La movilización en las redes sociales y en las calles de las ciudades nigerianas ha desencadenado la disolución del comando espacial antirrobo de la policía, marcada por la impunidad y la brutalidad

CARLOS BAJO ERRO

La revuelta contra la violencia policial se ha ido cocinando a fuego lento durante años en Nigeria. Finalmente, la presión ha hecho saltar por los aires la tapa, la resistencia se ha desbordado y las autoridades no han tenido más remedio que ceder, en parte, para evitar que les explotase en la cara. Con una velocidad insospechada las redes sociales han conducido la exigencia de la disolución de un comando especial de la policía, uno que debía combatir los robos pero estaba fuera de control. La contestación no se ha quedado en Twitter y cuando los responsables todavía intentaban apagar el incendio digital, las calles de las principales ciudades se han llenado de jóvenes reclamando una acción decidida contra la impunidad y la brutalidad policial. El mismo presidente, Muhammadu Buhari, se ha visto obligado a intervenir, pero el domingo las autoridades tuvieron que anunciar el desmantelamiento del Special Anti-Robbery Squad, el SARS. El movimiento de protesta, sin embargo, sigue reclamando medidas definitivas contra la corrupción en la policía.

El SARS se creó como una unidad especial para luchar contra robos, secuestros y delitos similares. Sin embargo, las amplias atribuciones y la libertad para actuar ha acabado concentrando en esta fuerza de excepción todos los fantasmas de la brutalidad policial: impunidad, descontrol y unas dosis de violencia y corrupción que han acabado prendiendo la mecha. En los últimos años, acciones atribuidas al SARS han desencadenado campañas de protesta, ya que se les imputan constantes robos, extorsiones y amenazas, controles en los que despojan a los ciudadanos de dinero en metálico, objetos de valor y hasta de sus vehículos, e incluso han sido acusados de asesinatos cometidos a modo de ejecuciones. Pero en cada episodio sin respuesta de las autoridades, la paciencia se ha ido agotando.

Hace cerca de tres años comenzó a aparecer en las redes sociales la etiqueta #EndSARS de manera intermitente. Hace un año, el dinámico sector tecnológico nigeriano lanzó la campaña #StopRobbingUs para denunciar el acoso al que le sometía el SARS. Con la excusa de la lucha contra los conocidos como YahooBoys, los soldados rasos del fraude electrónico, los miembros del comando antirrobo intervenían teléfonos móviles, ordenadores portátiles y todo tipo de material informático y extorsionaban a los emprendedores de la economía digital. En los últimos meses, los abusos policiales se ha aupado en las preocupaciones de los nigerianos que han visto cómo se imponían con extremada fuerza las medidas de lucha contra la Covid-19. Pero la chispa definitiva saltó el pasado 3 de octubre con un mensaje sobre el asesinato de un joven en la ciudad de Ughelli. Un usuario prácticamente desconocido aseguró que miembros del SARS habían asesinado a tiros a un joven para robarle su coche, con vídeos incluidos. Las autoridades intentaron desmentirlo, pero la bola de nieve había empezado a rodar. Las imágenes y los relatos circularon rápidamente.

 

En los días siguientes se fue construyendo la conversación con testimonios de otras víctimas del escuadrón especial o testigos de sus atropellos. Más vídeos (no todos convenientemente verificados) e imágenes ayudaron a apuntalar el interés del tema. Desde el principio, activistas y defensores de derechos con altos perfiles digitales se unieron a la reivindicación y consolidaron una denuncia firme que empezó a llamar la atención de las autoridades. A medida que pasaban los días, la reivindicación iban desbordando las redes y se preparaban actos de protesta en las calles.

Y a partir de ese momento los acontecimientos se precipitaron y la visibilidad de la reivindicación se disparó. En las primeras manifestaciones, aparecieron las celebridades, personajes populares que amplificaron el mensaje y atrajeron a más participantes. Personalidades como los músicos Falz o Runtown o el humorista Mr. Maccaroni, entre otras caras conocidas, estuvieron con los manifestantes.

El viernes 9 de octubre la movilización terminaba de despegar y alcanzaba niveles de visibilidad y de impacto poco habituales. A pesar de la diversidad de las etiquetas utilizadas en las redes sociales, #EndPoliceBrutality, #EndSARSBrutality, #EndSARSProtest o #ReformPoliceNG, la más extendida, #EndSARS se convirtió durante un momento en la primera tendencia mundial en Twitter, debido a la participación de algunos de los personajes más conocidos del país. La adhesión de los pesos pesados del espectáculo y de la cultura más popular configuró un altavoz sin precedentes. Se trata de artistas como DavidoWizkidTiwa SavageBurna BoyDon Jazzy u Olamidé. Solo estos seis músicos suman más de 32 millones de seguidores en Twitter y casi 64 en Instagram y algunos de ellos se han volcado con la campaña. Mientras Tiwa Savage anunciaba a sus seguidores que el lanzamiento del vídeo de su éxito junto a Davido, Park Well se posponía para concentrarse en la protesta, el rapero Rema compartía con que se cortaba las rastas como muestra de apoyo y el actor de origen nigeriano John Boyega conocido por su participación en Star Wars, recordaba el dinamismo de la juventud nigeriana.

Desde el 3 de octubre hasta el repunte del viernes 9, el laboratorio de análisis de redes sociales Afriques Connectées había monitorizado casi 2,4 millones de mensajes bajo la etiqueta #EndSARS. Sin embargo, desde el mediodía del viernes y durante el fin de semana los intercambios se hicieron frenéticos y provocaron que, en 48 horas, se emitiesen más de 28 millones de mensajes.

El mismo presidente nigeriano, Muhammadu Buhari, intentó salir al paso de la movilización en las redes y en las calles. Usando el mismo canal electrónico, aseguró estar en contacto directo con los responsables policiales y haber lanzado las instrucciones para una reforma del aparato policial. “Apelo a la paciencia y a la calma, incluso cuando los nigerianos ejercen libremente su derecho a expresar pacíficamente sus opiniones”, señalaba el presidente en uno de sus mensajes.

El domingo a primera hora de la tarde, las autoridades nigerianas hicieron pública la decisión de disolver el SARS. Mientras al principal responsable policial, Muhammed Adamu, lo anunciaba en una rueda de prensa, diferentes perfiles institucionales y de personas próximas a los círculos de poder se hacían eco del desmantelamiento del comando especial antirrobos. Incluso la cuenta de la policía federal nigeriana compartía una imagen en la que se explicaban los detalles de la supresión de la unidad utilizando la nada casual etiqueta #IGPDisolvesSARS (el Inspector General de Policía disuelve el SARS).

Sin embargo, los participantes en la protesta han mantenido la movilización, recordando que el SARS encarnaba los males de la violencia policial, pero que la brutalidad no se limita a esa unidad. Desconfían de otros anuncios de reformas en la policía que no se cumplieron. Además no ha gustado que uno de los detalles del desmantelamiento sea que sus miembros se reincorporan a otras divisiones de la policía. El movimiento de contestación ha hecho circular por las redes sociales una imagen que reproduce el estilo del comunicado de la policía en la que se plantean las cinco exigencias fundamentales. En resumen, la liberación de los detenidos durante las protestas, la investigación de los crímenes atribuidos a la policía y la reparación a las víctimas, la evaluación psicológica de todos los miembros del SARS y el aumento de los salarios a los agentes para garantizar su profesionalidad.

La tensión se mantiene y amenaza con desbordarse, después de que la movilización haya continuado, a pesar del anuncio de la disolución del SARS. Durante la mañana del lunes siguieron las protestas en las calles y, por ejemplo, en Lagos (la ciudad más importante del país) los manifestantes bloquearon el peaje de Lekki una de las principales vías de entrada a la ciudad e incluso los accesos al aeropuerto internacional. Mientras, la actividad en las redes se desplazaba a la etiqueta #SARSMUSTEND.

Por la tarde, la atención se centró en Surulere, un barrio de Lagos en el que al menos un manifestante fue abatido, presuntamente por un policía, lo que situaría en 10 las víctimas mortales durante las protestas. Las redes volvieron a incendiarse con imágenes frenéticas de las huidas precipitadas, los heridos por bala e incluso la víctima tendida inerte en un césped junto a la carretera. Mientras tanto las organizaciones de la sociedad civil alertaban sobre las consecuencias del descontrol reinante para la paz social.

EL PAIS DE ESPAÑA

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