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«Los que vivimos una Sidor productiva sabemos que la empresa no se está recuperando»

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A semanas de la conmemoración de la primera colada de la Siderúrgica del Orinoco, trabajadores insisten que no hay mucho que celebrar. Aseguran que la empresa vive uno de sus peores momentos y que la producción está casi en cero. Trabajadores jubilados testimonian las diferencias entre el funcionamiento de Sidor durante el siglo XX y durante la «revolución». «Los del gobierno se alegran porque producen 200 toneladas, eso era un turno. En un turno se producía eso. Quieren engañar al país hablando de que produjeron 200 toneladas, eso lo hacíamos nosotros en ocho horas»

Francesca Díaz | Correo del Caroní


Guayana es sinónimo de industrialización, o así lo fue desde su concepción como urbe en la que se planteaba el desarrollo de una ciudad industrial, que permitiese aprovechar el potencial hidrológico de los ríos Orinoco y Caroní y, por supuesto, el levantamiento del mayor parque industrial del país.

El nacimiento de las empresas básicas fue el hilo conductor de la definición de ser guayanés, ya que marcó un hito en el estilo de vida de la población, deviniendo en el desarrollo de multiplicidad de talentos y la construcción de universidades y centros de formación para solventar la demanda de profesionales y técnicos.

Yunis Hernández laboró durante 43 años en la empresa y evoca que se alcanzaron grandes logros, entre ellos, la escolarización y enseñanza de muchos trabajadores del campo que migraron de otros estados para encontrar su lugar en la alternativa industrial.

«Sidor cambió el sistema. Dimos una imagen de que éramos capaces, de allí empezó la industrialización y crecimiento económico de la ciudad. Era el amor por la empresa, el orgullo de cada uno de los guayaneses por esas empresas. Hace 60 años se empezó a trabajar con gente traída de Sucre, Anzoátegui… fuimos capaces de montarnos en la modernidad y la producción. Sidor transformó la ciudad y el modo de vivir. Fuimos ascendiendo socialmente, fue un impacto grandioso para nosotros. Todo el que haya trabajado en Sidor se siente orgulloso de ser sidorista, eso es enorme. Es indescriptible», adujo Hernández.

Fue Marcos Pérez Jiménez quien vislumbró la idea de una siderúrgica que permitiese establecer un nuevo modelo económico alterno a la exportación de petróleo, para esta labor creó la Oficina de Estudios Especiales de la Presidencia de la República, departamento que seleccionó a la firma italiana Innoccenti para responsabilizarse de la construcción de una de las plantas industriales más grandes de Latinoamérica, lo que fue un proyecto de grandes dimensiones tanto para Venezuela como para el país europeo. A su vez se envió a al menos 400 venezolanos a Italia para prepararse en el uso de las nuevas tecnologías; no obstante, el resto de la mano de obra se captó entre pobladores del campo.

Al respecto, Hernández declaró que este proceso incluyó la necesidad de escolarización, trabajo duro y adaptación por parte de los venezolanos, quienes se enfrentaron a un reto colosal nunca antes vivido en el país.

«Se salió a los campos a buscar mano de obra e inmediatamente la gente asumió y aprendió. Había guayaneses, sucrenses, monaguenses… Fueron personas dispuestas a aportar su esfuerzo. Cuando uno recuerda esa época maravillosa, personas que no tenían estudios ni alfabetización, pero aprendieron a operar esos hornos, a soldar, a trabajar. El mayor récord fue durante la privatización, pero cumplíamos con las metas desde los inicios. También esos altos niveles de producción se debieron a que existió modernización», explicó.

Ubicar Sidor en Matanzas obedeció a que es el área del río Caroní en la que se asientan las mayores reservas de hierro y, a su vez, el suelo es de buena calidad y su cercanía al río beneficiaba la movilización de materia prima y productos terminados.

La Oficina de Estudios Especiales pasaría a llamarse Instituto Venezolano del Hierro y el Acero durante la presidencia de Wolfgang Larrazábal (1958).

En 1960 el presidente Rómulo Betancourt fundó la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) y tomó control del proyecto. El 9 de julio de 1963 ocurrió la primera colada de acero en la siderúrgica, lo que representó uno de los hitos más importantes en la historia industrial del país.

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Arriesgar la vida para obtener beneficios laborales

Las enfermedades ocupacionales, las largas jornadas de trabajo y la exposición de los trabajadores a condiciones de trabajo extremas, son algunas de las dificultades de laborar en la empresa. No obstante, los sidoristas entrevistados adujeron que son circunstancias que valía la pena pasar debido a la remuneración y beneficios.

Durante el segundo período de Rafael Caldera, el Estado determinó que la empresa estaba arrojando pérdidas, en consecuencia, decidió privatizar la siderúrgica a través de licitación pública, proceso que terminó con Sidor en manos del Consorcio Amazonia, integrado por varias empresas latinoamericanas lideradas por el grupo argentino Techint.

Según los obreros, los años de privatización fueron la época más próspera de la estatal con la llegada de nuevas tecnologías.

«Como siderúrgica había muchos riesgos, pero cuando la empresa estuvo privatizada se le hicieron muchas adecuaciones tecnológicas de acuerdo a su capacidad. En esos años era una empresa con una gran capacidad de respuesta, implementos de primera calidad… Tú llegabas a un turno de 11:00 pm a 7:00 am y salías a las 7:00 de la mañana sin pegar un ojo, eso era producción pareja en esa empresa. Llegabas agotado a tu casa. Eso era Sidor, no esta empresa que dicen que se está recuperando con puras mentiras maquilladas. Los que vivimos la Sidor productiva sabemos que no es así, ni en producción ni en condiciones de trabajo», manifestó un obrero con 27 años de trayectoria en la compañía.

«Tú ibas a trabajar ocho horas, porque cada quincena satisfacías todas las necesidades de tu familia. Ese sacrificio se veía reflejado cuando te comprabas tu carro, acomodabas tu casa, viajabas con tu familia. Por eso tú te entregabas en cuerpo y alma a esa empresa. El sentido de pertenencia es una cosa, pero lo que realmente motiva a permanecer en una empresa es la remuneración y la respuesta que recibes por parte de la empresa. El trabajador en ese tiempo se sentía tranquilo con lo que recibía», expresó un trabajador que solicitó mantener el anonimato.

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Un cimiento para el proyecto familiar

Más allá del buen salario que convirtió a Sidor en una opción de desarrollo y sostenibilidad económica, los beneficios laborales establecidos en los contratos colectivos no eran menos atractivos: servicio de hospitalización, cirugía y maternidad en clínicas de todo el país, costeado por la empresa; vacaciones bien remuneradas, préstamos para comprar carros y vivienda, becas para los estudios para los hijos de los trabajadores pagos, planes vacacionales: esta oportunidad de oro movilizó a muchos migrantes internos a Ciudad Guayana.

«Mis hijos estudiaron en colegios y universidades privadas. Salimos de la casa de barro para vivir en urbanizaciones, estos lugares contaban con escuelas cerca, con seguros HCM. Por eso los sidoristas amamos tanto esa empresa, porque lo que somos, se lo debemos a la empresa. Producir no es fácil, pero valió la pena porque hubo un ascenso social», declaró Yurkis Hernández, jubilado de Sidor.

Por su parte, esta situación potenció la oferta educativa en Guayana, creándose más de seis universidades e institutos para satisfacer la demanda de profesionales y técnicos. Ingeniería y administración se convirtieron en las carreras más cotizadas, ya que el estudiante tenía la esperanza de egresar y conseguir trabajo en Sidor o en cualquiera de las empresas básicas del holding CVG.

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«Cuando yo entré a Sidor, trabajé 13 años tercerizado. Durante 13 años metí papeles para lograr ser nómina de Sidor, esa empresa para un padre de familia significaba futuro, proyecto familiar, proyectos personales. Era todo. Entregábamos los papeles todos los años con esperanza de que Sidor nos diera un puesto vacante. La educación de mis hijos es un punto importante. Los sidoristas teníamos a nuestros hijos estudiando en los mejores colegios de la zona. Les garantizábamos transporte, planes vacacionales… Había compañeros que asumían hasta la educación de sus sobrinos: útiles, matrícula, inscripción. A uno le daba tranquilidad estar en una empresa de esa envergadura. La salud era otra cuestión, yo tenía hasta a mi suegro metido en la póliza de Sidor. Usted se accidentaba y se trasladaba a la clínica que estuviera activa e inmediatamente era atendido», manifestó un obrero con 30 años de trayectoria en la compañía.

La realidad de Sidor en revolución

Pese a que no existen cifras oficiales del estado actual de Sidor, especialistas coinciden en que la empresa actualmente funciona al 10% de su capacidad. Accidentes laborales, áreas inutilizadas y fallas en el proceso productivo han caracterizado los últimos años de la estatal.

Todo esto contrasta con aquella siderúrgica del siglo XX, que incluso con sus fallas y problemas productivos, presentó cifras y balances favorables.

Los sidoristas han visto menguar sus beneficios con la erradicación del HCM, la ausencia de pagos de bonos, la imposibilidad de vacacionar e, incluso, el incumplimiento hasta de la entrega de equipos de protección para laborar.

En este sentido, trabajadores jubilados aseveraron que es una situación dolorosa para quienes dedicaron su vida laboral a la compañía y que hoy perciben una pensión paupérrima y no pueden costear el tratamiento de sus enfermedades crónicas u ocupacionales.

«Jamás y nunca me imaginé que Sidor iba a llegar a este estado, aunque desde el 2010 lo sospechamos cuando empezamos a notar la falta de repuestos, la falta de entrega de equipos de protección personal, la falta de contratos colectivos: íbamos en declive. A partir del 2010, cuando no se firmó el siguiente contrato colectivo vencido desde 2008, allí empezó el ataque a la dirigencia sindical. No llegaban los repuestos a tiempo, había falta de insumos… Todo eso empezó a suceder en 2010, íbamos viendo el deterioro. Para mantener los equipos se empezaron a sacar repuestos, a hacer paliativos, inventivas… Allí nos podíamos dar cuenta que la empresa no estaba siendo bien administrada», expresó uno de los declarantes.

No obstante, la administración de la empresa, actualmente presidida por Néstor Astudillo, insiste en la recuperación de 22 plantas y una parte de la capacidad productiva. En palabras de los sidoristas, estas cifras no son ciertas.

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«Los del gobierno se alegran porque producen 200 toneladas, eso era un turno. En un turno se producía eso. Quieren engañar al país hablando de que produjeron 200 toneladas, eso lo hacíamos nosotros en ocho horas. Además fueron sustituidos los profesionales, los técnicos… Gente que no tiene idea de lo que significa ser la principal siderúrgica de Venezuela. Sus áreas verdes, oficinas… Todo hoy está en total y absoluto abandono».

Venta de acciones: una propuesta salvadora

El Ejecutivo nacional, con miras de solventar la crisis económica y la falta de liquidez, desde principios de 2022 ha impulsado políticas de apertura económica, entre ellas, promulgar un impuesto para las transacciones en divisas con el fin de oxigenar sus arcas.

Entre las propuestas, Nicolás Maduro informó que pensaba ofertar en la bolsa acciones de las empresas básicas de Guayana, la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela y Movilnet.

Hasta ahora, solo se ha oficializado la oferta del 5% de acciones del Banco de Venezuela. En este sentido, los sidoristas no ven esta oferta como una alternativa factible a largo plazo para la recuperación de la estatal.

«¿Qué accionista va a invertir en esas empresas? Si yo tuviera unos billones de dólares, no los metería allí para que los maneje el Estado. Este Estado es ineficiente. Todo lo que ha tocado, entre otras cosas, empresas que fueron exitosas, hoy están quebradas. A Sidor lo dirigen unos políticos que los cambian cada tres meses, se traen militares… No hay meritocracia. Nadie con cuatro dedos de frente va a invertir en una empresa que el Estado maneja como si fuera una bodega», expresó uno de los trabajadores.

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