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El límite del barranco, por Simón García

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Los fanatismos nos pierden al punto de hacernos creer que quien está al borde del despeñadero es nuestro adversario. La niebla ideológica, que a menudo segregan causas rivales, nos impide ver que compartimos el farallón que unos y otros cavamos: el gobierno con su retroexcavadora y la oposición con sus palas de mangos flojos. El límite del precipicio puede percibirse solo cuando descubrimos que nos estamos quedando sin país.

La polarización es el instrumento del más fuerte para imponerse, una mina que el poder nos pone en el camino. Su intensificación emocional implica una manipulación desfavorable para el polo más débil. Nos conviene despolarizar y desbloquear audiencias.

La hegemonía de la política reducida a calcular el cambio como un derrocamiento de Maduro mediante un golpe o una invasión llegó a su final. Los enviados del norte le han dado un portazo a esta fantasía que EEUU alentó. Ahora toca rectificar internamente, antes que el Departamento de Estado decida disparar la bala que guarda en la recámara. Nos conviene el apoyo de los factores geopolíticos sin depender exclusivamente de ellos.

La coalición partidista que compró la golosina abstencionista se disolvió sin explicación. El retorno de la población al voto se afirma como producto de una batalla de las instituciones con más prestigio, de los independientes y organizaciones de la sociedad civil. Nos conviene superar el lado débil de ese retorno sumando claramente la fuerza de todos los partidos.

Es hora de una gran coalición de los ciudadanos basada en el desarrollo de una nueva política transicional de los partidos, que favorezca la reconexión con sus bases sociales y salidas a sus crisis de representatividad. Las ilusiones de dejar a un lado a los partidos es otra calle ciega. Nos conviene complementar fortalecimientos partidistas con una sociedad civil consciente, organizada y concertada con autonomía con los partidos.

Estamos de nuevo ante la exigencia de intentar la cohesión opositora en torno a consensos de sentido común: no prometer avances por la vía rápida, construir nuevas condiciones como obra de todos y aceptar que no hay política sin gente. Nos conviene unirnos para rescatar la democracia antes de perderla con la transición del autoritarismo al totalitarismo.

Las últimas décadas muestran una involución de los partidos de masa, a los de vanguardias, de estos a los de élites y finalmente al partido siervo, subordinado a un líder único que maneja la organización como su propiedad. A nadie le conviene esta rendición de los partidos al autoritarismo que se disemina en la sociedad.

¿Cual es el principal atributo constitutivo de la oposición? Tenemos que elaborar respuestas. Nos conviene un acuerdo para trabajar por una transición del autoritarismo a la democracia, aunque haya concepciones y modos diferentes en su materialización.

Ese criterio ayudaría a allanar la paradoja de partidos sin estrategia democrática y electoral con mayor respaldo de la población, mientras que partidos que optaron tempranamente por la vía democrática siguen sin ser mayoría. Las evidencias de que no encajaron con el estado de ánimo de un país que, indignado y frustrado, rechaza las políticas del régimen, no son suficientes para explicar fallas de comunicación y ejecución. Nos conviene entendimientos sin cooptación.

Renovar pasa por hacer política de forma diferente y abrir procesos de relevo. Pero los cambios no pueden abordarse como depuración sino como agregación de pluralidad temática y de intereses No estamos en condiciones de prescindir de liderazgos necesarios en el rompecabezas opositor. Guillotina no es renovación ni en los partidos ni en el país.

Simón García es analista político. Cofundador del MAS.

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