Frente a excesivas inseguridades y amenazas más requerimos descripciones claras sobre hacia dónde ir. El mapa político está cambiando, aunque no haya desaparecido enteramente su portada anterior. Entre los signos de mudanza, observamos los siguientes:

  1. Masivo cambio de identidad política. La conducta y el sentimiento mayoritario son el rechazo y la rabia ante el gobierno. Acentuación de la protesta.
  2. Crecimiento del chavismo descontento que reclama el alejamiento de los objetivos de un Chávez potenciado por su ausencia. Insinuación de una línea de resquebrajaduras en el bloque de poder.
  3. Fragmentación de la oposición. Dependencia de soluciones y factores externos por su debilidad interna.
  4. Mayor cohesión del núcleo duro de poder. Hay mayor control social. Galopan sus dos caballos de Troya: a) la población comienza a pensar como le conviene al gobierno, b) los valores autoritarios son absorbidos hasta por la oposición.
  5. Extensión de la polarización porque proporciona certezas. El modo de hacerlo es ofreciendo creencias sin verificación, creando verdades fijas e indiscutibles, promoviendo el fanatismo y negando las posiciones intermedias. Los polos, que se oponen y chocan, no permiten el intercambio o la variación de opiniones sino la extinción de toda visión diferente a la polarizada.
  6. Lucha inauténtica por la democracia porque sus defensores postergan su ejercicio para después que Maduro caiga. Esto impide configurar la democracia desde la autocracia vigente y encallejona la preferencia por opciones militares o insurreccionales. La construcción anticipada de la democracia debe ser un deber de los que luchan por su vigencia.
  7. Inicio de una rectificación. El abandono de la estrategia insurreccional es la única opción para asumir un refortalecimiento opositor. Sin cambio estratégico y unidad, vendrá la desaparición catastrófica de la resistencia desde los partidos.
  8. Se ensancha la brecha entre la oposición y la gente que ya vive en las ruinas del país. El acta de acusación de la destrucción es la indefensión de los más vulnerables.
  9. Las condiciones internas de la oposición son más importantes que las electorales. Las primeras dependen de nosotros, las segundas del gobierno. Las mínimas: 1) Una estrategia consensuada y plan compartido; 2. Reglas de respeto mutuo; 3. Algún sistema de relación y comunicación con la gente para defender sus derechos donde ellos sean vulnerados.
  10. Hay tres estrategias opositoras compitiendo: la del extremismo insurreccional; la de los moderados, centrada en mantener presencia dentro de la AN y la de los radicales que exigen garantías democráticas mínimas para participar. Habrá unidad cuando los hechos indiquen cual combinación de ellas es la más viable y menos costosa para el país.

En este contexto reaparece Capriles, diferenciándose sin romper con el G4. No pide desconocer el liderazgo sino reconocer una nueva estrategia. Tuvo valor para ponerla en marcha al abrir con el gobierno la negociación que ha dado mayores resultados y demostrar que es capaz de mantener el objetivo principal, al exigir el aplazamiento de las elecciones, reforzando su óptica con las demandas de la UE. No cerró la rendija y mantiene la mano tendida hacia los sectores gubernamentales necesarios para ciertas reformas parciales. Lo hizo prácticamente solo. Sin descuidar el cable a tierra con la gente. Movió los tableros.

Falta por ver, después de nadar a su estilo, hacia qué orilla remará Capriles. El futuro, aquello sobre lo cual podemos acordarnos para moldearlo juntos, es nuevamente una esperanza concreta.

TAL CUAL

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