El alto tribunal rechaza una demanda impulsada desde Texas, con apoyo del presidente, para anular los votos de cuatro Estados, lo que deja casi muerta la cruzada del republicano contra su derrota

El Tribunal Supremo rechazó el viernes una demanda impulsada por el fiscal general de Texas para anular los resultados electorales de cuatro Estados clave en la derrota del presidente estadounidense, Donald Trump, —Georgia, Míchigan, Pensilvania y Wisconsin— y dejó prácticamente muerta la cruzada legal puesta en marcha por este para revertir los comicios agitando el fantasma de un fraude. La resolución se suma a la del pasado martes, que también rechazó un intento republicano en Pensilvania en la misma dirección, y deja claro que la más alta autoridad judicial del país, de mayoría conservadora, no participará en la insólita campaña del mandatario para intentar permanecer en la Casa Blanca.

Numerosos altos cargos y miembros del Partido Republicano sí se han convertido en compañeros de viaje en más de medio centenar de iniciativas judiciales; todas y cada una de ellas fracasadas. Esta última demanda de Texas ha resultado una de las más desconcertantes, impulsada por el fiscal general, Ken Paxton, directamente ante el Supremo con el fin de anular el escrutinio de otros cuatro territorios.

Además del apoyo del propio presidente, el intento de Texas contaba con el respaldo de un centenar de republicanos en el Congreso y más de una docena de fiscales de Estados del mismo color político. Paxton alegaba ante el alto tribunal que el demócrata Joe Biden había ganado gracias a “papeletas ilegales” en dichos territorios, un fraude propiciado, afirmaba, por una flexibilización de las normas de voto anticipado y por correo (que un gran número de Estados ha impulsado por la pandemia). Así, pedía que fueran las cámaras legislativas de esos Estados las que otorgasen el voto final.

Trump ha lanzado acusaciones infundadas de fraude a lo largo de toda la campaña, asegurando que el importante aumento del voto por correo era campo abonado para las irregularidades. En cuanto se intuyó perdedor, ya en la noche electoral, avanzó que llevaría los resultados a la justicia. Con el escrutinio definitivo, Biden es ganador claro de los comicios, con seis millones de votos de ventaja sobre Trump, y después de haber recuperado para los demócratas esos territorios que el republicano ha reclamado para sí en múltiples pleitos: Wisconsin, Pensilvania, Míchigan, Arizona y Georgia.

Sin embargo, ningún juez, independientemente de su color político, ni su propio Departamento de Justicia han hallado rastro de una tropelía en las urnas que tenga entidad para alterar ese resultado. Aún queda algún fleco legal pendiente, pero el Supremo ha dejado herida de muerte la batalla de Trump. El lunes, el Colegio Electoral dará los votos definitivos al demócrata. Los estadounidenses eligen a su presidente de modo indirecto: sus papeletas sirven para designar a unos compromisarios que son los que confirmarán la victoria de Biden. Este logró 306 de los 538 votos electorales en juego (hacen falta 270 para ganar), frente a los 232 de Trump. El 6 de enero, el Congreso debe contar esos votos; y el 20, Biden tomará posesión del cargo.

Pero Donald Trump no planea admitir la derrota. Sus seguidores más fieles tampoco. Para este sábado, han convocado de nuevo una manifestación en Washington con objeto de protestar contra ese supuesto fraude y pedir a su líder que no ceda y siga luchando por mantenerse en el poder.

EL PAIS DE ESPAÑA

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