Esta frase golpea mucho, más si es dicha en un país en el que la gente se está, literalmente, muriendo de hambre. No se me ocurre ninguna manera humorística de salirle al paso. La verdad es que la afirmación no nos aporta nada que ya no supiéramos acerca de una práctica que desde hace largo tiempo se viene implementando en el país. Lo sabemos los que no somos víctimas de presiones políticas a cambio de comida, pero lo saben con dramática claridad aquellos que, si no votan, ponen en peligro la alimentación de su familia y a los que se exige cotidianamente compromisos políticos a cambio de recibir comida subsidiada, vivienda, educación y otros servicios esenciales.

La política venezolana ha descendido a unas cotas de crueldad que resultaban inimaginables, incluso para quienes abrigábamos las más pesimistas expectativas en el lejano año de 1998. Menester es reconocer que a diferencia de otros regímenes que con pudor se ocultan sus manejos autoritarios detrás de manipulaciones ideológicas, el de Venezuela, además de contar con esta herramienta, en algunas oportunidades prefiere tomar atajos y proclamar públicamente sus amenazas por si a alguien no le ha quedado suficientemente claro.

Al régimen le interesa que se conozca con «tramparencia» lo que le puede suceder a quien ose desafiarle, porque el miedo es su fuerza, realmente su única fuerza: el miedo a ser torturado o asesinado, el miedo a ser encarcelado por lo que se dice o piensa y uno de los miedos más ancestrales del ser humano: el miedo a no conseguir comida, que conduce a la desesperación.

Algunas frases al azar le vienen a uno a la memoria sobre estas verdades que se han proclamado sin pudor sin escrúpulo alguno: “No importa que andemos desnudos, no importa que no tengamos para comer, aquí se trata de salvar la revolución”; “no vamos a sacar a la gente de la pobreza y llevarla a la clase media para que sean escuálidos”; “vinimos a vengarnos”; “Pdvsa es roja rojita”; “treinta años pido yo para esa jueza”. Se podrían llenar volúmenes de frases de este estilo y muchas otras de peor calaña. Todas ellas constituyen confesión de parte de las tropelías que estaban dispuestos a cometer y cometieron: empobrecimiento deliberado y calculado de la población, sometimiento del poder judicial, destrucción de la principal empresa petrolera del país convirtiéndola en sucursal del partido gobernante, etc. Del chavismo se podrán decir muchas cosas, pero nunca que no anunció sus verdaderos planes.

 

 

Uno no tiene corazón para decirle a la gente que ha sido amenazada con su extinción que mantenga su dignidad cívica y se muera de hambre. Si te ponen a negociar entre salvarle la vida a tu hijo y ceder en tus convicciones políticas, te la están poniendo bastante difícil. Estas elecciones parlamentarias que se avecinan han sido descalificadas como libres y democráticas por la mayoría de los países con regímenes políticos plurales y respetuosos de los valores de la democracia. Aquellos que las avalan son países sin elecciones libres, con dictaduras consolidadas.

Pero aquellos que no padecen el dramático dilema y llaman a votar desde la oposición y la “oposición”, simplemente les formulo la sencilla interrogante que el profesor Ángel Álvarez, desde su Twitter, les envía en este complejo momento: “A los candidatos de oposición a las elecciones de la AN, preguntas sinceras: supongan que ganan la mayoría (como en 2015 o más) ¿qué les hace pensar que podrán ejercer sus cargos, aprobar leyes y propiciar algún cambio? ¿Por qué ustedes sí y los anteriores no?”. 

TAL CUAL

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