Sin comprensión del país la política es impertinente. Tiene que hablar el lenguaje de las propuestas para salir de las crisis y conflictos que golpean a los venezolanos, sin distinción de identidades particulares.

Los errores de Maduro y los vicios de su modelo comunista multiplican los sufrimientos de la gente, incuban nuevas calamidades. La epidemia aplana al gobierno con un saldo de dolor oculto. Hay hambre y desesperación esperando por una política que las exprese.

El informe de la ONU describe la pavorosa indefensión de los opositores y de los sectores populares azotados por razias que configuran una violación sistemática de derechos. Desnuda la miseria represiva del régimen.

La imposición del hambre, del quiebre de los servicios y la represión no coincide con los intereses originales del proyecto chavista. Allí se revuelve un descontento represado. Los seguidores honestos sienten la bofetada de los que flotan en privilegios. Se está regando una fisura.

El ahogo gubernamental lo induce a apelar a un entendimiento con la oposición y hay un sector que lo procura, así sea con el objeto de aflojar algunas sanciones. El mismo Presidente ha dado señales de abrir puertas a una negociación adelantando medidas parciales como la excarcelación de más de un centenar de presos políticos o la invitación a la ONU y UE a realizar una observación independiente. Procesos en curso y bajo exigencias formuladas por Capriles.

La oposición no invadida por la cultura autoritaria, que existe aún en distintas parcelas opositoras, exige unidad. No se alcanzará sin superar las diferencias estratégicas y tácticas sobre cómo lograr objetivos que todos comparten. El nudo en torno a la vía, formas de lucha, alianzas y tipo de enfrentamiento al régimen, parece frigio.

Los hechos apuntan a buscar acuerdos parciales sobre el combate a la pandemia o planes humanitarios para hacer retroceder la masificación del hambre, como cemento de confianza para un acuerdo nacional de gobernabilidad para salvar a Venezuela. Punto crucial de este entendimiento es voto libre con resultados inalterables.

Algunas acciones deben ser promovidas por todos, entre ellas:

  1. Crear un modus vivendi entre la oposición mientras la gente decide cual estrategia respalda. Diálogo sin agresiones. Apaciguar las brigadas de choque de cada bando y lograr que reconduzcan el blanco.
  2. Dedicarse a fortalecer el tejido social y los movimientos cívicos no partidistas.
  3. En un contexto de vida al borde de la sobrevivencia la prioridad de la política es la gente.
  4. Rehacer una estrategia pacífica, democrática, constitucional y electoral para organizar intereses, movilizar demandas, ampliar espacios democráticos y acumular fortalezas en las fuerza de cambio.

Capriles arriesgó un paso en esa dirección. Propone trascender los esquemas que no han dado resultado. Tras unos éxitos iniciales anuncia participar en el proceso electoral con objetivos no electorales, presencia autónoma y lucha por mejores condiciones electorales. Su participación pone en marcha una estrategia de reemplazo a la que ya se agotó. No puede ejecutar un juego lineal, sino entrar y salir según convenga al propósito de salvar un país cuya destrucción tiene que cesar. El zigzag no es vacilación.

Desafío difícil. Demostrarle al país que la denuncia y el combate al régimen desde adentro, produce más cambios internos que el poder dual y las rezagadas griterías surrealistas.

TAL CUAL

 

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