Estaba desesperado. ¡Necesitaba gasolina para trabajar! Ni haciendo cola lograba cargar el tanque. Pero un estado de WhatsApp fue mi salvación. ‘Tengo gasolina a 2 dólares el litro’, eso puso en su celular un guardia que conozco”.

ALEXANDER GONZÁLEZ || CRÓNICA UNO

 

 

Esta historia —la del trujillano Enrique Viloria— se repite a diario en Venezuela, un país petrolero con escasez de gasolina, la cual debe comprarle a otro país petrolero sancionado por Estados Unidos: Irán, y se la vende a los ciudadanos venezolanos en la moneda del país sancionador (EE. UU.), es decir, en dólares.

 

 

Lamentablemente, en Venezuela la coyuntura económica genera nuevas formas de “bachaqueo”. La marcada escasez de combustible hace que surjan nuevos negocios ilegales que, de manera desafortunada, ahora protagonizan los funcionarios que en teoría son los encargados de “proteger al pueblo de la especulación” y la llamada “viveza criolla”. Es a los militares a quienes se les encomendó “resguardar y organizar” la venta del escaso combustible que se distribuye en la nación.

Una triste “rutina”

En Venezuela la escasez del combustible se comenzó a sentir de manera significativa “casualmente” cuando Nicolás Maduro ordenó la cuarentena nacional por la pandemia del COVID-19.

Desde entonces es común leer noticias y reportes ciudadanos en el que las mujeres dan a luz en la calle por falta de transporte público, despidos indirectos y renuncias masivas de ciudadanos por la imposibilidad de llegar hasta sus puestos de trabajo, enfermos crónicos clamando un poco de gasolina para asistir a los centros clínicos y cumplir con sus tratamientos, en especial los pacientes renales, quienes deben hacerse seguidamente sus diálisis.

En Trujillo a los Bomberos les ha tocado empujar el vehículo oficial porque este se ha quedado sin gasolina. Han sucedido casos más extremos: personas que pierden la vida mientras esperan por días en la cola de la estación de servicio.

En varias oportunidades los ciudadanos han sido testigos de anuncios oficiales, en los cuales las autoridades hablan de planes de suministro de gasolina para “recuperar la normalidad” paulatinamente, bien sea con combustible comprado a Irán o con la sutil producción nacional que de manera intermitente genera la quebrada Pdvsa.

Con las dos modalidades aprobadas por el régimen, los ciudadanos venezolanos “pasan aceite” para comprar combustible con la devaluada moneda nacional (bolívar) o en divisas (dólares). Las estaciones de servicio habilitadas para comprar gasolina con la moneda nacional “curiosamente” son las primeras en agotar su inventario, mientras la única opción restante es comprar en dólares.

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LA PATILLA

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