En el mismo lugar donde nació, el régimen acaba de mandar al diantre —carantoñas y morisquetas incluidas— el diálogo que dijo quería entablar con Fedecámaras con la supuesta intención de poner, esta vez sí, las prioridades de la gente y la economía sobre la política.

Fue el mismo quiebrahuesos parlamentario, bueno para la trifulca y el atropello vociferante, integrante para más señas de la comisión que acudió a la sede de la cúpula empresarial, el encargado de arremeter contra la política del supuesto «diálogo, paz y reconciliación» que la AN «a la carta» anunció en el mes de enero.

El enojo es grande, tanto que el orador (es un decir) echó para atrás la película completita de dos décadas para afirmar que Fedecámaras «es la misma que parió el último dictador que se conoció en la república». ¿Maduro? No, «Pedro, el Breve», según dijo, olvidando que fue precisamente la falta de diálogo —la imposición a rajatablas por Chávez de más de 40 leyes que afectaban a la actividad privada y a toda la economía— lo que dio pie a las protestas en diciembre de 2001 y que desembocaron en los trágicos sucesos de abril del 2002. ¿Tenían o no razón los empresarios, los sindicalista y el pueblo que los acompañó?

Si insólito ha sido el estallido de furia, no menos insólita ha sido la causa señalada. Fedecámaras ha acudido a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para denunciar ante el organismo tripartido que en Venezuela se persigue a los patronos y se ha negado al diálogo.

¿Y es que acaso la verborrea de ocasión puede borrar dos décadas de persecución, de cerco legal, de expropiaciones y de los ataques más injuriosos, pero, sobre todo, de políticas erradas que han acabado, al menos, con dos tercios de las empresas privadas que había en Venezuela cuando Chávez llegó al poder?

Obsérvese, además, que la reacción de la AN bajo control chavista va en contrasentido de la declaración que hizo su jefe,  Jorge Rodríguez, a su salida de la reunión con Fedecámaras: «El pueblo está esperando que nos entendamos, que no tengamos miedo a expresar nuestras diferencias de tipo político, de tipo social, de tipo económico, de tipo cultural, de tipo religioso, de tipo étnico porque eso no le hace daño a nadie. Que nos reconozcamos como diferentes, pero aun desde la diferencia podamos acordar cosas por el bien de la gente y por el bien del país.

Habría que preguntarse por qué Fedecámaras tendría que guardar silencio ante la persecución a sus representados, que sobreviven agónicamente luego de años y años de arremetidas y de falsos intentos de diálogo. Menudas diferencia las denunciadas.

 

 

Tampoco ha sido diferente en el campo sindical, donde el intervencionismo del Estado en los asuntos internos de las organizaciones, el paralelismo ventajista, la complicidad de las inspectorías del trabajo,  la persecución y el encarcelamiento a destacados dirigentes obreros nos coloca en la misma franja brutal de Bielorrusia, Zimbabue o Myanmar.

La clase obrera ha sido prácticamente extinguida: no hay empleo, no hay salario, no hay libertad sindical.

Si para algo le interesa al régimen el espacio tripartido de la OIT, tras arrinconar a la CTV, es solo para negar obstinadamente las justificadas denuncias que han llevado a su seno los gremios de empleadores y trabajadores

La guinda de la sesión estuvo a cargo de un representante de la oposición «a la carta», un diputado que también participó en la reunión con Fedecámaras. El hombre, que ya se asomó como candidato a la Gobernación de Aragua, dijo que le «hirvió la sangre» al conocer la denuncia de Fedecámaras. Es noticia. Muchos creían que la tenía fría como la horchata, visto la gelidez con la que hace oposición y cómo se conformó con las condiciones electorales impuestas por Maduro.

Venezuela necesita diálogo, coincidencias, acuerdos y soluciones para una salida electoral. Una auténtica verdad.

El episodio vuelve a demostrar que la cúpula del régimen no concibe el diálogo sino en términos de la sumisión y la imposición al otro. Por eso usted nunca oirá salir de los labios de quienes hoy figuran en la AN como pretendidos representantes de la oposición términos como «dictadura», «crimen de lesa humanidad», «genocidio», «corrupción» o «tiranía».

Gregorio Salazar es Periodista. Exsecretario general del SNTP.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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