A dos meses de la conformación del Parlamento bajo control absoluto del oficialismo y la realización en la esquina opositora de la Consulta Popular, vale la pena intentar un balance siquiera somero de lo que las líneas de acción les están dejando a cada extremo de los polos como dividendos contantes y sonantes. Balance que, para mejor utilidad, mientras más descarnado mejor.

Si usted es opositor, radical, pero muy radical, para el cometido arriba enunciado le recomendamos no quedarse atollado en los cuestionamientos de orden formal o legal que marcan la seguidilla de las estaciones por las que nos lleva el viacrucis oficialista, puesto que esas “menudencias” democráticas ya el régimen las convirtió en bagazo.

Vayamos a lo concreto: se adueñaron del Poder Legislativo, que daba base legal al gobierno interino; incorporaron a un sector político que, por muy minúscula comparsa que sea, se asume sentada a la derecha de “Dios padre”. Véanlos nomás en la reunión con Fedecámaras cobrando visibilidad y aportando “legitimidad” a la iniciativa más apremiante del régimen en lo inmediato: tender puentes de diálogo y eventualmente a iniciativas para algún tipo de reanimación mínima de la economía.

¿Tuvieron éxito en las preliminares? Parece que sí y disculpe la falta de anestesia. Oigamos al presidente de Fedecámaras, Ricardo Cusanno: “Seguir satanizando el diálogo y la negociación en Venezuela es un grave error”, y poco después anunció que llevarían a la AN el viernes 5 unas propuestas.

 

 

Es verdad que estamos hablando del mismo régimen que expropió, cercó, arruinó y desmanteló a un gran número de empresas privadas y a las estatales, principalmente a Pdvsa, el dinamo del país. Es cierto que no tienen recursos que ofrecer. Es verdad que este 28 de febrero se cumplirán siete años desde que Lorenzo Mendoza llevó su agenda económica al mismísimo Miraflores y salió diciendo: «Agradezco que esta propuesta haya sido tan bien recibida por el Ejecutivo y que su instrumentación haya comenzado de forma inmediata». Y nada pasó. Pero no se detenga allí.

El hecho es que el régimen ha salido en busca de interlocutores y va expandiendo su influencia y articulaciones empujando cada vez más fuera de juego a los sectores opositores que encabeza Juan Guaidó. También quiere incorporar al sector universitario, al que antes asfixió.

Ese pasado de dislates y corruptelas para el chavismo no existe: se asumen como un nuevo gobierno que llega sin ninguna responsabilidad en la devastación del país durante estos fatídicos 21 años. Casi que nos dicen que vienen a arreglar los desastres que dejó “el gobierno anterior”.

Pero así van avanzando en su plan. En lo político manosean el proyecto del partido único, un hegemón rodeado de individualidades incapaces de unirse ni para exigir verdaderas garantías electorales. ¿Qué tal unas mega elecciones donde con la correspondiente mega abstención la oposición termine de quedar fuera de toda instancia de poder? Tétrico.

Del lado del cercado opositor, Guaidó está obligado a mantener el reconocimiento internacional para conservar el control de los activos de Pdvsa asediados por deudores que han ganado varios rounds en tribunales. Solo la protección del gobierno gringo impide el remate de la “joya de la corona” que es Citgo, con sus refinerías, sus más de 4.300 estaciones de gasolina que abastece con más de un millón de barriles diarios de combustible. Unos 7 mil millones de dólares vale todavía. El golpe más contundente dado al régimen.

¿Pueden mantenerse Guaidó y sus aliados en una línea ajena a la disputa de las instancias de poder regional mientras pierden apoyo internacional? Toca admitir que eso cada vez se ve más difícil. Se nota como una especie de compás de espera sobre las decisiones que vendrán del norte. Mientras, se da como una especie de goteo declarativo opositor que pide un cambio de estrategia partiendo de negociaciones y participación electoral.

“La estrategia tiene que cambiar”, dice Capriles (PJ) pide incorporar lo humanitario. Mientras La Causa Radical, uno de los aliados más incondicionales de las políticas de Guaidó habló desde el destierro a través de Américo De Grazia: “¿Debemos ir a las regionales? Sí. Y sin complejos”.

AD y PJ han comenzado a movilizarse tímidamente. Los alcaldes opositores de municipios caraqueños no están dispuestos a entregarlos. ¿Una política unitaria no podría arrebatar varias gobernaciones y alcaldías al régimen? Un debate que cobrará vigor en las próximas semanas. Con realismo, pedagogía y decisiones oportunas se podrá.

Gregorio Salazar es Periodista. Exsecretario general del SNTP.

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