Hasta ahora, se han detectado señales indirectas que se han atribuido a actividad biológica fuera de la Tierra, pero siempre han estado lejos de ser pruebas irrefutables

DANIEL MEDIAVILLA

Es difícil imaginar un descubrimiento más excitante que la vida extraterrestre. Sabemos que el cosmos entero está hecho con los mismos ladrillos, átomos de hidrógeno que se fueron acumulando hasta formar estrellas, que al estallar produjeron nuevos elementos que acabaron llenando la tabla periódica. Pese a la diversidad de los mundos que pueblan el Sistema Solar, sus volcanes, sus llanuras o sus océanos están compuestos de los mismos materiales que la Tierra. Sin embargo, en nuestro planeta sucedió algo, no mucho después de su formación, que permitió a algunas combinaciones de elementos cobrar vida, y, tras miles de millones de años de evolución, hizo posible la aparición de primates capaces de preguntarse si aquel fenómeno fue un milagro único o la vida, como las montañas, es frecuente en el universo.

Los científicos nunca han logrado explicar bien cómo pueden aparecer seres vivos a partir de elementos inertes, pero hay cierto consenso en que al menos las formas más simples de vida no deberían ser una rareza en el cosmos. Se cree que los primeros seres vivos aparecieron en la Tierra unos pocos cientos de millones de años después de su formación, hace 4.540 millones de años. Los primeros animales, sin embargo, necesitaron 3.500 millones de años más para aparecer, y pasaron 500 millones de años más hasta el ascenso humano. Los seres inteligentes son mucho más raros que las bacterias.

Marte y Venus tuvieron océanos poco después de su formación y fueron mucho más habitables que hoy

Pese a lo fascinante del hallazgo de vida fuera de nuestro planeta, puede que el proceso para descubrirla no sea tan emocionante. Los alienígenas inteligentes son una rareza y puede que se encuentren en regiones del universo inalcanzables y los microbios se van a descubrir poco a poco, a través de sus señales, mucho antes de poder verlos bajo el microscopio. Cuando lleguen allí, es posible que décadas o siglos estudiando de forma indirecta su existencia hayan diluido la sorpresa.

Este lunes, la revista Nature Astronomy, anunció el descubrimiento en la atmósfera de Venus de fosfano, un gas que en la Tierra tiene fundamentalmente un origen biológico. Los autores sugieren que, una vez descartados otros posibles orígenes para la sustancia, esta podría ser una señal de que en las partes altas de la atmósfera, donde la temperatura y la presión atmosférica son algo más soportables que en la superficie, podría haber seres vivos. Habrá otros grupos que buscarán mejorar las observaciones con telescopios terrestres o espaciales, pero solo una misión al planeta para tomar muestras confirmaría sin dudas la existencia de vida extraterrestre.

No es la primera vez que se anuncia el descubrimiento de alienígenas microscópicos a partir de señales indirectas. En 1976, las sondas Viking tomaron muestras del suelo de Marte en busca de este tipo de indicios. En un experimento liderado por Gilbert Levin, mezclaron nutrientes marcados con carbono radiactivo con muestras del suelo. De ese modo, observaron la producción de metano radiactivo, una señal que se interpretó, al menos momentáneamente, como un indicio de que había microbios metabolizando los nutrientes y generando el gas. Décadas después, el consenso científico considera que aquellos resultados no son concluyentes, aunque Levin ha seguido defendiendo que detectaron vida.

EL meteorito ALH84001, en el que se pensó que se habían encontrado indicios de vida marciana
EL meteorito ALH84001, en el que se pensó que se habían encontrado indicios de vida marcianaNASA

Dos décadas después, en el verano de 1996, un grupo de científicos de la NASA afirmó que habían encontrado microbios fosilizados en una roca llegada hace 13.000 años de Marte y que se había encontrado en la Antártida en 1984. Como en casos anteriores, las evidencias eran indirectas. El meteorito contenía partículas de magnetita, un mineral que a veces se encuentra en las bacterias terrestres. Con el tiempo, se han acumulado pruebas de que la magnetita no era como la que se halla en las bacterias y que los cristales que formaban podían deberse a otros procesos químicos. Como su colega Gilbert Levin, David McKay, el líder del equipo de la NASA que firmó aquel anuncio de vida extraterrestre, ha defendido sus resultados durante años.

Mucho más lejos, en el satélite de Júpiter Europa, también se han encontrado rastros de azufre que algunos científicos han atribuido a la actividad biológica. Este elemento apuntaría a que el océano descubierto bajo la superficie helada de esta luna podría ser habitable, pero como en ocasiones anteriores se han encontrado explicaciones más simples que la existencia de vida.

En las próximas décadas, existen planes para desarrollar misiones que busquen vida en Europa, pero la experiencia de esa búsqueda en mundos mucho más cercanos como Venus y Marte da una idea de las dificultades de los cazadores de extraterrestres. También hay esperanzas puestas en muchos de los exoplanetas descubiertos en los últimos años, pero allí, una vez más, deberán encontrarse señales inequívocas de actividad biológica y visitar esos mundos, a años luz de distancia, requerirá tecnologías de viaje aún no inventadas.

Si algún día se encuentra por fin vida en Marte o Venus, se trataría de un indicio de su ubicuidad en el universo, pero también de la fragilidad de las formas más complejas cuando las cosas se ponen feas. Tanto Venus como Marte fueron más habitables en sus orígenes, con océanos que cubrían su superficie. En aquellos primeros cientos de millones de años de existencia, como sucedió en la Tierra, pudo aparecer la vida. Después, Venus se convirtió en un infierno provocado por el efecto invernadero y Marte perdió una atmósfera protectora para la vida. Es posible que en el primero algunas bacterias se refugiasen en las capas altas de la atmósfera, donde la presión y el calor son soportables para las más resistentes. En Marte, los microbios se habrían retirado al subsuelo. Por ahora, son hipótesis tan plausibles como que la vida nunca llegó a surgir en aquellos mundos o que dos cambios climáticos extremos la arrasaron del todo.

EL PAIS DE ESPAÑA

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