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El leonático

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Una historia de “magos” alrededor de segunda

Para no pocos aficionados del beisbol, el momento más destacado del pasado Juego de Las Estrellas lo protagonizó el excaraquista Andrés Giménez quien en el mismo primer inning maravilló a los 52.518 aficionados que plenaron el Dodger Stadium.

Entonces el segunda base larense de los Guardians de Cleveland tomó un difícil rodado de Manny Machado, que amenazaba con dirigirse al centerfield, y por detrás de la espalda le pasó la pelota al campocorto Tim Anderson para poner out en segunda a Mookie Betts. Posteriormente Anderson no tuvo problemas para sacar en primera a Machado, completando un dobleplay de feria que fue repetido hasta la saciedad.

Espectáculo puro, eso es lo que quería la afición y Giménez se lo dio, para de esta manera quedar todos satisfechos. La jugada pagó la entrada, como se dice coloquialmente y el responsable fue Giménez, digno sucesor de los infielders criollos que brillaron con luz propia en el Big Show, tal es el caso del pionero Alfonso “Chico” Carrasquel, Luis Aparicio, David Concepción y Omar Vizquel, por mencionar a solo cuatro de estos portentos del guante.

¿Pero sabían leonáticos que jugadas de esta naturaleza la hacían prácticamente todos los días una combinación de peloteros criollos que literalmente hacían vibrar las tribunas de las sucursales de los Rojos de Cincinnati?

En efecto, el caraquista Teodoro Obregón y el magallanero Gustavo Gil hacían malabares alrededor de la segunda base de los equipos Peaches de Macon y Padres de San Diego, teams de clasificación AA y AAA de los Rojos, a principio de los años sesenta.

Pases como los que hizo Andrés Giménez, además de lanzamientos entre las piernas, asistencias con el guante –sin tocar la pelota con las manos- y pare usted de contar, hacía la dupla Obregón-Gil, para maravillar a los asistentes a los estadios.

Por supuesto que esta circense actuación se hizo pública y en este sentido los graderíos se llenaban a capacidad para ver a los “magos” venezolanos.

Teodoro relataba años después que el público se volvía prácticamente loco con las jugadas que hacía con Gustavo Gil. “Los rollings más insignificantes los transformábamos en tremendas jugadas y los dobleplays los hacíamos pasándonos la pelota por detrás”.

Hasta que un día el manager Dave Bristol los llamó a su oficina y palabras más, palabras menos les increpó: “Este es un deporte serio, déjense de esas vainas y jueguen a la pelota”.

Hasta allí llegó el circo y poco a poco los aficionados fueron retirándose de las tribunas, hasta que los juegos prácticamente se hicieron sin público.

“Pero nos divertimos mientras duró”, dijo Teodoro Obregón con una sonrisa, recordando aquellos momentos en los que al lado de Gustavo Gil, brindaron un espectáculo más allá del juego de pelota duro y frío. ¡Caraquistas Forever!   EL UNIVERSAL

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