El coronel retirado Bah Ndaw, conocido por su integridad, asegura una política de “impunidad cero” frente a la corrupción en su toma de posesión en Bamako

JOSÉ NARANJO

FOTO…Bah Ndaw, a la derecha, junto a Assimi Goïta durante la toma de posesión de ambos como presidente y vicepresidente de Malí, este viernes en Bamako.MICHELE CATTANI / AFP

El coronel retirado Bah Ndaw se ha convertido este viernes, a sus 70 años, en el noveno presidente de Malí. Durante su investidura, celebrada en el Centro Internacional de Conferencias de Bamako, ha dejado claro que uno de sus primeros objetivos será seguir combatiendo la amenaza yihadista. “La transición que comienza hoy no pondrá en cuestión ninguno de los compromisos internacionales de Malí ni los acuerdos firmados por el Gobierno. Mantendremos una guerra sin cuartel contra las fuerzas terroristas y el crimen organizado”, ha asegurado. Asimismo, se ha comprometido a mantener los plazos previstos de la transición, 18 meses, para después devolver el poder a los representantes del pueblo tras las correspondientes elecciones, a mantener una política de “impunidad cero” frente a la corrupción y a dotar mejor a las Fuerzas Armadas.

La junta castrense que protagonizó un golpe de Estado el pasado 18 de agosto había mostrado sus preferencias por un militar para dirigir la transición. Por su parte, la Comisión Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) había fijado que fuera un civil, a cambio de retirar las sanciones impuestas al país y a los propios golpistas. Al final, los coroneles en el poder tomaron por el camino del medio. Bah Ndaw es técnicamente un civil, pero ha estado vinculado al Ejército toda su vida activa.

Con esta jugada, que se ve reforzada por el nombramiento del coronel Assimi Goïta como vicepresidente, quien también fue investido este viernes, los uniformados se aseguran mantener el control político del país y, al mismo tiempo, cumplen lo pactado con los organismos internacionales. “La paradoja es que los malienses que habían luchado por el cambio, la democracia, la renovación y la ruptura en las calles se encuentran ahora con una personalidad a la cabeza de la transición que ha estado en todos los regímenes anteriores, incluso el del depuesto presidente Ibrahim Boubacar Keita (IBK)”, asegura Bakary Sambe, investigador y director del Instituto Timbuktu.

Aunque la Cedeao no ha dado su visto bueno oficial al nombramiento de Ndaw y Goïta, el mediador de este organismo regional, el expresidente nigeriano Goodluck Jonathan, se reunió este jueves con ambos y mostró su satisfacción en su cuenta de Twitter sobre el desarrollo de los acontecimientos. “Somos optimistas respecto a que la ceremonia de toma de posesión marcará el comienzo del regreso a la normalidad en Malí”, dijo Jonathan. Está previsto que el nuevo presidente nombre un primer ministro civil el próximo lunes, siguiendo las recomendaciones de la Cedeao.

Pero, ¿quién es realmente Bah Ndaw? Riguroso, firme en sus postulados, leal a sus principios. Estos son los calificativos que más se repiten en Malí estos días cuando se pregunta por el nuevo presidente del país, apodado El grande por su elevada estatura. Desde la atalaya de sus 1,95 metros, siguió en silencio el golpe de Estado y las posteriores negociaciones que le han llevado, finalmente, a dar un paso que nunca imaginó. Nacido en San, región de Ségou, en 1950, el joven y espigado soldado Ndaw ya apuntaba maneras cuando fue seleccionado para recibir formación militar en Francia y la antigua Unión Soviética, donde se perfeccionó como piloto de helicópteros.

De vuelta a casa y tras ascender en el escalafón fue ayudante de campo del dictador Moussa Traoré. Sin embargo, en 1990 comenzó a labrarse su leyenda de integridad: dimitió de su cargo como señal de protesta por la creciente influencia de la esposa del general en los asuntos de Estado. Bajo el mando del presidente Amadou Toumani Touré ocupó el cargo de jefe de Estado de Mayor del Ejército del Aire y, posteriormente, pasó a dirigir la Oficina de Antiguos Combatientes. En 2014, cuando ya estaba retirado de la carrera militar y tras la humillante derrota del Ejército en Kidal ante grupos rebeldes, el entonces presidente Keita le nombró ministro de Defensa. Pero su malestar con la integración de independentistas tuaregs en las Fuerzas Armadas le lleva a dejar el cargo meses más tarde.

Cinco años después, Ndaw se ve aupado a una posición de privilegio. Sin embargo, los desafíos son enormes. Las primeras fisuras entre la junta militar golpista y el movimiento ciudadano que puso contra las cuerdas al Gobierno de IBK son ya más que evidentes. “Será una transición muy movida”, vaticina Sambe, “las fuerzas especiales, que son quienes deben estar sobre el terreno luchando contra los yihadistas, están ahora en Bamako negociando cuestiones políticas”. A su juicio, los militares han secuestrado el cambio que estaba en curso en Malí. Y ahora cuentan con el aval de la comunidad internacional.

EL PAIS DE ESPAÑA

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