Son históricas las discusiones sobre ética, moral y política. De cómo unas determinan, o deberían, a las otras y a sus actores. El mexicano Rosendo Bolívar Meza ha escrito que «una diferencia sustancial entre moral y política se refiere a que la primera está en función de los principios y la segunda en función de los resultados», una consideración que luego de mucho andar recupera —sin necesariamente defenderla— aquella idea de que «el fin justifica los medios».

Asuntos que vienen a cuento cuando se observan decisiones tomadas por actores políticos venezolanos. Este 4 de marzo se hizo pública la reunión que sostuvieron los directivos de varios partidos políticos para acordar formas unitarias de participación electoral. Retratados y sonrientes quedaron Henri Falcón, José Brito, Bernabé Gutiérrez, Timoteo Zambrano y Felipe Mujica, entre otros participantes de aquel concilio.

Se trata de la concreción de lo que no se logró de cara al 6D: conformar un solo bloque político para enfrentar al hegemónico del chavismo, en ausencia de —o con ganas de sustituir a— aquel que representa Juan Guaidó, y que agrupa a los movimientos opositores «tradicionales», «mayoritarios», «institucionales», «reconocidos como tales», llámelos como mejor quiera.

La reunión de esos políticos y sus organizaciones contrasta con sus propias posiciones de 2020, cuando promulgaban que los cambios en el sistema electoral —que varios de esos actores promovieron y acordaron en la Mesa de Diálogo Nacional, para luego enviarlos como decisiones «precocidas» al Consejo Nacional Electoral (Rafael Simón Jiménez dixit)— buscaban garantizar mayor pluralidad, salir del esquema de bloques, superar la polarización, garantizar mayor representación de las minorías, constituir un escenario parlamentario que representara verdaderamente a una sociedad que no se define en blancos y negros —aunque estaban advertidos de que no sería así.

Ahora ellos se organizan en un solo bloque, para enfrentar a otro.

Partidos reunidos política nueva oposición

Más allá, está la cuestión de quiénes están en la foto. José Brito, por ejemplo, aún lleva sobre sí la carga de acusaciones por su presunto rol en una trama de corrupción para favorecer a Álex Saab; acusaciones de las que no ha respondido con certezas: sobre sus viajes a Bulgaria o Lichtenstein, entre otros destinos, ni de la fotografía que lo ubica en la Fiscalía de Colombia prodigando absoluciones para las empresas del señalado de ser un «testaferro» de Nicolás Maduro.

No olvidemos, además, que su partido Primero Venezuela (que se denuncia nació del robo de un partido y luego se apropió de colores e identidad de Primero Justicia) logró meter en el Parlamento a Luis Parra como diputado, gracias a cambios de postulaciones no informados al electorado y concretados luego del evento electoral, y que por lo tanto incumplieron lo establecido en las leyes.

En 2020, pocos querían retratarse con «los alacranes» de Brito y compañía, como han sido calificados. Se hicieron esfuerzos retóricos importantes para dejar claro que había una oposición «distinta», que no caía presa de «radicalismos», pero que tampoco se dejaba manchar por los escándalos. Ahora, en 2021, la historia es otra.

El partido de Henri Falcón había dicho, en voz de su secretario general, que no tenía problema en conversar con cualquier factor político «que no tenga sobre sí el peso de un señalamiento judicial o de un delito». Pero Brito lo tiene. Y allí se ven las sonrisas.

Timoteo Zambrano decía en 2020 que el 6D traería «una renovación absoluta del estamento político, surgirá una oposición diferente». ¿Es Primero Venezuela o José Brito «diferente»? ¿Diferente a qué?

Llegados a este punto solo vale preguntarse si en política vale todo, si estamos ante la presencia de una total aplicación de «el fin justifica los medios».

Y aún falta, porque a raíz de esta reunión, liderazgos regionales comenzaron a difundir que se había concretado una alianza de 19 partidos. Por ejemplo, Yadira Vera, secretaria general de Avanzada Progresista en Zulia, fue retuiteada por el secretario general nacional del partido cuando informó sobre la alianza que incluiría a Unión y Progreso. Pero la tolda que encabeza Mercedes Malavé negó a este periódico que formen parte de tales acuerdos, al menos por ahora. ¿Mentir forma parte de la «nueva política»?

 

Los políticos que decidieron retratarse coinciden en ocupar más tiempo adversando a sus antiguos aliados que contrastando posiciones con el PSUV, aunque es a este último al que pretenden derrotar juntos en lo electoral. Es la misma aspiración que se les ha hecho esquiva en casi un lustro desde que comenzaron a plantear rupturas dentro de la oposición en 2017.

Pero hasta ahora no despiertan fervor electoral. El 6D salieron vapuleados con resultados que, de repetirse en comicios de alcaldes y gobernadores —y aún con candidaturas únicas—, los dejarían sin ningún cargo.

Ahora, ¿cómo convencer a un electorado de que se es opción? No pretendemos dar lecciones. Solo buscamos referencias que sirvan para el debate y la reflexión.

En la serie The Politician, una sátira bien conducida, explican que la diferencia entre ética y moral es que una está determinada por la expectativa social —la idea del «deber ser»— y la otra por la manera en que cada quien decide conducirse frente a decisiones. A partir de allí se plantea el dilema de qué se está dispuesto a hacer para buscar ganar un cargo, de mantener coherencias, de respetar los principios.

El papa Francisco —importante para quien asume los dichos del pontífice como guías— ha dicho que un buen político es el que asume desde el principio la perspectiva del bien común y rechaza cualquier forma, por mínima que sea, de corrupción.

Amén.

TAL CUAL

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