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El sueño cumplido por una camiseta de Torres

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El mauritano Ousmani Traore llegó a España con 14 años buscando emular a su ídolo futbolístico. Gracias a su inspiración terminó convirtiéndose en campeón nacional de muay thai

ROGER SABATÉS DANIEL DOMÍNGUEZ

A una de esas casas de paja y madera que abundaban en Feréni, un pueblo perdido al sur de Mauritania, llegó a mediados de los dosmil una camiseta del Atlético de Madrid. Desde la capital del país, Nuakchot, a través de carreteras salpicadas por la arena del desierto, Suleiman Traore se la llevó a Ousmani, uno de sus cinco hermanos pequeños. El chaval no llenaba la elástica rojiblanca, que le iba grande, pero con el nombre de Torres y el nueve a la espalda se sentía especial. Empezó a soñar con otra vida. Quería emular, con su físico espigado y fibroso, a un delantero que le obsesionaba. Por él recorría 10 kilómetros bajo un calor que solía llegar a los 40 grados, hasta el pueblo más cercano, para ver los partidos de LaLiga Santander en televisión. Por él, más tarde, se le ocurrió la idea que cambiaría su destino: emprender un camino de más de 3.000 kilómetros para alcanzar la tierra de su ídolo. Sin decir nada a su familia, con solo 14 años, se subió a coches de extraños, desempeñó varios trabajos y se lanzó finalmente a una travesía por mar que duró tres días y tres noches. Ocho meses después, en agosto de 2008, llegó a un país donde se acabaría convirtiendo en un campeón, como Torres. Aunque no en el fútbol, sino en el muay thai, una de las disciplinas más duras de los deportes de contacto.

Después de desembarcar en las islas Canarias, Traore encontró su primer hogar en Ponferrada (León). Allí seguía manteniendo intactas sus esperanzas de ser futbolista. Su prioridad, aun cuando no manejaba más que unas pocas palabras en castellano, era meter goles. Pero en el equipo de barrio donde se apuntó le vieron otras potencialidades a ese imponente físico que acabaría alzándose por encima del metro noventa. “Me ponían de central, hasta que un entrenador me dijo: ‘Tienes que probar en el muay thai o el kickboxing”, recuerda. En el gimnasio encontró un modo de vida: empezó a trabajar de instructor a la vez que se entrenaba con dedicación obsesiva, día sí, día también, sobre el ring. Casi diez años después de cambiar de vocación, y tras alzarse varias veces campeón en torneos regionales amateurs, en 2019 logró el cinturón de campeón nacional de muay thai, una modalidad que permite golpear al adversario con manos y brazos, piernas y pies, rodillas y codos. Su próximo reto, para el que lleva preparándose los últimos meses, es dar el salto al boxeo tradicional con su primera pelea en octubre.

En esa década de camino hacia el éxito, el fútbol siguió teniendo una presencia importante. Su llegada a la ciudad coincidió con el despegue del club local, la SD Ponferradina, que en 2006 se estrenó en el fútbol profesional y ha jugado siete de las últimas 10 temporadas en LaLiga SmartBank. Al lado de esas horas de sacrificio y soledad, Traore encontró el calor de una comunidad en las gradas de El Toralín, donde era asiduo. También el fútbol fue lo que le unió a Diadie Sokona, otro compatriota que llegó a Ponferrada persiguiendo el sueño europeo y con el que compartió muchas tardes de sana rivalidad frente al televisor. “Él es del Real Madrid y a mí me gusta más el Atlético. Una vez fuimos juntos a Madrid y a mis amigos les hizo mucha gracia porque hicimos el tour del Santiago Bernabéu”, explica. La marcha de Sokona a Frankfurt (Alemania), donde trabaja como operario en una fábrica de coches, les obliga a llevar la amistad a distancia y a vivir a través de mensajes de WhatsApp partidos tan especiales como ElDerbi de Madrid que enfrentará a los dos equipos de la capital este fin de semana.

Por encima de todas esas relaciones, todos esos progresos y alegrías, seguía planeando la figura del Niño Torres. Traore siempre encontró una inspiración constante en su referente, especialmente en momentos de flaqueza en los que se consuela poniéndose en YouTube sus mejores jugadas y goles. “Ves el ejemplo de Torres” –que cambió Madrid por Liverpool, primero, y más tarde por Londres y Milán– “y te anima y te hace seguir adelante”, cuenta. Así ocurrió hace algo más de año y medio, cuando el gimnasio donde entrenaba, y que también le había dado trabajo como instructor, cerró por la pandemia. Se mudó a Arganda del Rey, al sur de Madrid, donde conocía a un entrenador de boxeo que le buscó empleo en una fábrica de cartón y aceptó seguir preparándole. Allí compagina su rigurosa dieta de entrenamientos de lunes a sábado con un trabajo de 40 horas a la semana. Ser campeón en los deportes de contacto jamás le reportó un beneficio económico. Si no tira la toalla, asegura, es por ese afán de verse reflejado en el espíritu luchador que caracteriza a Torres y al Atlético de Madrid. “Sigue luchando, si has llegado hasta aquí puedes llegar a ser como ellos”, se dice a sí mismo.

En 2019 se atrevió a escribir una carta a su ídolo en la que le contaba su historia, cómo había superado momentos difíciles gracias a él y cómo su ejemplo, y los valores colchoneros, le animaron a crear en 2018 una ONG para ayudar a sus antiguos vecinos. “Tus goles y tu forma de entender el deporte me inspiraron para ser quien soy hoy en día. Tanto que por el pueblo la gente me llamaba Torres. Como dice el lema del Atlético de Madrid: si se cree y se trabaja, se puede”, escribió.

Ousmani Traore volvió a pisar Mauritania por primera vez en 2015. El viaje le sirvió para constatar que nada había cambiado desde su marcha, siete años atrás. “Mi pueblo seguía sin escuela ni material escolar ni deportivo”, cuenta. Por ello, de vuelta a España decidió crear la ONG Bierzodemandana con la ayuda de dos amigos, Diego y Alejandro Vázquez, para ayudar a sus antiguos vecinos.

Con el respaldo de la Junta de Castilla y León y otras entidades locales alquilaron un local en Ponferrada. En apenas tres meses, asegura, lograron llenarlo de ropa, equipaciones deportivas y juguetes. También organizaron torneos benéficos de fútbol, exhibiciones de kickboxing y capoeira con los que, a 5 euros por entrada, reunieron 2.000 euros para poder enviar a Mauritania un contenedor con todo el material recaudado.

Traore, a la derecha de la imagen con un brazalete de capitán, consiguió hacer llegar el material a su pueblo natal en 2019 después de algunas trabas burocráticas. “Tenía esa ilusión, el pueblo lo disfrutó y los chavales no lo van a olvidar”. Su próximo sueño es recuadrar el dinero suficiente para construir allí una escuela deportiva para que los niños puedan seguir sus pasos.

Traore le entregó la carta a un fotógrafo que le retrató tras convertirse en campeón de muay thai y le dijo que quizá podría hacérsela llegar al exfutbolista. Sin embargo, el tiempo pasó y no supo jamás si Torres acabó leyendo sus palabras. Algo que no le ha hecho perder su pasión ni abandonar sus esperanzas. Ahora que vive a tan solo 20 minutos del Cívitas Metropolitano sueña con ver por primera vez al equipo del Cholo Simeone en el estadio. Pero sobre todo, con poder acercarse al hombre que primero le hizo creer que podía convertirse en un campeón. “Con solo darle un abrazo ya sería feliz”.

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