En 2018 más de 6 mil personas quedaron afectadas por la crecida del río. Muchos tuvieron que mudarse a refugios o a la casa de algunos familiares al quedar inhabitables sus viviendas.

Con la época de lluvia vecinos de zonas cercanas al río Caroní temen quedar inundados como en 2018, cuando alrededor de 1.654 familias perdieron enseres y algunos sus viviendas por el mal manejo del embalse de la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar (Guri).


De las 1.654 familias que se vieron afectadas por la crecida del río en Bolívar para el 2018, alrededor de unas 600 vivían en Ciudad Guayana | Foto William Urdaneta | Archivo

“El río ha crecido una barbaridad estos días”, manifestó Valeria Vásquez, habitante de El Cerrito, en Castillito. En las últimas dos semanas, tras la apertura de compuertas de Macagua el 1 de agosto, el agua se ha acercado más a la comunidad y ahora se mantiene a unos 50 metros de su vivienda.

En 2018 sus cuartos se inundaron a casi a un metro de altura, y en 2019 el agua llegó a las cercanías de su casa. En ese entonces, Vásquez perdió su nevera y ellos mismos tuvieron que cuidar de sus electrodomésticos ya que ningún órgano del municipio llegó para ayudarlos.

“Esa gente no está pendiente de lo que pasa aquí”, comentó en referencia a los funcionarios del Estado. De acuerdo con Vásquez, no solo es preocupante la pérdida de electrodomésticos, sino la aparición de culebras, alacranes y sapos que pueden poner en riesgo a los niños como su hijo, de tan solo tres años.

Por eso exige a los organismos de protección que se active un protocolo de atención y prevención ante la crecida del río y la apertura de las compuertas de Macagua.

Expertos y autoridades

El pasado 1 de agosto inició el proceso de alivio en los embalses Guri, Macagua, Tocoma y Caruachi, informó el secretario general de Gobierno, Edgar Delgado Merentes y Dimas González, coordinador de Corpoelec en el estado, mediante una nota de prensa.

De acuerdo a la información publicada por la Gobernación de Bolívar, los embalses tienen índices importantes que garantizarían para enero las operaciones de llegar una época fuerte de verano. Sin embargo, no explica cuál es el plan de contingencia previsto para las consecuencias de la crecida del río.

Según las estimaciones del experto y consultor eléctrico, José Aguilar, el embalse de Guri para finales de julio estaba casi 90% lleno debido a que la demanda eléctrica en el país es sumamente baja. Por lo que la apertura de los aliviaderos es una medida coherente según los niveles de la cota de capacidad, sin embargo instó a analizar los modelos predictivos para descargar agua de forma segura sin que esto afecte a las comunidades y así enfrentar el próximo periodo de sequía.

Temor por la crecida

“Todos los días vemos que ese río crece y crece”, comentó José Villarroel, vecino del sector José Gregorio Hernández, en Castillito. Funcionarios de Patrulleros de Caroní estuvieron viendo el río, pero no comunicaron nada a la comunidad.


Así estaba el río Caroní este lunes en Castillito. El 1 de agosto inició el proceso de alivio en los embalses Guri, Macagua, Tocoma y Caruachi | Foto cortesía

Señaló que en una escalera cercana al río, de los ocho escalones que tiene, ya se han tapado cuatro por el agua. Está preocupado porque vive con su abuela hipertensa y en 2018 les tocó trasladar sus equipos a la zona más alta de la casa.

Aunque fueron ayudados por Protección Civil hace dos años, el apoyo fue insuficiente y muy intermitente. Cuando sus casas quedaron cubiertas por el río solo fueron ayudados con una bolsa de comida y agua potable en dos ocasiones.

Ana Karina Gelvez tiene 28 años en Castillito y nunca había sufrido una inundación de su vivienda hasta 2018, año en que el río arropó su casa hasta un metro de altura. Hasta ahora desconoce las razones de por qué ella y otras 70 familias de su sector se vieron afectados.

En estos últimos días le ha tocado volver a ver una crecida preocupante. “Está a punto de salir a la calle”, alertó. Teme de una crecida como la de 2018 dado que su madre está enferma con neumonía y en su casa viven cinco niños con edades desde dos meses hasta los 11 años de edad.

Señaló que funcionarios del municipio poco atienden sus necesidades de manera efectiva, dado que la vez que se inundó su casa solo marcaron las paredes a la altura que había llegado el agua y dejaron un teléfono de contacto. “Es como uno hablar solo”, dijo.

Problema de vieja data

Para 2018, cuando las inundaciones también afectaron a varias comunidades del estado, habían pasado más de 20 años desde que se crearon planes de planificación urbanística para los sectores vulnerables por su cercanía con el río y cuyas viviendas no cumplen con la debida zonificación.

En ese momento los planes seguían sin ser utilizados por autoridades de Caroní. El urbanista Simón Yegres, en aquel entonces, señalaba que, -además de aliviar de forma correcta los embalses- de haberse cumplido esos planes no hubieran quedado personas con casas inundadas ni en albergues.

JOSE RIVAS

CORREO DEL CARONI

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