Varias ciudades de España programan ciclos de conciertos entre las restricciones por la pandemia

La cantante Rigoberta Bandini reconoce que llora en los conciertos cuando interpreta Fiesta. Se emociona porque la compuso confinada y le transporta a la vida prepandémica: “Habla de esa fiesta de la que nunca me iré cuando el mundo vuelva a ser mundo”, dice por teléfono. La artista, de nombre Paula Ribó (30 años, Barcelona), se alegra de que se retomen las actuaciones progresivamente esta primavera. “Estoy agradecida por los festivales, las salas y todos los miembros del sector que están haciendo un sobresfuerzo”, añade. Ella participa en el ciclo Cara-B, organizado en su ciudad natal. Es uno de los festivales que se ha adaptado a estos tiempos, con el pop y rock independiente que no quiere estar en casa y defiende en sus ciudades un espacio para la música menos comercial. Otros ejemplos son Encaja2, en Gijón, o las sesiones Vermut Bala, en Madrid.

Además de Rigoberta Bandini, actuarán en Cara-B Ladilla Rusa, Joe Crepúsculo o La Zowi, entre otros. Apunta el codirector, Adrián D. Bóveda, que este festival se creó “para paliar cierto hueco que no existía en Barcelona”. “Es música juvenil para un público curioso, con ganas de descubrir nuevas propuestas que no se escuchan habitualmente en otros espacios”, y añade que ya desde hace cuatro años agotan las entradas.

Por las restricciones, han pasado de un festival a un ciclo, llamado Cara-B Xtra, en el que han reducido el aforo en la Fábrica de Creación Fabra y Coats a 300 personas por espectáculo y han habilitado una entrada para cada uno de los 15 conciertos ―antes con una sola se podía asistir a varios―. El codirector de Cara-B sostiene que, pese a las dificultades, se sintieron “en la obligación de proponer algo”. Además, señala la responsabilidad de las Administraciones, tanto local como autonómica, de apoyar a las salas de conciertos y a otros eventos culturales y musicales: “Si la rentabilidad económica era pobre, porque no es un festival comercial, es de nicho, ahora mismo son deficitarios”, asegura.

“Estamos intentando recuperar a grupos paralizados y artistas con problemas psicológicos que han vuelto a casa de sus padres”

Juan Santaner, de las sesiones Vermú Bala en Madrid

Juan Santaner, que organiza en distintos espacios de Madrid las sesiones Vermú Bala, subraya lo duro que ha sido la cancelación de festivales: “Estamos intentando recuperar a grupos paralizados y a artistas con problemas psicológicos que han vuelto a casa de sus padres”. El año pasado se anularon 82 conciertos, pero se han adaptado a las circunstancias con una puesta por un horario matinal: “Se nos ocurrió como una forma segura de que los artistas de nuestra agencia (Industrias Bala) volvieran poco a poco”. En esta edición, su quinto aniversario, ya llevan 10 recitales y tienen programados aproximadamente otra decena, donde tocarán Los Hermanos Dalton, Crudo Pimento o Sofía Comas.

“Hemos tenido que hacer salvoconductos para que algunos pudieran ensayar. Estamos sumidos en la inseguridad”, admite, y menciona lo “devastador” que es que los Gobiernos no sean conscientes de que es un “sector esencial”. Ante la tragedia, encuentra muchos motivos para apostar por la música alternativa, pero destaca dos: la salud mental y la económica. “No estoy tan interesado en los grandes eventos porque son negocios distintos, apuesto por la gente independiente, alternativa y con talento”.

Un concierto del ciclo Encaja2, en la Caja Escénica del Teatro Jovellanos (Gijón).
Un concierto del ciclo Encaja2, en la Caja Escénica del Teatro Jovellanos (Gijón).

Pedro Vigil, uno de los creadores del ciclo de conciertos Encaja2, también quería ayudar desde Gijón a los grupos independientes. La idea surgió justo en pleno confinamiento con una videollamada: “Somos una empresa pública y nuestra gerente nos pidió que buscáramos propuestas. Le dimos vueltas a un formato flexible para reactivar la Caja Escénica del Teatro Jovellanos”. Optaron por público restringido, de 30 o 40 personas, y con la opción de ver el espectáculo en línea. “La idea fue llevar el teatro a casa con una producción cuidada”, explica.

Comenzaron en julio del año pasado, llevan más de 20 conciertos, donde han tocado artistas como Óscar Mulero, Rodrigo Cuevas o Pablo und Destruktion, y tienen cerrada la programación hasta junio, con músicos como San Jerónimo, L’Exotighost, Cicada o Ainara Legardon. Aun así, Vigil se lamenta de la desaparición de una clase media de grupos que eran profesionales: “Apoyamos a la escena local, tiramos de un perfil que no tenga otras vías de crecimiento”.

Ante la crisis, Rigoberta Bandini anima a volver a los espectáculos. “Alimentan nuestro espíritu y son buenos para el corazoncito”. Ella invita a su Fiesta: “Cantar es una catarsis que se multiplica en los escenarios. Es una experiencia colectiva tan potente…. Y la hemos vivido juntos”.

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