Los Estados tienen hasta el 8 de diciembre para nombrar a sus representantes en el Colegio Electoral. Si para entonces no hay un resultado se abre la puerta al conflicto que está azuzando Trump

Lo primero, paciencia, aunque no sea fácil. El escenario que el mundo temía está aquí: es 4 de noviembre y no sabemos quién ha ganado las elecciones de Estados Unidos. El país no se ha acostado pendiente del recuento de votos. Con las horas, el nerviosismo aumenta en un país que se ha acostumbrado en los últimos meses a hablar de posible violencia política con sorprendente naturalidad. Y en esta situación, el presidente Donald Trump no hizo nada por tranquilizar a la población, sino todo lo contrario. En un momento que pasará a la historia de esta democracia, se proclamó ganador con millones de votos sin contar, dijo que se estaba produciendo un fraude y amenazó con ir a los tribunales. Estos son los escenarios que se pueden abrir en las próximas horas y días si el recuento no se termina de resolver de forma clara.

Al presidente de Estados Unidos no lo eligen los votantes directamente sino el Colegio Electoral, un organismo de 538 miembros en el que cada Estado está representado de forma proporcional por población. Esos miembros, o electores, los eligen los Estados basándose en quién haya ganado la elección. Hay fecha fija para hacerlo: el lunes después del segundo miércoles de diciembre. Este año es el 14 de diciembre. Las listas de los electores tienen que estar entregadas el 8 de diciembre.

Si llega la fecha de entrega y no está claro quién ha ganado, los enviados al Colegio Electoral pueden ser elegidos por el Legislativo del Estado en cuestión. Esto abre la posibilidad de designar electores partidistas que pueden no reflejar la tendencia del Estado. Esa lista la certifica el gobernador. Los gobernadores de Wisconsin, Michigan y Pensilvania son los tres demócratas. Finalmente, el Colegio Electoral vota y uno de los candidatos tiene que llegar a 270 votos para ser elegido presidente. La votación del Colegio Electoral la certifica el Congreso en una sesión el 6 de enero.

Lo normal sería que los Estados en duda se resuelvan en las próximas horas, al menos lo justo para saber si Donald Trump o Joe Biden llegan a 270 votos electorales. Los escenarios de disputa judicial de una elección son muy raros en la historia de EE UU (el más reciente y famoso, el de 2000).

En el Estado más grande de los que faltan por dar un resultado, Pensilvania, esta noche faltaban por contar alrededor de 1,4 millones de votos por correo. La razón es que ha votado más gente que nunca por este método debido a la pandemia, y además las leyes de Pensilvania no permiten contar estos votos hasta el día de la elección, por lo que los servicios electorales están desbordados. Sería comprensible en otra situación, pero al tratarse de votos que pueden darle la presidencia a Biden, según pasan las horas aumentan las posibilidades de que los republicanos traten de abrir frentes judiciales para ganar esta elección más allá de las urnas. Básicamente, lo han dicho ellos mismos.

La declaración de Trump desde el East Room de la Casa Blanca esta noche solo oficializa lo que venía amenazando. Durante un mitin el sábado en Reading, Pensilvania, el presidente dijo: “Si ganamos el martes o… gracias, Tribunal Supremo, poco tiempo después…”. Trump le daba las gracias por anticipado al Supremo por no se sabe bien qué. El candidato republicano daba a entender que se propone denunciar algún aspecto de la elección, hacer que llegue a la máxima autoridad judicial y que esta le entregue la presidencia. No es el único. El senador Ted Cruz dijo también en una entrevista en televisión que era urgente confirmar a la magistrada Amy Coney Barrett para el Supremo antes de las elecciones, porque podría tener que decidir sobre la votación misma.

Las pistas sobre qué está pensando el presidente las dio él mismo en una rueda de prensa en la Casa Blanca en septiembre, cuando le preguntaron si concedería la derrota en la elección: “Vamos a ver qué pasa. Me he quejado mucho de los votos por correo. Los votos por correo son un desastre”, dijo Trump, que lleva meses aireando la conspiración sin pruebas de que hay fraude masivo en el voto por correo. “Si te deshaces de los votos por correo … no habrá una transferencia de poder en realidad, habrá una continuación. Los votos por correo están fuera de control”.

El Tribunal Supremo de Estados Unidos tiene desde hace una semana seis magistrados conservadores por tres demócratas. Es la consecuencia del secuestro de uno de los puestos por parte de los republicanos en el Senado en 2016 y la urgencia que hubo en confirmar un mes antes de las elecciones a la juez Barrett como sustituta de la progresista Ruth Bader Ginsburg.

EL PAIS DE ESPAÑA

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