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Ganar condiciones, por Simón García

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Los opositores están de descanso. Incluso los que van a participar en el debate nacional para ser candidatos, ahorran energía para no exponerse antes que suene la campana. La política es la ciencia de la oportunidad, sentencian. Y vuelven a su invernadero.

Algunos partidos, ante el desgaste de los temas que rutinariamente los ocupan, se han sentido obligados a decir “aquí estoy si no me han visto”. Varios anuncian agendas con procesos de reorganización y renovación de autoridades. Hay que apostar por la calidad de ambos procesos.

Pero la astucia de los hábitos conservadores exige prevenirse ante versiones de fortalecimiento que mantengan inalterables las causas que han conducido al debilitamiento. No es posible fortalecimiento alguno sin cambiar la política y para hacerlo es indispensable encarar los errores y asumir los fracasos. El gran borrón no funciona.

No es viable el cambio opositor sin superar reglas internas de funcionamiento autoritario y el anti modelo de partido con dueño. No habrá condición alternativa mientras la oposición reproduzca la lógica de dominio y control que es propia del régimen. El formato de los partidos cerrados sobre si mismos, sin proyecto de país ni comunidad de ideas e ideales es un glaciar. Ese camino desconfigura la alternativa.

La fase más inmediata de la renovación es lograr que la política sea hecha por todos, como reclamó para la poesía Lautréamont. Hay que subvertir la cascada de cesión de derechos que se desliza en la idea de que la política se hace y decide en Caracas. Una doble renuncia, de lugar y de misión, que convierte militantes en zombis de decisiones impuestas.

*Lea también: ¿Es muy difícil ponernos de acuerdo?, por Griselda Reyes

Si los dirigentes nacionales quieren que sus partidos vuelvan su cara hacia la gente, deben comenzar por voltear hacia sus miembros y solicitar sus opiniones sobre aspectos claves como comprensión del país, estrategia democrática de cambio y acciones para la transición posible. Un documento base sería suficiente para recabar las correcciones, agregados, supresiones e inclusiones que surjan de quienes después van a aplicar lo aprobado.

La selección del candidato es una carreta que debe ir después y detrás de tres bueyes: la estrategia, la reconstrucción de las bases sociales y la integración de direcciones con mejores atributos y capacidades para favorecer un nivel mínimo de unidad plural y capacidad para debilitar al gobierno y operar en su territorio.

En la balanza observo cuatro obstáculos pesados: 1) Las reminiscencias del mantra que nos atasca en las derrotas. 2) La continuación de la fragmentación y la exclusión de factores que están o pueden llegar a estar en la coalición por el cambio. 3) La debilidad propositiva y la desvinculación con la población. 4) La facilidad para reproducir valores del régimen y permitir que prospere su plan para impedir la unidad opositora.

En el otro platillo debemos ir colocando, aprovechando la pausa, condiciones para ganar recuperación de la democracia en todos los ámbitos sociales, institucionales y electorales. Hay señales de esperanza: 1) Partidos que parecen dispuestos al firme compromiso con la vía electoral y democrática. 2) La disolución de la hegemonía de la línea del derrocamiento y su sustitución por una apertura hacia una gran coalición para sacar al país del hoyo 3) Una abierta revalorización del voto y una atenuación de la polarización que se mueve desde la sociedad a los partidos. 4) El país puede estar en una zona de relativo “alivio”, pero no duerme.

Simón García es analista político. Cofundador del MAS.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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