Los yukpas consideran que el gobierno nacional tiene muchas deudas inconclusas con su comunidad desde hace varios años. Esperan que las promesas se hagan realidad


Las precarias condiciones en que viven los yukpa en la Sierra de Perijá, en el estado Zulia, los hizo trasladarse a Caracas el pasado 18 de de noviembre para exigirle a la administración de Nicolás Maduro que les dé soluciones a problemas que datan de decenas de años. Varios ministros les prometieron respuestas rápidas que aún siguen siendo palabras.

En ese momento, alrededor de 350 representantes de la Organización Nacional Indígena Yukpa de Venezuela (Onaiyukven) se trasladaron a Caracas con la intención de reunirse con Maduro, pero el cacique Jesús Peñaranda le afirmó a TalCual que tras esa visita, se han ido sumando más caciques de otras etnias que demandan mejores condiciones para los pueblos indígenas.

Los yukpas exigen kits de herramientas para trabajar las tierras, máquinas de coser para las mujeres, pega y taladros para elaborar y confeccionar collares; incremento en el número de bolsas de comida que se entregan mensualmente, más distribución de gasolina, crear una vía alterna para comunicar las comunidades yukpa con la ciudad de Machiques, derecho a la educación, a la salud, agua potable y la construcción de viviendas, entre otras demandas.

“A la organización no se nos ha llamado para poder hacer el trabajo de abordaje”, afirma el cacique de la comunidad yukpa, a pesar de que en días recientes se reunieron con funcionarios de la Fuerza Armada en el Batallón 121 en el municipio Machiques de Perijá, para evaluar las razones por las que viajaron a Caracas.

Jesús Peñaranda revela que el Ministerio para los Pueblos Indígenas llevó algunas herramientas de trabajo al lugar, pero condena que hayan sido entregadas a integrantes de etnia que no viajaron a Caracas y no estaban de acuerdo con elevar ese reclamo al Ejecutivo. “Pareciera que nos ven como incompetentes para llevar a cabo un plan de trabajo dentro de nuestras comunidades. Nosotros estamos capacitados para poder hacer esos trabajos en las diferentes cuencas donde hacemos vida”, expone el cacique, mientras reitera que a quienes se han mantenido demandando no se les ha dado ningún insumo para cumplir con sus objetivos.

Del mismo modo, Peñaranda lamenta que a los más de 350 representantes que se atrevieron a viajar a Caracas y solicitar una reunión con Nicolás Maduro, “se nos esté negreando por haber revelado nuestras necesidades”.

En este sentido, el cacique Jesús Peñaranda espera que el gobierno les brinde de manera sistemática las respuestas que requieren los yukpa, pero enfatiza que si no se dan “un grupo muy nutrido de caciques y autoridades legítimas de la Sierra de Perijá volveremos a aterrizar nuevamente a Caracas”.

Necesidades olvidadas

Jesús Peñaranda cuenta que en la Sierra de Perijá, la tierra ancestral de yukpa, llega la bolsa del CLAP cada mes o cada dos meses y el contenido varía entre 10 y 12 productos, pero han solicitado un incremento del número de bolsas que envían a la zona por el aumento de la población en esas comunidades.

Piden herramientas como guarañas, motosierras, machetes, rastrillos y otros implementos de trabajo para poder continuar con sus siembras de yuca, malanga, auyama, caraotas, maíz; así como el desarrollo del ganado caprino, otra de sus actividades tradicionales.

En octubre del año pasado, la comunidad yukpa se vio afectada por las lluvias en las cuencas de Toromo. Seis niños y un adulto murieron. Más de 700 familias quedaron perjudicadas por la crecida del río. Este año volvió a llover fuerte, se afectó la carretera principal, pero desde el año pasado siguen esperando aunque sea una solución.

“Queremos una respuesta sobre las viviendas que se vieron afectadas el año pasado con las lluvias y aún hay familias que están en cero, no tienen atención y están viviendo muy incómodos”, dice el cacique, quien espera que se inicie la construcción de al menos 100 viviendas.

En cuanto al agua, Jesús Peñaranda exige en nombre de toda la comunidad yukpa, un sistema de tratamiento de agua permanente para poder consumir agua potable y así disminuir la incidencia de enfermedades por ingerir agua sucia. “Tenemos un alto número de incidencias parasitarias; y por consiguiente, muertes en niños y en la tercera edad por consumir agua achocolatada”.

Al referirse a la salud, el cacique dice que en la zona hay un Centro de Diagnóstico Integral (CDI) que se está acondicionando para que preste atención las 24 horas del día, pero sostiene “que no puede ser una estructura bonita que no brinde atención”.

Con relación a este tema, Lusbi Portillo, defensor del hábitat indígena y coordinador general de la ONG Sociedad Homo et Natura, asegura que los yukpas están enfermos: «Hay mucho paludismo, leishmaniasis, tuberculosis, muchas picaduras de culebras y no hay suero antiofídico», dice, y revela que durante la segunda semana del diciembre cinco niños yukpas fueron picados por serpientes y uno murió desangrado por no poder ser tratado.

Portillo asegura que solo en Hospital de Maracaibo hay suero antiofídico y se pregunta: «Qué hace allí?», cuando debería estar en Machiques para poder atender a los más perjudicados.

“Estas son deudas inconclusas, que exigimos que se cumplan”, finaliza el cacique Jesús Peñaranda.

Tierras yukpas en el limbo

La lucha por las tierras yukpas data de años. Cuando Sabino Romero (líder yukpa y defensor de los derechos indígenas) nació en 1965, ya los ganaderos habían despojado a esta comunidad de sus territorios en la Sierra de Perijá, específicamente de las tierras planas, y les dejaron la zona montañosa. En el año 2006, comenzó en el territorio yukpa la demarcación de tierras y terminó con la entrega de dos lotes: una titulada en el año 2009 y otro más al sur en el año 2011.

Cuando se entregaron los primeros títulos de tierra, los dirigentes indígenas protestaron porque el título otorgado dejaba dentro del área a los hacendados y campesinos invasores, a empresas petroleras o mineras. Es decir, estos terceros también tenían derechos sobre las tierras.

El territorio de los yukpa fue dividido en dos partes en distintos episodios. En 2009, se les otorgaron 41.630 hectáreas para los poblados del extremo norte de su territorio Sirapta, Aroy y Tinacoa. En esta titulación perdieron su lindero oeste, el de las altas montañas de la Sierra de Perijá que van hacia Colombia.

La segunda titulación fue en 2011, cuando Hugo Chávez les entregó al resto de las comunidades un título con una superficie de 143.610 hectáreas. Esa segunda entrega fue a espalda de las comunidades y líderes indígena. En ninguno de los dos momentos se les entregaron las bienhechurías de las haciendas exigidas por los indígenas.

Lusbi Portillo, coordinador de la ONG Sociedad Homo et Natura, considera que el gobierno nacional aún está en deuda con la comunidad yukpas y el reconocimiento de su territorio. «Hay que entregarles una gran parte de su territorio original», afirma, y detalla que tras el asesinato de Sabino (3 de marzo de 2013), fue que el gobierno decidió «astutamente pagar las haciendas». Del mismo modo, agrega que, en la actualidad, los yukpas tienen tierras planas, «pero que son potreros donde solo hay paja, y descubrimos que donde hay paja no nace nada».

En este sentido, Portillo cree que las autoridades nacionales deben plantearle a la comunidad yukpa un plan de desarrollo que incluya un convenio y que se otorguen «vacas, ovejas o cabras que es lo único que se cría en esos potreros». Condena que todavía no existan respuestas: «¿Qué respuesta se va a dar?», se interroga.

Lusbi Portillo reitera que los conflictos por las tierras entre los yukpas y los ganaderos siguen vigentes, pues estos últimos temen que sus territorios sean invadidos por los indígenas y «entonces, cuando ven cualquier movimiento, disparan e hieren».

A juicio de Portillo, quien también es antropólogo, para resolver estos problemas por las tierras de los yukpas, debe instalarse «una mesa de paz porque existe mucha violencia». Especifica que los focos de perturbación de los yukpas van en esta escala: «La Policía Nacional Bolivariana (PNB), los más agresivos; la Guardia Nacional (GN), Policía Regional, Policía Municipal de Machiques»; además de los campesinos , la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y los narcotraficantes.

LUNA PERDOMO

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