El rol de los diputados de oposición que quedamos para este nuevo período en la Asamblea Nacional es sumamente complejo. Por un lado, más allá del número, algunos desean que continuemos cayéndonos a golpes diariamente con la bancada del PSUV; por otro lado, tenemos a algunos excolegas delirando, como si siguen siendo parlamentarios o, peor aún, uno de ellos creyéndose el cuento de que es Presidente.

No podemos continuar con una oposición que actúa con las vísceras y no con la inteligencia. Es decir, prorrogar una confrontación estéril, seguir en una polarización sin sentido, en la que el único perdedor continúe siendo nuestro noble pueblo.

La política no está hecha de deseos, se construye con hechos que influyen en las condiciones y actores reales.

Lamentablemente, quienes menos lo entienden son los que más gritan destempladamente, los que prejuzgan y señalan con el dedo a diario a todos los que no pensamos como ellos.

Por estas razones, lo primero que hay que entender es que tenemos que arrancar prácticamente de cero, así como eliminar ese característico rasgo tóxico de la oposición de creer que, porque más del 80% rechaza al gobierno nacional, eso se traduce automáticamente en 80% de apoyo hacia ellos.

El mejor ejemplo de la crisis de liderazgo nacional existente se vio el pasado 12 de febrero —a propósito del Día de la Juventud— cuando un grupo de los que dicen ser “dirigentes” y “líderes nacionales” no lograron reunir, en pleno corazón de Chacao —en el este de la ciudad capital y uno de los municipios más opositores del país— a 200 personas.

Lo cierto es que hasta un dirigente opositor pudo reunir más gente en Barlovento, específicamente en Caucagua, siendo esta jurisdicción muchísima más pequeña; pero, además, eran simpatizantes del oficialismo. En paralelo a estos actos, se evidenció lo que representa un verdadero liderazgo regional, como el del actual gobernador del estado Nueva Esparta, Alfredo Díaz, con una marcha multitudinaria, apoteósica, que se perdía de vista.

Otra gran verdad, es que el Gobierno nacional ha perdido capacidad de convocatoria y movilización y, por ende, seguidores, aunque los voceros oficialistas, a través de su hegemonía comunicacional, pretendan vender una mayoría que no existe.

Hay que preguntarle a Maduro y su combo que si esto es así, ¿dónde están los más de 20 millones de personas que, supuestamente, están registrados en el Sistema Patria? ¿Y los casi 8 millones de militantes del PSUV?, porque cuando revisamos los resultados oficiales del pasado 6D, vemos que obtuvieron poco más de 4 millones de votos.

Lo que realmente molesta es que, producto de la antipolítica, de la inacción, de jugar a una intervención para sacar a Maduro del poder, no solo se le terminó regalando —producto de la abstención— la presidencia por seis años más sino que, por la misma causa, la mayoría de la Asamblea Nacional.

No hay que ser ni experto ni mucho menos muy letrado para saber que la abstención solo favorece a quien gobierna.

 

 

En fin, cuando la ruta es la improvisación, el resultado es el fracaso. Y, mientras la dirección política no tenga la capacidad de admitir sus errores, será muy difícil lograr avances.

¿Qué esperaban que concluyera el informe de la relatora de las Naciones Unidas? ¿En que las sanciones fueron un éxito? O, tal vez, que existe un gobierno capaz en Venezuela. No hay forma de llegar a ninguna de esas dos expresiones. La «popularidad» de los extremos es el mejor indicador: tanto el presidente real como el virtual pasan largo del 80% de rechazo.

Como desde Unidad Visión Venezuela nos caracterizamos siempre por hablar con la verdad y con claridad, para que se entienda un poco: todos los controles, sean de precios o de cambio, son nocivos para la economía, aunque sus promotores les mientan y les digan que son para ayudar a la gente. De igual manera ocurre con la destrucción institucional; en resumen, eso que llaman “socialismo”. Pero también son perjudiciales las sanciones financieras-económicas. Debemos cuidarnos de quien los promueva, porque un fanático político y un dictador tienen en común que ambos representan un peligro para la democracia.

En resumen, si queremos realmente cambiar las cosas nos tocará lidiar con ellos (gobierno), y eso es un trabajo que hay que ir desarrollando.

Lo fundamental aquí es entender que el acercamiento y la reconciliación, no significan impunidad, como algunos quieren hacer entender.

Hay dos puntos fundamentales en este momento que deberían unirnos a todos en el país: la eliminación de las sanciones al diésel y la coordinación para la compra de las vacunas.

Sin olvidar que resulta doloroso que, teniendo tantas riquezas en nuestra Venezuela, estemos dependiendo de la caridad y hayamos llegado a esta situación después de haber dilapidado cientos de miles de millones de dólares.

Omar Ávila es Secretario General Nacional de Unidad Visión Venezuela.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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