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Integración con justicia y sin complicidades, por Gregorio Salazar

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Cualquiera se entusiasmaría cuando oye que un grupo de ex presidentes, ex cancilleres, ex ministros y otras personalidades del continente le han dirigido a Nicolás Maduro un llamado a la integración porque eso, en principio, suena como a exigirle un viraje que permita que Venezuela se engrane en el mismo marco del respeto al Estado de Derecho y valores de la democracia que los demás países de la región, salvo, como se sabe, de Cuba y Nicaragua.

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Uno, positivo, se dice: caramba, ya era hora que ese liderazgo reunido en el campo de la izquierda le dijera a Maduro que abandone su deriva antidemocrática porque de otra manera no están dispuestos a compartir tarima –palmadotas y sonrisas a flor de labios– con un régimen que hoy por hoy está acusado por los órganos de la comunidad internacional, profusa documentación de por medio, como un violador contumaz de los derechos humanos, negador de libertades políticas y ciudadanas.

Como si dijeran: nos opusimos a que Biden te excluyera de la Cumbre de las Américas, defendimos tu derecho a estar allí y por ti casi le empatucamos la fiesta al gringo, pero no creas que con semejante prontuario vas a regresar –¡como si nada!– al club.

Club ahora ampliado y que, por cierto, tiene muchos defectos y estropicios en su haber, pero en modo alguno puede ser considerado un conciliábulo de dictadores.

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Bueno, no es así ni lejanamente como están planteadas las cosas en la epístola de casi 2.500 palabras que estas personalidades han dirigido a Maduro. Y no creemos que ello sea así por exceso de consideración de camaradas, quien sabe si por temor a la irascibilidad de algún vocero del régimen que haga uso de la acostumbrada «diplomacia» escatológica y eso mismo aborte cualquier iniciativa. Preferimos pensar, renuentes al pesimismo, que es porque habrá emisarios más directos.

Se pasean los remitentes por la compleja realidad geopolítica mundial, la devastadora crisis climática, los pernicioso efectos de la pandemia en todos los ámbitos, los reacomodos del orden mundial tras la guerra de Putin, la caída estrepitosa de la economía de la región latinoamericana, pero aterrizan con tanta delicadeza en la necesidad de la integración que a los medios de Maduro les quedó espacio suficiente para titular: «Plantean al presidente Nicolás Maduro relanzar Unasur». Vaya, Superbigote al rescate…

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*Lea también: Amnistía general y Pacto de Convivencia, por Víctor Álvarez R.

Es un hecho que con la clara mayoría de gobiernos de tendencia izquierdista en la región y los acérrimos cuestionamientos a la OEA de Almagro la decisión del grupo es darle un reimpulso a la Celac, como lo hizo López Obrador en septiembre de 2021, y ahora el proyecto tiene en cola a Unasur. Pero, ¿tanto palabrerío nada más para convencer a Maduro de la necesidad de sumarse a esa iniciativa regional cuando se supone que allí, siendo Venezuela país fundador, debería sentirse como en casa?

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Pero para que no se nos tilde de pesimistas a ultranza vamos a afirmar que no todo es pérdida. Aunque el emplazamiento sea tibio y sutil tiene sentido de oportunidad –y ojalá que vocación de sinergia– cuando Maduro viene recibiendo emplazamientos desde Estados Unidos y Europa para que se abra a un verdadero diálogo. Y no menor ha sido el llamado de Petro para que Venezuela regrese al sistema interamericano de los derechos humanos.

Yendo más lejos, tampoco se le puede restar pertinencia a la afirmación según la cual «la integración es hoy más necesaria que nunca» porque «un esfuerzo significativo en esa dirección permitirá alimentar un círculo virtuoso que fortalecería las instancias multilaterales y aportaría a un bien superior hoy día en peligro: La Paz».

Una paz que, en nuestro caso, sólo llegará con el pleno respeto a la Constitución Nacional, a las garantías para todos los venezolanos a la hora de ejercitar sus derechos, sin temor a represalias y a persecuciones, sin que el disenso o la competencia electoral se conviertan en causales de criminalización y sin el abuso del poder exacerbe las condiciones para la perpetuación en el poder.

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Si algún pueblo sabe de «una historia de sueños rotos, promesas incumplidas y oportunidades perdidas», esa que dicen querer dejar atrás los firmantes de la carta, es justamente el venezolano. Que la integración sea espacio para la justicia y no para complicidades.

Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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