Científicos de Singapur han localizado una variante, que se extendió entre enero y marzo, que parece causar una enfermedad más moderada

Los virus son entidades capaces de cambiar y mutar con gran rapidez pero, por ahora, las evidencias muestran que el SARS-CoV-2 «ni se está debilitando ni se está haciendo más virulento», tal como ha escrito el microbiólogo Ignacio López-Goñi en un artículo recientemente publicado. A diferencia del virus de la gripe, que es todo un maestro del cambio, el SARS-CoV-2 está mostrando ser «relativamente estable», según recuerda este científico.

Sin embargo, eso no quiere decir que no esté cambiando en absoluto. Científicos de la Red de Inmunología de Singapur ha identificado una mutación del SARS-CoV2 que podría estar vinculada con síntomas más moderados de COVID-19. En un artículo recientemente publicado en « The Lancet», los investigadores han informado de la detección del linaje viral, al que han llamado ∆382, que causa unos síntomas más leves de COVID-19 y en el que la respuesta del sistema inmunitario parece ser más eficaz.

«Las secuelas clínicas fueron considerablemente mejores en pacientes infectados con la variante ∆382 que con la salvaje —la original y más habitual—», han escrito los autores, encabezados por Danielle E. Anderson. «Aunque la incidencia de neumonía en radiografías de tórax fue similar (…) menos pacientes —infectados con esa variante ∆382— requirieron oxígeno complementario». Además de eso, han averiguado que estas personas liberaron menos citoquinas, unas moléculas que en esta enfermedad pueden resultar dañinas durante la fase aguda de la infección.

Detectado en Singapur

La variante ∆382 se detectó en Singapur entre enero y febrero de 2020 y no ha vuelto a ser localizada desde entonces. Sin embargo, los autores han concluido que el estudio de ésta y otras variantes «puede mejorar nuestra comprensión de la virología y patogénesis del SARS-CoV-2, lo que podría tener implicaciones para el desarrollo de tratamientos y vacunas».

Dicho linaje presenta una deleción (eliminación) de una porción de su material genético: en concreto, de 382 nucleótidos, los ladrillos básicos del ADN y el ARN. Este «borrado» genético afecta a la secuencia de gen por el que el coronavirus produce la proteína ORF8.

Aunque la función de esta proteína ORF8 no está del todo clara, algunos estudios la han vinculado con la evasión del sistema inmunitario. También se ha averiguado que hasta 47 proteínas humanas interaccionan con ella. Al parecer, ORF8 interfiere con la maquinaria celular que «produce» proteínas.

Una enfermedad con síntomas más leves

Para relacionar el linaje mutante ∆382 con la enfermedad, los investigadores recogieron datos clínicos y radiológicos y recogieron muestras de sangre y del sistema respiratorio de decenas de pacientes. En total estudiaron a 131 personas: 92 de ellas estaban infectados por el virus «salvaje», 29 del mutante ∆382 y 10 de ambos.

De esta forma, observaron que la hipoxia, la deficiente oxigenación del organismo causada por los daños que hace el virus en los pulmones, era menos acusada en los infectados por la variante ∆382. De hecho, ninguno de los 29 infectados por este virus necesitó suministro de oxígeno, mientras que el 28% de los infectados con la variante salvaje sí que lo necesitaron.

Después de ajustar el efecto de la edad y otras enfermedades, concluyeron que estar infectado con la variante ∆382 efectivamente está asociada con un menor riesgo a necesitar un suministro de oxígeno al infectarse.

Tal como han recordado los autores, el SARS, un coronavirus causante de un brote entre 2002 y 2003, experimentó una mutación que afectaba al gen de la proteína ORF8 y que acabó disminuyendo la severidad de la enfermedad.

Un punto caliente de mutaciones

Por eso, los científicos han concluido que sus resultados refuerzan la idea de que ORF8 sea un posible blanco para nuevas terapias. También han considerado que la deleción de ORF8, aparecida en SARS y SARS-CoV-2 sugiere que esta región tiene un importante papel en la adaptación en humanos.

«Los estudios han informado que ORF8 es fuertemente inmunogénica —es decir, que es esta proteína activa la respuesta del sistema inmunitario— y que el organismo produce anticuerpos contra ORF8 al comienzo de la infección», han escrito los autores. Por eso, la presencia de cambios en la secuencia de ORF8 podría aumentar el éxito del virus en algunos casos. Por eso, los investigadores lo han considerado como «un punto caliente de variación genética en el coronavirus».

Aparte de esta mutación en el linaje ∆382, en otros estudios se ha detectado que la variante D614G, que comenzó a circular de manera frecuente a partir de febrero y que es predominante en Europa, Estados Unidos y también en América del Sur, aumenta la capacidad de transmisión y contagio del virus.

ABC DE ESPAÑA

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