El psicoanalista Georg Ludwig von Trapp describió lo que denominó Síndrome del Titanic en los siguientes términos: Es una perturbación del estado de ánimo que se manifiesta en individuos que cobran consciencia sobre la inminencia e irreversibilidad de un evento catastrófico. Mientras realizaba sus análisis, el terapeuta vienés tenía en mente a los pasajeros del famoso transatlántico que veían frente a sí, cada vez más cerca, la mole de hielo con la que fatalmente colisionarían.

Sin llegar a extremos patológicos, desde hace varias semanas estoy padeciendo algunas perturbaciones en mi estado de ánimo que guardan parecido con las descritas por von Trapp. Y es que el empeño contumaz en mantener el derrotero insurreccional (cese de la usurpación como prerrequisito, no como objetivo) a lo largo de este año, está llevando a la oposición democrática a los previsibles descalabros en la elección del 6, en la consulta del 12 e, inevitablemente, al naufragio del próximo 5 de enero.

Ya no hay nada que hacer en lo que resta de año. Votar o no votar, participar o no en la consulta, da igual: a estas alturas —y desde hace bastante tiempo—  ya la suerte está echada. Nada de lo que individualmente hagamos o dejemos de hacer cambiará para nada el desolador escenario. En enero, mientras se debata sobre responsabilidades, culpas y defenestraciones, nos tocará la tarea de rescatar las cosas útiles que continúen a flote y las que recalen sanas en la playa.

Es, tristemente, muy probable que las discusiones sobre la continuidad de la Asamblea de 2015, la rotación en su presidencia, la redefinición de las funciones de la presidencia interina, la posibilidad del gobierno en el exilio, más la evacuación de rencores y cuentas pendientes; consuma mucha de la menguada energía de la dirigencia nacional. Ponerse de acuerdo tomará su tiempo y dejará no pocas heridas.

 

nuestra voluntad de cambio para tener un mejor país, quienes hacemos política regional y local tenemos que alistarnos, apenas comience el año, para ir a las elecciones previstas para el 2021. Nos corresponderá luchar para que, efectivamente, tengan lugar, para que tengan por lo menos un mínimo de decencia y para ganarlas.

Estaremos solos la primera parte del año. La dirigencia nacional estará ocupada en los asuntos arriba descritos. Biden, por su parte, tendrá la atención enfocada en el regreso al multilateralismo y en la redefinición de las relaciones con China y Rusia; también tendrá que recoger los vidrios rotos que dejó el elefante “amameyado” en la cristalería institucional y en el soul of America. No habrá tiempo para nosotros.

Esperemos que para la segunda fase de nuestro cronograma electoral se haya logrado el consenso nacional para el regreso a la ruta constitucional, democrática y electoral. Esperemos también que los “más de sesenta países” olviden la ridiculez de las opciones que están “debajo de la mesa” y presionen por la única alternativa realista y eficiente: una negociación seria que desemboque en la elección justa de un nuevo presidente.

P.S. No existe un psicoanalista von Trapp. Pero sí existió un marino de guerra y cantante de ese nombre.

Manuel Narváez es Economista, especialista en Planificación Estratégica Situacional. Exalcalde del municipio Arismendi (La Asunción), Nueva Esparta.

TAL CUAL

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