El juez y escritor José María Asencio publica “En busca de la irrealidad”, una novela que funciona como “oda al libre pensamiento” frente a la “religión ideológica” que hoy predomina

Asencio es, además de lector y escritor, jefe del Área de Relaciones Externas e Institucionales de la Escuela Judicial de Barcelona. “Hasta hace poco me dedicaba únicamente a esta profesión, pero me he introducido en el mundo de la literatura”, explica a este diario, añadiendo que, aunque el jurídico es un lenguaje plenamente analítico, “no hay nada más complejo que plasmar las emociones”. Con esto, a través del personaje principal, “un joven escritor bohemio que reside en la Ciudad Condal”, el autor aborda “una gran cantidad de temas”. Entre ellos, destaca “el de la reivindicación de libre pensamiento”. Hoy en día la religión tradicional “está siendo reemplazada por una suerte de religión ideológica, que se sustenta en posturas extremas y en el culto a los líderes de barra”, justifica el juez. Por ello, califica “En busca de la irrealidad” como una “oda al libre pensamiento”, factor que hoy escasea “no tanto por la censura impuesta de cara el exterior, sino por la autocensura que nos imponemos”, apunta.

Una “auténtica aberración”

Para Asencio, nos cohibimos “por el miedo al que dirán, y esto es lo más peligroso”. Por ello, a través de su obra pretende ofrecer “una luz de esperanza para que seamos capaces de no autocensurarnos, sino que seamos personas libres, independientes, formadas y cultas”. Y, así, poder evitar “lo que está pasando últimamente, por ejemplo, en Estados Unidos”, continúa: “Se han prohibido en algunos institutos las obras de Homero”, lamenta. “O lo que ocurrió con ‘Lo que el viento se llevó’, a mí me encanta el cine y la actriz que hacía de Mammy, Hattie McDaniel, fue la primera mujer negra en ganar un Oscar. Ahora se dice que ese galardón está manchado de racismo y de sangre. Es una auténtica aberración y esta es la moral que se nos quiere imponer”.

Estas ideas, salpicadas con matices de idealismo, existencialismo, individualismo e incluso romanticismo, Asencio realiza “un pequeño homenaje a los artistas”. Manuel, el protagonista, se caracteriza “por que lo tiene todo y, por ello, tiene la necesidad de tener necesidades, de crear más. Y todo eso lo busca en los sueños. Es un personaje que insta a valorar o efímero, lo que perece, y que encierra un carpe diem, no entendido como una esclavitud hacia los placeres o lo mundano, sino una oda a lo intangible”, recalca el escritor.

LA RAZON DE ESPAÑA

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