El excandidato presidencial analiza el nuevo escenario de la política venezolana tras abrirse a participar en las elecciones parlamentarias de final de año

JAVIER LAFUENTE

El pasado lunes, el indulto presidencial que Nicolás Maduro otorgó a más de 100 presos y perseguidos políticos movió los cimientos de la política venezolana de nuevo. Fue la confirmación de un secreto a voces. Las conversaciones que venían adelantando el Gobierno con un sector de la oposición, liderado por Henrique Capriles, muy crítico con la estrategia de Juan Guaidó, a quien cerca de 60 países, entre ellos España, reconoce como presidente interino del país caribeño. Con los días, se sucedieron los hechos. Capriles (Caracas, 48 años) consumó su ofensiva y se abrió a participar en las elecciones parlamentarias previstas para el 6 de diciembre, al tiempo que lanzó duros ataques contra el plan de Guaidó, a cuyo Gobierno interino calificó de “Gobierno de Internet”. Casi en paralelo, el Ejecutivo de Maduro envió una invitación a la Unión Europea y a la ONU para que acudan como observadores a los comicios. A través de una videollamada, en la primera entrevista que da después de propiciar una nueva vorágine en la política venezolana, Capriles trata de rebajar la tensión entre el sector crítico con el chavismo y apunta a Europa como el pilar de los que pasos que se darán a partir de ahora.

Pregunta. Usted defiende que no ha negociado nada, sino que ha habido conversaciones. ¿Entre quién y para qué?

Respuesta. La política significa generar acuerdos, buscar soluciones para la gente. Estamos buscando cualquier rendija que quede de democracia en Venezuela para meternos por ahí. Hay gente en el chavismo que está en contra del todo o nada, aunque muestre lo contrario. El chavismo es más grande que Maduro o sus voceros. No todos los procesos de negociación o conversaciones se dan ante una cámara de televisión. Todos los procesos exitosos fueron subterráneos. Estamos buscando abrir caminos democráticos en Venezuela. Si va a ser posible, no lo sabemos. No puedo adelantar si mi gestión como líder político ha tenido éxito o no, es probable que pueda fracasar, pero tengo que intentarlo. Si me pongo a detallar quiénes son los que quieren explorar caminos democráticos, sencillamente acabo con esos acuerdos y nos metemos en las trincheras. La oposición en la suya y el chavismo, bueno, no, el oficialismo, también. ¿Quiénes pagan las consecuencias? Los pobres. No se olviden, las grandes mayorías en Venezuela no son las que marcan las matrices de opinión.

P. Pero, ¿desde cuándo se vienen dando esas conversaciones?

R. Yo estoy buscando la liberación de Juan Requesens [diputado excarcelado a finales de agosto]. Desde 2018. Juan es completamente inocente. ¿Quién lo excarcela? Yo puse un tuit, que era un sarcasmo, pero no se entendió así, como respuesta a un comunicado del Gobierno interino donde se hablaba de mis gestiones personales. Se vio como una cosa personalista, pero a mí no me traiciona el ego. A Requesens no lo excarcela un ejército, sale como consecuencia de la búsqueda de acuerdos, que todavía no generan resultados para el grueso de la población. Yo no sé si este proceso electoral, la búsqueda de ese hecho político, se va a lograr, pero tenemos que dar la pelea. La gente me dice: ¿otra vez? Sí, lamentablemente otra vez, no nos queda otra. Es un falso dilema votar o no votar. El dilema es luchar o no luchar. La gran pregunta es cómo se logra el cambio en Venezuela. No se logra por una acción militar que no viene, no va a venir y la mayoría de los venezolanos no desea que venga. Cuidado con las matrices de opinión, porque las grandes mayorías no entran en Twitter. Es lo que yo trato de visibilizar.

P. Habla continuamente en primera persona del plural. ¿A quién se refiere, quién está junto a usted?

R. Esto no es Capriles contra Maduro ni es la reedición de las presidenciales de 2013. Es Venezuela contra Maduro. Lo que pasa es que hay mucho miedo y yo pongo la cara, asumo la responsabilidad, es lo que hacemos los líderes. No se trata de que Capriles tenga un cálculo político. Me atreví a decir lo que todo el mundo piensa. Habrá quien diga que los trapos sucios se lavan dentro de la casa. Llevo más de un año pidiendo una rectificación, un cambio de estrategia, un plan. No se trata de que se lo den a Capriles, se trata de que se lo presenten al país. Esto se agotó. Lo que se viene, si es que no lo hay, es un gran desesperanza y un desentendimiento con la política. La gente está obstinada con los políticos.

P. ¿Cuándo deja de creer en la estrategia de la oposición que lidera Guaidó?

R. Yo ya he dejado cerrado el capítulo de las diferencias. Creo que a partir del 30 de abril de 2019 [la fallida insurrección con algunos militares] nos vinimos en un tobogán; después vino la Operación Gedeón [la incursión paramilitar de mayo de este año] y después, el tiempo. Si Maduro sigue teniendo el control interno, no podemos seguir con la misma estrategia. La política se mueve, el mundo se mueve, ahí está el olfato del líder para revisar las estrategias. La unidad no es simplemente una foto. Si yo tengo que hablar con chinos, rusos, turcos o con los cubanos que a mí nunca me han querido, con cualquier persona que piense distinto a mí, incluso regímenes autoritarios, para parar la tragedia que vive Venezuela, yo lo voy a hacer. Ese es el trabajo de un político.

P. ¿Cuál es las diferencia entre su estrategia y la que plantea Guaidó?

R. No se trata de dividir ni confrontar estrategias. La opción electoral es una que replantea el escenario. Yo hablo de pelear por unas condiciones. En 2005, guardando las distancias, decidimos regalarle la Asamblea a Chávez. Nuestro mensaje era que esa asamblea se iba a deslegitimar. Y Chávez dictó leyes, nombró poderes. No sé si vamos a llegar hasta el final, pero hay que dar la pelea. Si no la damos, significa que ya nos rendimos. Esa asamblea que viene es a la que le toca designar el nuevo poder electoral, que es el que va a regir todos los procesos electorales, incluida una posible elección presidencial. ¿Qué nos ha dado la fuerza ante el mundo libre? Tener un poder legítimo. Y ese poder cumple cinco años el 5 de enero. Una cosa es que Maduro haga fraude y pongamos otra vez al rey desnudo, lo que nos daría una legitimidad. La posición que hay enfrente quiere autoprorrogar la Asamblea, un Gobierno interino que no tiene control interno, una consulta que no es vinculante. Yo no quisiera perder esta oportunidad. ¿Quién tiene en este momento una oportunidad estelar, protagónica? Europa. Por primera vez en 14 años se ha invitado a la Unión Europea a ser observadora electoral. Eso puede abrir un espacio de negociación para que esta elección no termine siendo un cálculo de nadie. Europa tiene una oportunidad histórica para ayudar a que este país recupere la democracia. Si hay condiciones, esta elección puede abrir nuevos espacios de acuerdos que permitan llegar a una elección presidencial. Si hacemos las cosas mal, Venezuela puede pasar de un autoritarismo a un totalitarismo, ocuparían todos los espacios de poder. La cubanización total de Venezuela. Yo estoy en contra de eso.

P. Usted, que pide que se postergue la fecha electoral…

R. No, perdón, no pido que se postergue. Pido que se evalúen las condiciones. Mi opinión es que una situación como esta, con pandemia, con muertos, con un sistema de salud destruido, obliga a postergar la cita electoral. Pero como el régimen de Maduro ha invitado a la Unión Europea, que venga una misión, que evalúe, emita un informe y ponga las cartas sobre la mesa. Yo sé que Maduro ha dicho que llueva, truene o relampaguee habrá elecciones el 6 de diciembre. Él puede decir lo que quiera, pero no ha derrotado la pandemia. Y por encima de cualquier cálculo político, jamás una elección va a ser más importante que la vida de los venezolanos. Lo mismo que evité una guerra civil en 2013, estaré del lado de la vida de los venezolanos.

P. Si la UE acepta la invitación de acudir con una misión de observadores electorales, aunque no se postergue la fecha, ¿usted participaría?

R. Es un escenario completamente distinto. Yo creo que la UE lo que debería hacer es evaluar la condición. Si dice que hay tiempo, es otro escenario político. No es que Capriles participe, es que muchos que hoy dicen que no, darán la pelea. Europa tiene hoy un papel histórico frente a la crisis venezolana. Ya sabemos cuál es la posición de Estados Unidos, que está en medio de una campaña presidencial. El Gobierno de Trump apunta a un elector porque sabe que le da votos. Mi tema no es quién gana la presidencia de Estados Unidos. Mi tema es la situación de los venezolanos. Un pensionista gana dos dólares al mes. Esa es la revolución. La revolución lo único que produce es hambre.

P. ¿Qué haría, en cambio, si la UE no acepta la invitación del Gobierno?

R. No le puedo revelar mi estrategia. Si Europa declina la observación electoral, queda muy comprometido el proceso en Venezuela. Este proceso sin observación internacional… Yo no soy un aventurero, yo soy un luchador. Una misión de observadores internacionales calificada es fundamental en las condiciones institucionales que vive Venezuela. Este CNE [Consejo Nacional Electoral] no es un CNE imparcial. Siempre he creído que más allá de los rectores, la pelea es en las mesas de votación, pero hay una pandemia, no hay gasolina, por lo tanto, se necesita esa observación. La invitación se da como consecuencia de la búsqueda de acuerdos, no es que a Maduro le encante invitar a la Unión Europea. No es gratis.

P. ¿Qué compromisos ha adquirido con el Gobierno?

R. Esto no es un trueque, no estamos intercambiando cosas. Sectores del oficialismo quieren que vuelva la política y yo también. Pero eso requiere que no haya presos, que no haya perseguidos, que haya condiciones. Este es un proceso de generar confianza. En la medida en que tú vas demostrando que estás dispuesto a redemocratizar el país, vamos rescatando la política.

P. Pero en esa búsqueda de acuerdos, el Gobierno habrá pedido algo a cambio. ¿A qué se ha comprometido?

R. No es un tema de que nos hayamos comprometido. Si tú quieres que la oposición participe, tiene condiciones. Eso es lo que el Gobierno está poniendo sobre la mesa. ¿Por qué querrán que la elección salga bien? Yo creo que la pelea con el mundo libre es muy mala. También creo que tiene presiones internas, incluyendo militares, que están inconformes, descontentos, y hay gente que está sacando cuentas, evitando una implosión. Yo no soy de los que cree que una implosión vaya a provocar que la oposición gobierne, esto no es 2+2. Puede haber algo peor, siempre se puede estar peor.

P. Más allá de la participación, ¿en esa búsqueda de acuerdos se ha planteado como condición que se levanten algunas sanciones?

R. Las sanciones no dependen de nosotros.

P. ¿Qué le parecería que se levantaran algunas sanciones?

R. Las sanciones deben ser utilizadas para negociar que en Venezuela vuelva la democracia. Y ahí está el grave error de quien creía que las sanciones iban a tumbar a Maduro. Las sanciones por sí solas no tumban gobiernos.

P. En cierta manera se está beneficiando de una estrategia que no ha dado sus frutos, pero sí ha servido para arrinconar al Gobierno.

R. En la medida en que tengas claro para qué sirven las sanciones. Hay quien pensó que iban a generar un quiebre en el Gobierno. Hay que ser muy cuidadoso de que si aplicas sanciones fuera del Gobierno no afecte al tejido social, que lejos de fortalecer a los venezolanos en la lucha contra Maduro, los debilita. Las sanciones pueden tener el efecto contrario. Maduro no se queda sin gasolina, los venezolanos sí. Si nosotros somos más débiles, ese tejido social que necesitas para presionar al régimen, lo pierdes. Cuidado con debilitar un tejido social ya tan debilitado. En la medida en que eres más pobre, dependes más del Gobierno, en la comida, en el poco combustible… Eso es lo que le he dicho a algunos amigos en Estados Unidos: evalúen bien cómo están haciendo las cosas. Las sanciones son presión para negociar democracia.

P. ¿Quiénes son esos amigos?

R. No voy a nombrar a nadie. Es gente del Gobierno de Trump, también del partido demócrata. Estados Unidos también tendrá un rol importante, le conviene que Venezuela se redemocratice.

P. Uno de los reclamos de la oposición y la comunidad internacional es que todos los presos sean liberados. ¿Es condición indispensable en caso de que haya observación internacional?

R. Por eso Europa puede ayudar mucho. Apretando un botón no se cambian las cosas. Seguramente la libertad absoluta va a depender de la distensión del tema internacional, del que yo no tengo control. Por supuesto que hay que liberar a todo el mundo, la política debe ser de nuevo el eje.

P. ¿Qué papel ha jugado España en estos movimientos?

R. En el caso de España espero que esto no se convierta en una lucha ideológica respecto a sus posiciones sobre Venezuela. Esto es una lucha por vivir. Un paciente en un hospital no está pendiente de si eres de izquierda o de derecha. No se trate de que la Unión Europea se pelee con Estados Unidos, pero veo que el Gobierno de Trump no tiene planteamientos que abran espacios para la negociación. Ojo, ¿negociar para qué? ¿Para que se quede Maduro? No, para que vuelva la democracia. Maduro va a tener que hacer algo.

P. Pero le está planteando a la gente también la posibilidad de regresar a una situación en la que ya han estado, que es ser oposición en minoría.

R. En este momento, no sabemos el final de la película, pero hay que pelear. A mí no me interesa la elección parlamentaria, pero tenemos un problema, no podemos escurrir el bulto. A la Asamblea Nacional se le termina el periodo, no podemos autoprorrogarla, perderíamos la legitimidad. Los que nos hemos abrazado a la legitimidad que nos dio el Parlamento, ¿qué vamos a hacer si no? ¿Un Gobierno en el exilio? Hay que cambiar el juego, más allá de la elección, de ver cuántos diputados podemos tener, eso es secundario. Hay que evitar el totalitarismo. Sabemos qué va a decir Maduro, que la oposición no quiso participar. Tenemos que sacarlo de ahí. La política se mueve, lo peor es cuando crees que es estática.

P. ¿Es viable la unidad en la oposición en este momento?

R. Yo creo que la unidad, que es un medio, si no tiene plan o estrategia, es poco útil para la gente. La unidad no es una foto de líderes, no es que varios partidos saquen un comunicado. La unidad es un medio para lograr cambios. Mi adversario no es Guaidó, mi pelea es contra Maduro, siempre lo ha sido. Si la unidad no tiene estrategia es intangible para la gente, termina siendo irrelevante.

P. ¿Ha hablado con Guaidó después de las críticas que ha lanzado contra él?

R. Participé en un G-4 [el grupo de los principales partidos de la oposición] y se hicieron todos los planteamientos. Yo hago público lo que todo el mundo piensa. No lo hago para generar polémicas, lo hago porque si no hay una intención de rectificar y se nos quiere llevar al abismo, hay que ponerle un freno. Vamos a unirnos para salvarnos, no para morirnos.

P. El pasado viernes se inscribieron 277 nombres en la tarjeta de Fuerza del Cambio. ¿Quiénes son esos candidatos?

R. Se llenaron los espacios por un tema de cronogramas. No son definitivos. La Fuerza del Cambio es una tarjeta que se creó para acreditar testigos presenciales en las elecciones contra Chávez y que se reactivó por los alcaldes para competir en las elecciones de concejales. No hay nada truculento u oscuro. Lo que hemos hecho es evitar quedarnos por fuera. Pero no son los candidatos, porque no vamos a presentar candidatos hasta que no tengamos condiciones.

P. ¿Cuáles han sido los criterios para indultar a más de 100 presos y perseguidos?

R. Los criterios no los sé. Si tú quieres que los diputados aspiren a reelegirse o compitan por seguir en el Parlamento, no puedes tenerlos con juicios, en el exilio, en embajadas, presos… Pero eso es una decisión del régimen. ¿Están todos? No. ¿Que es una señal de que la lucha debe ser política? Sí.

P. En esa lista no están, por ejemplo, Juan Guaidó, Leopoldo López o Julio Borges, ¿estaría dispuesto a acudir a unas elecciones si no se les indulta?

R. Hay que seguir buscando la libertad de todos. No debería haber un solo preso. El tema de la Asamblea Nacional no es una cosa que yo quiera, nos encontramos con un peaje enfrente. Se termina el periodo constitucional. ¿Qué hacemos? Yo estoy seguro de que Maduro no quiere que participemos en las elecciones. Nosotros nos hemos vuelto muy predecibles. Imagínese que la oposición entera dice que no le va a regalar la elección. Le aseguro que Maduro la pospone. Me gustaría comerme el elefante de un bocado, pero no es posible. Y el adversario lo sabe, por eso te pone siempre al extremo. Ahí entra la necesidad de dejar de volvernos predecibles.

EL PAIS DE ESPAÑA

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