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Félix Rodríguez: «Al Che lo mandaron a Bolivia a que lo mataran»

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Por DARCY BORRERO BATISTA

A pocos días de la muerte del boliviano Mario Terán, quien en 1967 se atribuyó el fusilamiento del Che Guevara, conversamos en exclusiva con un hombre clave en la captura del guerrillero argentino 

MIAMI.-En un profundo recato, asediado por un cáncer de próstata y casi olvidado por la prensa, murió el jueves 10 de marzo en Santa Cruz, Bolivia, el militar que le disparó al Che en La Higuera por orden del gobierno de René Barrientos (1964-1969). Su nombre, Mario Terán, trascendió desde que en diciembre del propio año 1967 —un par de meses después de la captura y fusilamiento del guerrillero— dio declaraciones a la periodista francesa Michele Ray.

—Ése fue el peor momento de mi vida. En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente —dijo entonces.

La noticia de la muerte de Terán a los 80 años de edad, la compartió en un discreto post de Facebook el sacerdote Raúl Azurduy, cercano a la familia del fallecido, y fue confirmada a medios internacionales por Gary Prado, el militar que capturó al Che en la selva de Bolivia hace casi 55 años como parte de una operación de inteligencia.

El exagente de la CIA Félix Rodríguez, uno de los dos cubanos captados por la agencia para ir a Bolivia [el otro era Gustavo Villoldo] conoció a Terán durante aquella operación clave en el rumbo del continente americano y del hemisferio occidental. Conversó en exclusiva con DIARIO LAS AMÉRICAS sobre los pormenores de los días 8 y 9 de octubre de 1967 en La Higuera, Bolivia. Allí, a juicio de Rodríguez, “quizás se cambió un poco la historia del mundo a nuestro favor”.

Sin embargo, el cubanoamericano refirió que “las instrucciones muy específicas [de la CIA] eran de mantener vivo al Che a toda costa”. Los bolivianos —explicó— tenían una idea diferente. “La razón por la cual el gobierno boliviano no accedió a mantenerlo vivo era porque ellos habían tenido ya un juicio a Regis Debray [intelectual francés, asesor de Seguridad del presidente Miterrand] y Ciro Bustos [argentino]. Ellos [los bolivianos] no los mataron y el resultado fue que tuvieron dolores de cabeza enormes, la embajada argentina pedía que soltaran a Bustos, la embajada francesa pedía que soltaran a Debray y al gobierno boliviano le estaba costando un congo el juicio. Pensaron: si eso es con dos personas totalmente desconocidas, qué va a ser un juicio al Che Guevara. Temían que se les fuera de las manos, por eso determinaron eliminarlo definitivamente, pero nosotros lo queríamos vivo a toda costa”, detalló.

Félix Rodríguez, clave en la operación de captura del Che, fue una de las últimas personas que vieron al guerrillero con vida y hablaron con él.

Félix Rodríguez, clave en la operación de captura del Che, fue una de las últimas personas que vieron al guerrillero con vida y hablaron con él.Darcy Borrero Batista

La captura: el papel de Félix Rodríguez

“Cuando [el Che] cae preso, el coronel a cargo, Joaquín Centeno Anaya, les dice a sus oficiales que si a ellos no les importa, él me iba a llevar con él porque sabía el daño que el Che había hecho en mi país y todos estuvieron de acuerdo. Aunque había tres que tenían el rango de Mayor —superiores al mío— todos accedieron a que yo fuera”. Esa noche que antecedió a la conversación más tensa de su vida, Rodríguez mandó un mensaje a la estación de Bolivia, en La Paz [“la CIA quería saber primero lo que yo estaba mandando, entonces me hicieron un arreglo para que yo transmitiera a una embajada cercana, donde no sabían lo que yo estaba mandando porque copiaban el mensaje en clave”].

Al llegar al día siguiente a donde estaba detenido el Che —cuenta Rodríguez—conversó con él en tono respetuoso, le expresó admiración por ser ‘un hombre que creía en sus ideales’, le hizo preguntas estratégicas que no fueron del todo respondidas, fotografió sus pertenencias y también inmortalizaron el momento en una instantánea de Marc Hutten (AFP) que se volvió histórica.

“Originalmente, para serte honesto, yo tenía en la mente lo que había sido el Che y yo pensaba ‘coño, si esta gente decide ejecutarlo, que sea igualito que en Cuba como un paredón de fusilamiento. Mató a tanta gente… y, sin embargo, cuando yo vi al Che me dio pena, la imagen que yo tenía de él era otra, y por momentos estaba hablando con él, pero no estaba prestando atención, sino recordando la imagen que yo tenía de él, nunca antes lo había visto personalmente: un hombre alto al lado de los dignatarios tanto soviéticos como chinos, con aquellos abrigos, arrogante, y ver aquí [en La Higuera] el pedazo de hombre que quedaba [porque estaba destruido, llevaba una chamarra de color verdecito y estaba sucia, grasosa, el pelo sucio, no tenía botas. Tenía unos pedazos de cuero amarrados a los pies, parecía un pordiosero que está en la esquina pidiendo limosna, pero estaba lúcido totalmente]”.

En lo que avanzaba el día, “un soldado me dice, mi capitán, hay una llamada para el oficial de más alto rango [ahí había en ese momento en La Higuera dos tenientes bolivianos, y yo, con el rango de capitán]. Entonces voy al telefonito que había allá y me dicen del Alto Mando boliviano: 500-600. Nosotros teníamos un código muy sencillo antes de llegar, 500-prisionero, 600- muerto, 700-mantenerlo vivo”. La orden de ejecutarlo estaba clara, pero Rodríguez insiste en que intentó salvarle la vida.

“Cuando Centeno viene para irse en el helicóptero, lo llamo aparte: ‘mi coronel, han llegado instrucciones de su gobierno de eliminar el prisionero [500-600], pero las instrucciones de mi gobierno son de salvarle la vida toda costa; tenemos helicópteros, aviones para llevarlo a Panamá e interrogarlo. Pero Centeno me dice: ‘mira, Félix, [el nombre que yo usaba era Félix Ramos Medina] te agradecemos mucho tu ayuda, pero esas son órdenes del señor Presidente y Comandante’. Miró su reloj y me dijo: ‘yo me voy ahora, el helicóptero va a venir varias veces trayendo comida y municiones y llevándose a nuestros heridos y nuestros muertos. Lo puedes ajusticiar en la forma que tú quieras porque sabemos el daño que le ha hecho tu patria, yo quiero tu palabra de caballero de que nos vas a traer el cadáver del Che’”, relató.

Mario Terán y la pipa del Che

Como no pudo hacerlos cambiar de idea ni presionar para obtener una contraorden, dice que le respondió: ‘le doy mi palabra de hombre’. “Nos abrazamos, el tipo se fue y luego viene una muchacha desde ahí del pueblecito con una radio portátil y dice: ‘mi capitán, cuándo lo van a matar’. Digo: ‘por qué usted dice eso’. Me contestó que ella nos acababa de ver fotografiándonos con el Che afuera y sin embargo en la radio ya estaban dando la noticia de que el Che había muerto en combate. No había más nada que hacer, entonces entré en la habitación, él estaba sentado en su banquito y le dije: ‘Comandante, lo siento, he tratado pero son órdenes. Se puso blanco, como una persona que pierde la expresión de la cara completamente pero se compuso y me dijo ‘nunca debí de haber caído preso vivo’. Entonces ahí sacó la pipa que él tenía, él quería fumar y no tenía picadura, le abrieron cigarrillos para fumar con la picadura de dos cigarrillos y al final él me dice: ‘yo quiero entregar esta pipa a un soldadito que me trató a mí con dignidad’.

“En ese momento, el sargento Mario Terán entró en la operación: ‘yo quiero la pipa, mi capitán, yo la quiero’ y le digo ‘no, salga de aquí, salga de aquí’, hasta que por fin salió».

Mario Terán, el hombre que ejecutó al Che Guevara, murió en Bolivia a los 80 años de edad.

Mario Terán, el hombre que ejecutó al Che Guevara, murió en Bolivia a los 80 años de edad.Archivos históricos de Bolivia

“Finalmente, el Che deja la pipa conmigo y le pregunto si quiere enviar algún mensaje y me contestó: ‘bueno, si puedes, dile a Fidel que pronto verá una revolución triunfante en América’ y después cambió y me dijo: ‘si puedes, dile a mi señora que se case otra vez y que trate de ser feliz’. Dijo estas últimas palabras ya parado, nos estábamos mirando cara a cara y me dio la mano, me dio un abrazo y fue un momento no diría emocionante pero sí de mucha tensión y muy raro para mí, especialmente porque nosotros no mandamos a matar a prisioneros”.

Cazador es cazado

Para el ex agente cubanoamericano, “al Che lo mandaron a Bolivia para que lo mataran”. Y sostiene: “yo creo que él estaba consciente de eso, definitivamente él estaba mandado porque Cuba dependía 100% de la Unión Soviética y cuando él va en el año 63 a un recorrido por Argelia y varios países, de regreso le dieron una recepción en la embajada cubana en El Cairo, Egipto, y ahí en la recepción el Che se fue a las manos con el embajador soviético por diferencias ideológicas porque el Che era prochino y ahí fue donde lo marginaron”.

“Cuando él va a Bolivia, Cuba le da un solo transmisor aunque generalmente de estos equipos usados para estar en contacto y poder pedir ayuda se mandan hasta tres por si se rompe uno, asegurarse de que tú tienes comunicación. Ni siquiera dos, le mandan uno solo y cuando llega a Bolivia estaba roto y él no podía transmitir a Cuba. Podía recibir mensajes de cifrado y tenía los libritos chinos para descifrarlos pero no podía transmitir nada. Mario Monje, líder del Partido Comunista boliviano, lo visita el 31 de diciembre del 66 para coordinar la ayuda supuestamente de ellos. Monje hacía dos meses se había entrevistado con Fidel Castro en La Habana y obviamente Castro le dijo que el Che no iba a admitir ser un número dos en nada”.

“Monje le presenta al Che la idea de que para él como boliviano apoyar la guerrilla en Bolivia, el jefe de esta tenía que ser boliviano y que él [Che] podía ser asesor pero no el jefe de la guerrilla y el Che le dice que no, que él es el jefe de la guerrilla latinoamericana. Se le retiró todo el apoyo del Partido Comunista y Monje les dice a todos los que estaban ahí que si ellos se quedan con el Che, serían expulsados del Partido Comunista boliviano”.

La ejecución

Mirando hacia atrás Rodríguez explica que, al no lograr que el gobierno boliviano se retractara de la orden de fusilar al Che, se puso a pensar también lo que pasó cuando Batista soltó a Fidel Castro y lo que le vino a Cuba después. “Me dije: Mira, Félix, si tú haces eso y le salvas la vida y después este hombre crea muerte en un montón de lados, tú te vas a sentir responsable. Él vino aquí a Bolivia, es decisión del gobierno boliviano’. Entonces dejé que la historia siguiera su paso y nos dimos un abrazo otra vez y comuniqué a los sargentos bolivianos: ‘hay orden en su gobierno de eliminar al prisionero, no le tire de aquí para arriba, tire para abajo que se supone que muera de heridas en combate. Sí, mi capitán; sí, mi capitán, dijeron. Era exactamente la una de la tarde. A la 1:15 minutos oí la rafaga, lo que tengo entendido es que los soldaditos lo que tenían era rifles; él [Terán] les pidió prestada una carabina M2 automática de ráfaga. Mario Terán se la pidió prestada a un teniente, entró a la habitación y con esa mató al Che”.

Las palabras de Terán a la prensa francesa resuenan después de su muerte y contrastan con la última imagen que describe Rodríguez: “Sentía que se echaba encima y cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido el ‘Che’ podría quitarme el arma. ‘¡Póngase sereno –me dijo– y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!’ Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé”.

“Creo que [Terán] estaba medio borracho”, dijo Rodríguez. “No estaba actuando normal, no, él estaba con los ojos como inyectado, muy agitado, medio borracho, pidiéndome la pipa del Che, diciendo ‘yo me la merezco, yo lo maté’, y entonces le digo: ‘vaya para que te acuerdes de tu hazaña’ y le di la pipa”.

El carácter del guerrillero

Aunque a los 39 años el Che se transformó en un mito que no ha dejado de crecer desde ese instante en que sus ojos abiertos fueron exhibidos en la localidad de Vallegrande, Rodríguez destaca que ha sido a base de propaganda que se ha mantenido la leyenda en torno al guerrillero y rememora en exclusiva para DLA un par de anécdotas que lo incriminan como asesino de La Cabaña: “Yo tuve dos experiencias personales con respecto al carácter de Che, una hace como 40 años yo estaba en una funeraria, entonces una señora que me encontré allí se enteró de que yo había participado en la captura del Che y entonces me dijo: ‘miren, mi hijo tenía cuando aquello 17 años, estaba condenado a muerte y entonces yo pedí hablar con el Che y este me recibió en la Cabaña’. Dice que él estaba en un buró con las patas puestas hacia arriba y le preguntó: ‘¿Yo, señora?, ¿qué puedo hacer por usted?’ Dice que ella llegó y le dijo: ‘Comandante, mi hijo tiene 17 años. Pintó cosas en la pared, pero por favor, sálvele la vida, que yo le garantizo que no lo va a hacer más’. Le dijo él: ‘¿Cómo se llama su hijo?’ Ella le dio el nombre y añadió que lo iban a fusilar el viernes. Era un lunes. Entonces el Che mandó un asistente y ella pensó que le había salvado la vida, sin embargo le dijo al súbdito: ‘busca al hijo de la señora ahora y fusilarlo para que no tenga que esperar hasta el viernes’. Esa fue una anécdota que me pasó a mí.

Félix Rodríguez, clave en la operación de captura del Che, conversó sobre los pormenores de esta.

Félix Rodríguez, clave en la operación de captura del Che, conversó sobre los pormenores de esta.Darcy Borrero Batista

“Otra [experiencia] fue hace ya un año y medio. Vino aquí la hija del teniente Castaño, había sido un teniente de la sección especial de la policía de Batista. Era del buró represivo contra actividades comunistas, específicamente contra el comunismo y tenía todos los archivos del Partido Comunista; obviamente a los de este buró le tenían [los ‘revolucionarios’] un odio del carajo y lo tenían preso. Entonces la hija cuenta que lo fue a visitar a la Cabaña, donde estaba el Che, dice que ellos iban los fines de semana tempranito, a las cuatro o cinco de la mañana porque las colas eran de madre y ya como a las 11 de la mañana, ella estaba en la fila enorme y había una señora delante de ella y no abrían hasta las 12 del día. A las 11 de la mañana llegó el Che y esta señora empezó a gritar, la gente le pedía que se tranquilizara para que no se armara gritería; hasta que el Che llegó en el jeep a donde estaban. Pregunto: ¿señora, qué le pasa? Le le dijo ella: ‘mira, Comandante, mi hijo tiene 15 años de edad y está preso y realmente no ha hecho nada. Por favor, suéltalo, yo llevo dos semanas sin poder dormir’. Entonces fue a buscar al chiquito y cuando lo trajo, delante de todo el mundo dice que le dio un pescozón por la cabeza que lo tiró al suelo, le dijo ‘hijo de puta, tu madre lleva dos semanas sin poder dormir por culpa tuya’. Sacó la pistola, le dio un tiro en la cabeza delante de la madre y todo el mundo que estaba ahí y toda la gente en la fila empezó a gritarle ‘comunista, asesino’, y ahí mismo se acabó la visita. Dijeron ‘no hay visitas hoy’, mandaron todo el mundo por la casa”.

DIARIO LAS AMERICAS

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