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Fantaseando ante la AN, por Gregorio Salazar

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En medio de un clima creciente de reclamo popular y movilización nacional de docentes y trabajadores de empresas básicas hoy prácticamente en la indigencia, con un país envuelto en una crisis que va desde los servicios públicos hasta la gasolina y que tiene ante sí el más incierto futuro, acudió Maduro a la Asamblea Nacional para decirnos con sus omisiones y desvaríos que nada de eso ni existe ni le preocupa.

Lo que se supone debe ser el cumplimiento de un mandato constitucional para dar cuenta ante el país de los aspectos políticos, económicos, sociales y administrativos más relevantes del año inmediatamente anterior fue convertido ¡una vez más! en un pretendido acto de malabarismo político, una fatua operación de escamoteo de la realidad para convencernos de que vivimos una Venezuela «brillante, feliz y bonita por los cuatro costados». Aunque usted no lo crea, así empezó el señor, amigo Ripley.

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En nada se diferenció la histriónica presentación de Maduro ante la AN de los mediáticos actos político-partidistas, dirigidos a reforzar entre sus copartidarios, cada vez más escasos, una visión ideológica y delirante de la marcha del país, a cantarle a la grandiosa epopeya de la revolución chavista, hoy a las puertas de una supuesta cuarta etapa, que será ¡ahora sí! la del renacimiento y gran resurgimiento nacional.

La palabra salario, esa que está en el núcleo de la crisis económica y social que viven las familias venezolanas y que aventó a millones de ellas allende nuestras fronteras, fue execrada de la alocución presidencial. Siendo así, también tenían que quedar ignorada esa masa de venezolanos, docentes y obreros de las empresas básicas de Guayana, que están exigiendo, al igual que el resto del país, un salario digno con el cual atender las apremiantes necesidades de sus hogares.

Ni una sola palabra para ellos, a no ser una alusión a un supuesto «enemigo invisible» dedicado a la perturbación social, alimentado «por debajo» por las fuerzas malignas del imperio, mención que finalizó con el remate autoritario de siempre: «No lo vamos a permitir». Inevitable recordar otras grandes jornadas de reclamo y movilización popular que fueron sofocadas a sangre y fuego.

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*Lea también: La nueva alianza, por Julio Castillo Sagarzazu

Uno se pregunta qué pensará Maduro de la gestión revolucionaria, antes y ahora, cuando por casualidad le eche un vistazo al cuadro de los salarios mínimos con los que arrancan el 2023 los países de América Latina, partiendo de los $ 603 de Costa Rica, los $ 540 de Uruguay y en esa lista descendente de 18 países llegar hasta los $ 8 que reciben los trabajadores venezolanos. ¿Qué explicación se dará? ¿Qué reflexiones pasarán por su mente?, partiendo, claro está, del supuesto de que bajo esa bóveda craneana haya asiento para la reflexión. ¿Sentirá alguna responsabilidad o remordimiento? No parece.

Hoy nadie ignora que difícilmente un país pueda iniciar un proceso de recuperación económica si no recibe el impulso del financiamiento internacional, que dispone la banca multilateral, esa misma de la cual despotricaba Maduro en su discurso. No solamente no tenemos capacidad de pago, sino que nuestras finanzas, nuestro presupuesto nacional resultan ficciones extravagantes como esa de incluir partidas para pagar salarios a una fuerza militar de más de 4 millones 408 mil efectivos. ¿Así quién nos puede tomar en serio?

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Seguiremos sujetos, por tanto, a los avatares de la quiebra económica y la inflación, que Maduro no dice mínimamente como va a conjurar, empeñado en hacernos creer que el desempleo está en 7, 8 %, cuando aquí por lo exiguo del salario ya resulta lo mismo trabajar o no hacerlo. O asegurar que la producción de pasta sube como un cohete mientras las bolsas del Clap siguen trayendo espagueti turco.

Pero Maduro sigue diciendo que pone su apuesta en los 18 motores del desarrollo, las nuevas y ya gastadas seis líneas de acción y ¡fanfarria! las Brigadas Comunitarias Militares, que vendrán al rescate de la salud y la educación junto con una nueva versión de la repartición de mendrugos a través de la Misión Chamba Juvenil. De modo, pues, que fue así como el viernes la Asamblea Nacional lució más que nunca semejante a un establo: heno, heno, puro heno…

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Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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