose así en el único oasis azul en el llamado “cinturón bíblico” del sur, en un escrutinio ajustado que Trump ha tratado de desacreditar sin éxito.

Antes de que abrieran los colegios electorales este martes, ya habían votado de manera anticipada o por correo más de tres millones de georgianos (del alrededor de 7,7 millones registrados). Una cifra sin precedentes en una segunda vuelta para asignar escaños en el Senado. Los votos anticipados, que suelen favorecer a los demócratas, han sido los primeros escrutados. Por eso, a medida de que se han ido contando las papeletas de este martes, la ventaja de los demócratas fueron desapareciendo.

En las presidenciales de noviembre, cinco millones ejercieron su derecho a voto, siendo la movilización de la comunidad afroamericana y de los jóvenes la clave para el ajustado triunfo de Biden, que logró derrotar a Trump en el feudo conservador por menos de 12.000 votos. Georgia no votaba por un presidente demócrata desde hace 28 años. Tampoco ha elegido a un senador de dicho partido desde 1994. La esperanza demócrata está puesta en Atlanta y los suburbios, el núcleo progresista del Estado, que en la última década se ha extendido a gran velocidad, poniendo en jaque la hegemonía republicana, asentada en la zona rural.

Este miércoles está fijada la certificación de Biden como vencedor de las elecciones presidenciales en una sesión bicameral en el Capitolio y un grupo de senadores y congresistas republicanos planea torpedear presentando objeciones, aunque carecen de votos para que la protesta se traduzca en algún contratiempo en la certificación de Biden como presidente, una formalidad previa a su toma de posesión, el 20 de enero.

Una de las dudas que quedará despejada cuando se conozcan los resultados de Georgia es cuánto pesó -y si para bien o para mal- la retórica del presidente saliente sobre la fiabilidad del sistema electoral. Trump lleva dos meses acusando sin pruebas que hubo fraude en los comicios del pasado noviembre y, a su vez, invitando a sus bases a salir y votar por los dos candidatos republicanos que buscan mantenerse en el Senado. Según las encuestas a boca de urna de la segunda vuelta realizadas por The Washington Post, casi nueve de cada 10 demócratas de Georgia sostuvieron que las elecciones de noviembre se produjeron de manera justa, mientras que solo dos de cada 10 republicanos afirmaron lo mismo.

El último escándalo relacionado con la inédita cruzada de Trump fue la llamada telefónica publicada el pasado domingo en la que el mandatario presionó al secretario de Estado de Georgia, el republicano Brad Raffensperger, para que “encontrase” los votos suficientes que permitieran revertir la victoria de Biden. Los votantes demócratas fuera de los colegios electorales se mostraban hartos de las polémicas del presidente saliente y con las esperanzas puestas en el triunfo de sus candidatos a senadores para comenzar a escribir un nuevo capítulo en la historia política. Jerald Hogan, de 46 años, estaba confiado en el vuelco del Estado conservador: “Por primera vez en mi vida creo que las cosas van a cambiar”.

EL PAIS DE ESPAÑA

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