Los Sansones deben cooperar, por Héctor Pérez Marcano

Venezuela ha tenido oportunidades para convertirse en una nación próspera que proveyera bienestar a su sociedad. Lamentablemente las ha desperdiciado al adoptar planes equivocados, desechando la alerta que algunos de sus dirigentes dieron sobre lo que se planificaba. La primera oportunidad despreciada ocurrió cuando Carlos Andrés Pérez ganó el poder en 1973. En aquella oportunidad el precio del petróleo experimentó un alza que nos otorgaba ingresos extraordinarios que bien aprovechados hubieran sido la base para desarrollar el país y liberarlo de su condición de mono productor y mono exportador dependiente de la riqueza petrolera que siempre ha sido una fuente de riqueza insegura.

En aquella oportunidad dos ministros muy influyentes elaboraron un plan de financiamiento para un plan de desarrollo que titularon «la gran Venezuela». Enceguecidos, igual que como se trastorna alguien que se gana la lotería los ministros Gumersindo Rodríguez en Cordiplan y Carmelo Lauría en Fomento convencieron a CAP y lo contagiaron con su optimismo.

Una voz se levantó y emitió su alerta: Juan Pablo Pérez Alfonso, quien desde su refugio en Los Chorros criticó el plan de «la gran Venezuela» y lo llamó el «plan de la destrucción nacional».

 

 

Pérez Alfonso alertó que ese plan implicaba un oneroso endeudamiento, justamente en la ocasión en que teníamos ingresos extraordinarios que, bien utilizados, hubiera financiado nuestro desarrollo. Alertó también contra la euforia gubernamental y señaló que las siete hermanas que controlan el negocio petrolero en el mundo maniobrarían contra la subida de los precios, como en efecto sucedió.

En su partido (AD) Pérez Alfonso no encontró eco, salvo la voz de Gonzalo Barrios quien captó la importancia de su alerta, pero el resto de la dirigencia adeca ya se había sumado a la campaña para tildar de loco a Pérez Alfonso y desacreditarlo.

Desde Los Chorros lanzaba sus invectivas contra los disparates de sus compañeros de partido, como lo hizo en esa ocasión en una rueda de prensa publicada en El Nacional un domingo, como acostumbraba cada vez que temía las nefastas consecuencias de las audacias financieras de Gumersindo Rodríguez y Carmelo Lauría.

La segunda oportunidad fue malbaratada por Chávez cuando seducido por Fidel, el 30 de octubre del año 2000, firmaron el Convenio Integral de Cooperación que le permitió, mediante convenios complementarios, transferir a Cuba la inmensa riqueza petrolera excedentaria que se calcula en 700 mil millones de dólares al rebasar el barril venezolano los 100 dólares.

El acuerdo establece que Cuba, sometida a racionamiento de comida y electricidad, sin comercios y con escasas industrias, prestará los servicios y suministrará las tecnologías y productos que estén a su alcance. Ello equivalía a tirar los 700 mil millones de dólares por un albañal.

He recibido con júbilo la noticia del viaje de una comisión, designada por Guaidó presidida por Gerardo Blyde que viajó a EE. UU. para discutir con funcionarios norteamericanos del gobierno de Biden un acuerdo político que inicie un proceso de pacificación y haga posible un gobierno de transición que resuelva la crisis política que nos destruye.

Debemos darle todo nuestro apoyo a esa gestión. Ojalá los Sansones —María Corina Machado, Ledezma y compañía— imiten a Leopoldo López, que se ha sumado al esfuerzo y se mejore el clima para discutir sosegadamente el estratégico asunto de la unidad de la oposición.

Héctor Pérez Marcano fue dirigente político y diputado del Congreso de la República.

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