MADRID.- «Exile», fruto de la unión entre Taylor Swift y Bon Iver, figura como una de las canciones más bellas de este año, un tema que en la ficción, presenta a dos examantes que exponen de forma cruda y desnuda su ruptura y en la realidad, junta a dos figuras de la música de mundos aparentemente antagónicos.La forma en la que sus dos voces empastan y se armonizan de una manera orgánica es uno de los grandes hallazgos del corte, en el que establecen más que una conversación, un intercambio de reproches del que ninguno sale vencedor.

Lanzada como segundo sencillo de «Folklore» (Universal, 2020), es el cuarto corte del último álbum de la artista estadounidense que encarna muchas de las cualidades que han hecho de este un trabajo no solo inesperado, sino también sorprendente.

El octavo disco de Swift se forjó casi como un «yo me lo guiso, yo me lo como» durante el confinamiento por la pandemia y, frente a la producción colorista de sus anteriores entregas, refleja en su espíritu esa necesaria sobriedad y actitud contemplativa.

EFE

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