El escritor Francisco Suniaga considera necesario dar un debate sobre el papel que deben jugar los militares en la democracia venezolana, algo que nunca se hizo. También cree imprescindible que los opositores se mantengan cohesionados hasta salir de Maduro

Alejandro Hernández/ La Gran Aldea


Francisco Suniaga, margariteño de nacimiento, sigue apegado a su terruño y desde allí escribe “buscándole una explicación a este país loco”. Ese es el escenario de algunas de sus obras, como La otra isla, que ya suma 15 años de su primera edición. Es, igualmente, la tierra donde vive a diario el deterioro y la destrucción de Venezuela. Cree que no podemos seguir pagando el precio de la intervención de los militares en la política para dictar su rumbo, y está convencido de que a este país hay que rehacerlo desde sus cimientos. “¡Hay que regenerar todo!”.

-¿Cómo está Margarita?

-La combinación de pandemia con ‘pandemio’, como llamo yo a Nicolás Maduro, ha sido terrible. Margarita nunca había vivido peor época, quizá antes de que apareciera el petróleo, cuando era una tierra muy dura y con muchísima pobreza, creo que hoy estamos en esa misma situación. Es decir, aquí llega el agua cada cinco semanas, la gente carga pipotes a mano limpia como ocurría antes de la construcción del acueducto submarino en 1960; tampoco hay luz, porque tenemos un racionamiento rotario de cinco horas diarias; con respecto a la gasolina, los margariteños pasamos dos meses sin poder echar combustible; no hay gas doméstico y de paso, el comercio y la actividad turística en la Isla están por el suelo. Nosotros estamos padeciendo esta otra pandemia, por eso tenemos que estructurar nuestra vida en torno a eso y tratar de sobrevivir. En el ámbito de la solidaridad que debe tener la sociedad consigo misma, nosotros hemos fallado estrepitosamente, razón por la cual nuestra pensión de jubilación es menos de un dólar al mes y la seguridad social de los padres venezolanos son literalmente los hijos, que están trabajando en el exterior. Los profesionales sexagenarios como yo, estamos arruinados, ¡quebramos!

-En su condición de víctima e intelectual, ¿cuál es su análisis del país hoy?

-Para hablar en términos médicos, a Venezuela hay que hacerle una autopsia, porque ya no se trata de curar al paciente, sino de ver de qué se murió. La crisis es de todos los órdenes, en nuestro país se destruyó una institucionalidad que se venía formando desde el siglo XVI; y estamos en una situación muy precaria, muestra de ello es la polémica Ley Antibloqueo, con ella Nicolás Maduro asume finalmente su rol de déspota totalitario y ha ascendido, en términos funcionales, a lo que Fidel Castro era en Cuba: La institucionalidad de la isla. El cuerpo de Fidel Castro era el cuerpo institucional de Cuba; y eso es lo que Maduro con este artilugio intenta conseguir. Pero eso no tiene que ser visto necesariamente como una señal de fortaleza, también puede significar que llegó a un punto donde su base de sustentación es él y sólo él.

-¿Cómo evalúa el desempeño de la oposición en los últimos meses?

-Un cambio político en Venezuela no será posible si en el ámbito de la oposición no ocurren rectificaciones actitudinales importantes. El talante democrático de los opositores no termina de manifestarse, es decir, si sentáramos en una mesa a Juan Guaidó y Henrique Capriles para que escriban qué elementos los diferencian, no encontraríamos mayores divergencias, porque lo que hay entre ellos es simple y sencillamente una competencia por liderar; no meto a María Corina Machado, porque yo no le doy el estatus de líder que lo otorgan los medios de comunicación. Aquí todos los actores deben entender que, por una serie de circunstancias, la responsabilidad de conducir en este momento recayó sobre Guaidó y que así sea verdad que no lo merecía, que no tiene experiencia, que Leopoldo López lo gobierna y que posee otra serie de deficiencias; también es cierto que es él quien tiene un reconocimiento institucional que llevaría mucho tiempo reconstruir. Por tanto, lo que les corresponde a todos los opositores es estar cohesionados hasta salir de Maduro, pero mientras no lo estén, yo no le veo fin a esto; porque, aunque el régimen se desmorone, no habrá cómo establecer su sustitución.

-¿A qué atribuye la imposibilidad para lograr esa necesaria cohesión dentro de la oposición?

-Mientras no haya un proceso de democratización de la oposición para definir el liderazgo, no vamos a poder avanzar. Repito, si la desunión continúa, aunque el régimen se desmorone, la dirigencia opositora no va a poder gobernar el país, por falta de un plan y una visión compartida, porque por ahí pasa todo… Leopoldo López no podrá ser el líder de la oposición si no lo demuestra de manera democrática; y la única forma de hacer eso es con unas elecciones primarias, porque en Venezuela no hay institucionalidad para hacerlo de una forma diferente. Por ejemplo, María Corina Machado, Diego Arria y Antonio Ledezma, entre los tres, no sumaron dos puntos en la última competición interna que hubo, por tanto, no creo que vayan a ser ellos los que nos van a representar en el futuro.

 

-¿Considera que la oposición tiene carencias en su discurso?

-Claro que lo pienso, el estamento político actual carece de solidez intelectual, ellos se leen el periódico del día, pero más allá de eso no se han leído nada, no tienen esa visión que te proyecta hacia el futuro, ni tampoco conocimiento del pasado, para poder entender el comportamiento de la gente y que Venezuela va más allá de la presencia física de algunos. Nuestra dirigencia tiene carencia de información, lectura, reflexión, ideología y filosofía; desde hace mucho tiempo, pero ahora más, por eso no puedes comparar a Rómulo Betancourt con ninguno de los políticos actuales.

-¿Cree que esa falta de solidez en el discurso ha influido en la generación de expectativas inviables?

-Detrás deléxodo de cinco millones de venezolanos, lo que hay es la intuición o el convencimiento de que la situación no va a mejorar. Y la renuncia a participar en elecciones es una muestra de que las expectativas son muy bajas, porque reflejan que la gente no concibe que con su simple voto las cosas puedan cambiar. Eso hace que algunos pongan su aspiración en los marines, cosa que es utópica. El problema cuando un dirigente no tiene planes, propuestas o soluciones posibles para un conflicto, es que recurre a estos delirios y se los transmite a la población. El resultado de esto es que luego de decepcionarse, la gente ve como única salida irse de Venezuela.

-Hablando de delirios, en su novela El pasajero de Truman usted aborda el singular episodio de Diógenes Escalante cuando estaba a punto de convertirse en presidente, pero en Venezuela hemos tenido políticos como Hugo Chávez que enloquecen con el poder y ha sido peor…

-Cuando Gumersindo Rodríguez leyó El pasajero de Truman me dijo una ocurrencia que encaja con tu comentario: En Venezuela los tipos que nacieron para ser presidentes, cómo Diógenes Escalante, se volvieron locos y los que nacieron para ser locos se volvieron presidentes. Estaba Chávez en su apogeo, por supuesto. Pero viendo esto desde un punto de vista más amplio, es oportuno decir que en nuestro país, desde hace muchos años, urge revisar el rol que tienen los militares, pero nunca se ha podido hacer. Independientemente del signo que tengan, los militares venezolanos han conspirado y atacado a todos los gobiernos civiles que hemos tenido del siglo XX para acá. Han querido siempre, por la vía de las armas, intervenir en la política y ese debate nunca se ha dado en nuestra sociedad, ¿estos señores pueden seguir haciendo esto eternamente? Yo espero que no. Esto que estamos padeciendo hoy es la más espectacular muestra de lo que ocurre cuando ellos participan en la política. La demostración más contundente de nuestra historia es lo que estamos viviendo, que no ha sido malo, sino malísimo.

-¿Pero ve una salida a la crisis política e institucional del país que no pase por ellos?

-No, no la veo. Ahorita sin el aparato militar no se puede buscar una salida en Venezuela. Esto vale tanto para una invasión, como para una elección, porque si viene una invasión y los militares se oponen, vamos a tener un escenario como el de Siria o Libia; y si son unas elecciones y ellos no las apoyan, ni siquiera se van a poder hacer. Entonces obviamente que sí debe haber una participación de la Fuerza Armada, pero al igual que en 1945 y 1958 los oficiales deben entender que es prioridad iniciar un proceso de modernización democrática del país. Pero no podemos seguir pagando el precio de la intervención de los militares en la política para dictar su rumbo, por eso hay que discutir el papel de ellos. La verdad es que a estas alturas hay que replantear el rol de todos: Políticos, jueces, partidos, etc., porque a este país hay que rehacerlo desde sus cimientos.

-Lo que usted señala es prácticamente una refundación del país.

-Pero por supuesto, si es que está destruido, aquí no hay nada, y después de esta Ley Antibloqueo menos va a haber. ¿Alguien puede creer en los tribunales venezolanos después de esto que ha pasado?, ¿después de que han encarcelado a personas manifiestamente inocentes? Prácticamente hay que reformar hasta la enseñanza del Derecho en las universidades y en el caso de la Academia Militar, igual; porque los militares no sólo no nos están defendiendo, es que nos están aplastando. ¡Hay que regenerar todo!

-Usted una vez contó que participó en la campaña presidencial de Claudio Fermín, ¿ha hablado con él en los últimos tiempos?, ¿Qué le parece su postura política actual?

-Claudio es una persona por la que tuve mucho afecto y admiración, ya no lo tengo. Yo creo que él extravió el rumbo y perdió la brújula; pero la explicación de eso es que se volvió una persona reactiva y se desnaturalizó. Es decir, se alejó de sus ideales, por los que mucha gente lo siguió y votó por él. Eso pasa, la política puede ser destructiva.

-¿No cree que haya incentivos económicos detrás del extravío de Claudio Fermín?

-Eso lo dicen muchos, pero yo no tengo constancia. Es lógico que cuando la gente busque una explicación a lo ocurrido y no la encuentre, entonces piense en la corrupción. Yo, como una muestra final de afecto a Claudio, prefiero pensar que su desvarío es producto de desnaturalizarse en su toma de decisiones políticas.

-¿Usted encuentra similitudes entre Hugo Chávez y Donald Trump?

-La gente que es despótica y autoritaria se parece, la diferencia entre ellos está en las razones que tiene cada uno para serlo. En eso no coinciden. Chávez se alimentaba de mitos y creaba mitos; Trump tiene otras motivaciones y desviaciones; yo creo que él piensa que está en un reality show y se actúa o interpreta a sí mismo.

-¿Está trabajando en alguna novela actualmente?

-Estoy trabajando en una novela cuya acción transcurre en el siglo XIX y como tal, toca nuestro proceso de independencia. Ese es el remanso donde reposo de todo lo que estamos viviendo, porque nunca pensé que iba a estar en esta situación al final de mi vida, cuando ya no puedo cambiar de rumbo ni hacer nada, porque lo hecho, hecho está. Es una novela con la que aspiro participar en el debate de lo que somos como país; y añadir un nuevo segmento al mural que los escritores hemos tratado de construir en estos últimos años, buscándole una explicación a este país loco, que pueda servir a los efectos de una reconstrucción o reorientación.

TAL CUAL

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