Debo contarme entre los millones de televidentes que se fueron a dormir en la madrugada del 4 de noviembre convencidos de que Donald Trump iba rumbo a la increíble hazaña de derrotar por segunda vez las encuestas y reelegirse en la presidencia de los Estados Unidos.

Eso no estaba en nuestras expectativas pero fue la conclusión preliminar que sacamos siguiendo la transmisión de CNN en español, incluidas la alocución triunfalista de Trump y la más moderada de Biden. Caras largas de los analistas demócratas y del propio moderador latino, visiblemente anti-Trump, pero sobre todo su afirmación de que “se derrumbó la muralla azul”, en alusión a los estados Michigan, Pennsylvania y Wisconsin, que de antemano se dan por descontado en la canasta demócrata cerraron la equivocada matriz informativa.

Trump punteaba en la mayoría de los estados y en Pensilvania ganaba por más de 500 mil sufragios. Cabalgaba en la cima del treding topic. Una sola persona con las que intercambié opiniones a esa hora, el politólogo Xavier Franco, estaba convencido de que Biden ganaría gracias a los votos por correo, cuyo número sumado al de los votos anticipados totalizaban 100 millones de sufragios recibidos antes del 3 de noviembre.

Qué le hizo suponer a la cadena norteamericana que el sistema electoral de EEUU sería capaz de procesar semejante cifra hasta tener tendencias definitivas o irreversibles en una sola noche, no lo sabemos. Lo cierto es que a la mañana siguiente Michigan inició las volteretas que concluyeron con el sólido triunfo de Joe Biden.

Algunos medios, tan contrarios a Trump como CNN, impulsaron impensadamente su estrategia de denunciar antemano un fraude en las votaciones por correo. Obsérvese que Trump, al cuestionar un sistema centenario y certificado como seguro, no llamaba a fortalecer los flancos débiles del servicio, no puso dinero para blindarlo, simplemente llamó a no votar por esa vía, la más lógica y segura en tiempo de pandemia, en la continuación de un tozudo y prolongado forcejeo con el virus, lo que finalmente le costó la victoria.

Polémica ha sido también la decisión de algunas cadenas televisivas de sacar del aire a Trump cuando impulsaba su tesis del fraude, por considerar que se trata de información falsa. Unos denuncian censura y otros una conducta autorreguladora.

El impacto de la derrota de Trump sobre la oposición venezolana causa estupefacción. A juzgar por lo que corre en las redes, un porcentaje altísimo no concibe el revés del millonario populista. Se repiten hasta la saciedad las informaciones sobre los supuestos trucos y ardides mediante los cuales robaron al presidente. Audios, videos, memes e informaciones, amplísimas explicaciones sobre el papel del supuesto “estado profundo”, sobre lo sólido de la denuncia de Trump y su segura proclamación circulan a mares.

No le dice nada a una parte muy importante de la oposición venezolana el reconocimiento a Biden por parte de aliados históricos de los EEUU y favorecidos por Trump, como Israel o los gobiernos de Alemania, Francia, Canadá, Japón y Reino Unido. Más aún, el propio presidente interino Juan Guaidó, que en cuestión de horas reconoció el triunfo de Biden y lo felicitó.

A los medios se les acusa de haber “proclamado” indebidamente a Trump, cuando lo que han hecho es procesar los resultados por estado, sumar los colegios electorales que aporta cada uno e informar: “Ganó Biden”.

Lamentablemente, la fe del opositor venezolano en el voto parece cada vez más destruida, se le tiene como un instrumento que no merece confianza, es débil y fácilmente manipulable, aquí como allá. Trump dejará la presidencia y ahora deberá dar la pelea dentro del partido republicano. Pero el daño hecho a la credibilidad de sus seguidores sobre el sistema electoral de los Estados Unidos es inconmensurable.

Nadie está seguro hasta dónde llegará Trump, que movió 70 millones de electores, en su alocada carrera por mantener como un factor de poder en el país del norte y hasta volver a luchar por la presidencia. Tampoco cuánto costará recuperar la esperanza de los venezolanos en una salida democrática.

Gregorio Salazar es Periodista.

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