La inercia de la crisis venezolana se ha sacudido con la irrupción de Capriles y sus diálogos con el chavismo gobernante. Para Michael Penfold sigue siendo relevante entender la importancia de unas negociaciones formales, pero asumiendo que la realidad no es la de 2019, y pone como punto urgente la postergación de las elecciones parlamentarias


Para Michael Penfold, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Columbia, la cercanía de las elecciones parlamentarias del 6 de diciebre impulsa los movimientos de fichas en todos los sectores políticos. Por una parte, con una oposición que no ha encontrado el balance adecuado entre la presión internacional y la doméstica. Y por la otra, con Nicolás Maduro necesitando cerrar el capítulo de la presidencia interina con la renovación de la Asamblea Nacional pero atendiendo presiones internas del chavismo y del sector militar que esperan claridad en lo electoral y no una repetición de lo que ocurrió en 2018 que tantos costos políticos trajo.

El profesor del IESA y fellow del Wilson Center observa cómo desde el oficialismo se opta por dividir a la oposición para buscar mejores resultados en la alianza gobernante, y en sus adversarios se afronta una crisis de credibilidad que «es resultado de muchas ambivalencias a lo largo de estos dos años sobre cuál es la mejor vía, la generación de una cantidad de expectativas que todavía no ha podido cumplir, y también una crisis de representatividad» que pudiera profundizarse. Penfold insiste en que las condiciones políticas de ahora son muy distintas a las de 2019 cuando ascendió Juan Guaidó como líder desde la Asamblea Nacional, además con una pandemia que ha sacado al país del foco de atención internacional.

La fractura evidenciada en la última semana con la posición de Henrique Capriles, particularmente, es vista por Penfold como resultado «de una gran frustración y un gran descontento interno sobre cuál es la efectividad, más allá del tema unitario. Tú construyes una unidad sólida cuando hay una visión estratégica común, y eso se ha ido perdiendo».

Capriles llamando a participar y María Corina Machado clamando por una nueva alianza internacional de fuerza son apenas dos de los aspectos que Guaidó tendría que atajar. «Yo no creo que lo tiene que abordar como lo hace hasta ahora, por cierto, declarando traidores a todos los que no comulgan con su visión. Creo que tienen que partir de un momento de aceptación de los errores, que son muchos y muy acumulados, y responder una pregunta muy sencilla: ¿qué vas a hacer no solo después del 5 de enero de 2021, sino de aquí al 6 de diciembre de 2020?»

Para el coautor del libro Un dragón en el trópico (2011) que estudió la economía política de la revolución chavista, optar por la continuidad administrativa de la Asamblea Nacional tiene un piso jurídico muy débil, que es el mismo de la presidencia interina. Eso puede debilitar al gobierno encargado, por ejemplo con Europa diciendo que no va a reconocer la eleccion bajo las condiciones planteadas, pero sin dejar claro que seguirá reconociendo a Guaidó más allá de su período. Estados Unidos esta semana sí afirmó que lo hará «hasta que cese la usurpación».

A su juicio, la oposición tiene que empujar junta por lograr que las elecciones sean pospuestas. Y cree que la mejor manera de lograrlo no es absteniéndose sino «decir que vas a participar, porque en el momento en que es creíble el gobierno se va a retractar porque las va a perder, indistintamente de las condiciones. Pero si te vas a abstener, entonces tienes que proponer algo, ¿vas a negociar?»

Penfold insiste en que el conflicto político venezolano es muy complejo y requiere una negociación formal, no una ad hoc, pues»no podemos seguir improvisando, porque en la medida en que esto se siga dilatando el nivel de sufrimiento es cada vez más alto».

-¿El 5 de enero de 2021 es para Guaidó lo que el 10 de enero de 2019 fue para Maduro?

-Bueno, es y no es. Yo creo que Guaidó está subestimando, al igual que Maduro lo hizo en 2019, las implicaciones jurídicas internacionales, e incluso domésticas, de esa fecha. Y está sobreestimando la capacidad solamente de anclar la presidencia interina sobre el apoyo de EEUU y otro grupo de países latinoamericanos. Allí surgen una cantidad de errores políticos que es lo que está aprovechando Capriles, que es un reflejo interno del descontento que hay.

-¿Está sobrevalorada la Unidad opositora? ¿Es la única manera de plantarle cara al gobierno? 

-Una unidad política, una coalición política socialmente amplia, requiere tres cosas elementales. Una visión o un objetivo estratégico común, que creo todavía existe, pero que tiene que venir acompañado también de una estrategia común que en este momento no existe. Y en tercer lugar necesitas mecanismos de consenso y de resolución de conflictos internos para poder sostener las fricciones internas que esos dos temas generan. Pareciera que hay un agotamiento de esos mecanismos, o son insuficientes.

-Las críticas no son solo entre políticos sino en  sectores sociales, gremiales.

-Tuvimos el pronunciamiento de la Conferencia Episcopal, hemos tenido otros muy importantes del sector de trabajadores, de las organizaciones civiles sobre la atención humanitaria. Puede que el propósito todos lo compartan, pero al final es un tema de efectividad lo que está generando esa fricción, y esa efectividad es baja porque la oposición ha dejado de pensarse a sí misma como un gran movimiento social y político, como una coalición que está construyendo un cambio a partir de  instrumentos de lucha interna, que acompañen esa presión internacional. Hemos dejado básicamente que la presión que en este momento enfrenta el oficialismo sea externa por parte de las sanciones. Al final del día esto tiene que terminar en algún tipo de negociación política, porque la idea de una ruptura, de una salida rápida, depende de unas condiciones que hoy son dramáticamente distintas.

-Para negociar hace falta tener claro los actores. ¿Quién puede negociar co el chavismo gobernante cuando tienes fragmentación y no hay certezas de quién representa qué? 

-Aquí no hay una solución unilateral al problema venezolano. Maduro no tiene la capacidad de resolver eso, la oposición sola tampoco puede, y la institución armada tampoco está dispuesta a entrar de la manera como una parte de la oposición quiere, a través de una ruptura, sino que más bien actúa de una forma más corporativista, o tejiendo sus intereses y cuidando su propia supervivencia institucional de largo plazo. Las negociaciones en cualquier conflicto político van y vienen. El problema está en que nosotros no hemos sabido utilizar esos mecanismos adecuadamente. Uno tiene que saber hablarle a los factores internos dentro de la coalición oficialista, que son al final del día el sostén en este momento de Maduro, para que ellos presionen internamente y se dé un proceso que sea aceptable para todo el mundo. Eso sólo lo puedes hacer a través de una negociación formal, con reglas.

La negociación de Oslo-Barbados alcanzó acuerdo en 70% de la agenda pero con las sanciones secundarias el chavismo aprovechó para retirarse de la mesa y la oposición declara apresuradamente cerrado ese capítulo. Creo que fue un error porque es el único mecanismo que permite dar garantías y protegerte frente a un proceso de cambio que es intrínsecamente incierto, porque ahorita hay un tema adicional que es la judicialización internacional a través de los indicments que han iniciado los EEUU de manera pública y que son muy difíciles de revertir.

-Cuando el proceso Oslo-Barbados se dijo «nada está acordado hasta que todo esté acordado». En la «mesita» se ha priorizado llegar a acuerdos parciales, que pareciera es la vía de Capriles también. ¿Cuál método es mejor en una negociación tan compleja?

-En este momento lo que tienes es, probablemente, a una parte de la oposición que pareciera estar entrando en discusiones con el chavismo, pero al final eso no es suficiente, porque si tú no logras que todos los actores entren, todos los actores relevantes, incluyendo el factor militar, al final no vas a poder crear las instituciones claves para darle credibilidad a cualquier proceso electoral. Un proceso electoral es el resultado de un acuerdo. Yo creo que Oslo falló en que se inició de manera secreta, y cuando se hizo público inadvertidamente ninguno de los actores había pagado un costo de entrada y levantarse era muy barato.

-¿Qué significa pagar un costo de entrada?

-Significa, por ejemplo, esto que acaba de pasar con las excarcelaciones y las liberaciones de presos políticos, que es algo parcial porque todavía hay cientos de personas presas. En vez de la oposición aprovechar esto para entrar en un proceso de negociación integral, termina en una lucha interna sobre cuál es la vía. En República Dominicana sí era así, nada está acordado hasta que todo esté acordado, pero en Oslo había una coletilla: nada está acordado hasta que todo esté acordado dentro de la agenda, siempre y cuando ambas partes acepten dar acuerdos parciales. Pero tú no podías avanzar por resultados de cosas que no estaban en la agenda, y que son importantes, como todos estos temas que tienen que ver con el tema humanitario, entre muchos otros.

-En las conversaciones que se han producido entre este sector que representa Capriles y el gobierno destaca un factor que antes no hubo: la discreción. Contrasta con cómo el chavismo antes revelaba que había conversaciones, generaba intrigas. Aquí hubo directamente la lectura de un decreto. ¿Qué significa esa diferencia? 

-Aquí hay dos hipótesis. La primera es que Maduro se siente tan cómodo en el poder que está otorgando esas excarcelaciones y liberaciones porque siente que está en una posición de fortaleza para poder iniciar ese proceso, que no pone en riesgo su estabilidad política y su control sobre el poder. Otra visión, que yo comparto, es que Maduro, buena parte del chavismo y una parte muy importante de las fuerzas armadas, quieren dar por cerrado el tema de la presidencia interina, aprovechando que efectivamente el 5 de enero termina el mandato constitucional de la Asamblea Nacional. Ahora, ese objetivo tiene un problema: necesitas unas elecciones legislativas del 6 de diciembre que por lo menos sean reconocidas por una parte relevante de la comunidad internacional, en este caso por Europa, dado que EEUU no va a reconocer nada hasta que Maduro no deje el poder. Entonces, el problema que tiene Maduro es que necesita generar un mínimo de condiciones, como lo intentó con la Mesa de Diálogo Nacional, pero eso no tiene tracción, ni crea ánimo de voto,  ni aporta a la la validez de ese proceso afuera. Entonces, cómo la oposición aprovecha esas circunstancias para resolver este problema de corto plazo que son las legislativas, y entrar en una negociación mucho más integral que tenga que ver con las presidenciales, el estado de derecho, el problema financiero, el restablecimiento de la producción petrolera, y la situación humanitaria.

Las elecciones legislativas ni van a ser justas ni son libres en este momento. Yo creo que lo correcto, lo lógico, es suspender, y creo que parte de lo que está pidiendo la Unión Europea es que tienes entablar un proceso de negociación porque no puedes llegar con más sanciones. Con presiones externas no vas a resolver el dilema interno que están enfrentando los factores que probablemente quieren algún tipo de cambio. Eso todavía no lo hemos entendido en Venezuela, y yo sé que mucha gente se frustra, y dice «negociar ¿con quién?». Bueno, con lo que hay.

-Una negociación «con todos los actores relevantes» pasa por que se pongan de acuerdo, pero lo que vemos son liderazgos incapaces de acordar entre ellos posiciones conjuntas, de convencer al otro de sus respectivas opiniones. 

-Cuando se declaró cerrado el proceso de Oslo por parte de la oposición, fue en parte porque se tenía la esperanza de que el TIAR iba a permitir una salida de presión externa real. Bueno, acabamos de escuchar al Departamento de Estado decir que no solamente que eso no existe hoy, sino que no existió nunca. Nos hubiesen ahorrado muchísimo tiempo si EEUU hubiese sido honesto con respecto a eso. Las sanciones sirven para negociar, pero no sirven para tumbar a nadie. Hay que aprender a aterrizar esa presión internacional en algo concreto en el plano interno. En este momento estamos en un proceso de estancamiento, de una inercia, una anomia muy grande. Se necesita una realineación de la comunidad internacional, y en particular Estados Unidos tienen que poder entrar en ese proceso, con Cuba, la UE, Colombia, China y Rusia, y todo eso con observación del factor militar. La estrategia opositora obedece más a los intereses de Trump en Florida que a la realidad interna. EEUU no está dando espacio para poder ajustar esto a la realidad interna, a las restricciones reales que enfrentan los actores políticos en un contexto muy adverso y difícil.

-¿Posponer las elecciones abriendo una ventana para negociar nuevas condiciones pudiera conducir a que posturas como las de Juan Guaidó se ajusten a participar en esa búsqueda, siendo que lo planteado no es la salida de Maduro del poder? 

-Lo primero, lo más importante, es posponer las elecciones. Asumiendo que esas elecciones legislativas tocan y que van a requerir un proceso de negociación y validación internacional de las condiciones. Mi visión es resolver el tema de las legislativas, y entrar en una negociación mucha más integral. Lo que pasa es que en el contexto actual es difícil que eso ocurra porque las elecciones americanas son en noviembre, y es difícil para Estados Unidos cambiar de posición en este momento. Creo que Maduro está esperando ver qué pasa con esa elección. Si Trump gana, Maduro va a tratar de avanzar con esa elección a trocha y mocha. Si Biden gana, quizá Maduro tenga incentivos para posponer esos acuerdos. Y el tema cubano es importante, porque si gana Biden va  a buscar abrir Cuba condicionado a Venezuela, lo cual pone a Cuba en una disyuntiva muy grande.

-¿Qué significa que sea la figura de Henrique Capriles la que ha tomado protagonismo a raíz de estos acontecimientos en los últimos días, que tiene arrastre electoral, que es respetado por el chavismo, que es una ficha, que busca ponerse en posición privilegiada para escenarios que vendrán?

-Yo creo que Capriles es un actor importante, como lo sigue siendo Guaidó. Creo que está hablando directamente en dos dimensiones. La primera es el reconectar socialmente con los problemas de la gente, frente a la percepción de que Guaidó no ha cumplido habiendo generado esta idea de que maneja activos. Esa idea de que él es presidente interino, lo ha alejado de ser visto como un opositor y eso es una limitante desde el punto de vista político. El segundo tema que está apuntando Capriles es cómo somos efectivos para movilizar a la gente, cómo generamos presión interna, para poder generar cambios internos en el oficialismo que permita sacarnos de este pantano. Estamos metidos en un estancamiento político porque hasta ahorita no hemos lograr articular una alternativa clara, y eso me parece a mí que es muy poderoso.

-¿Qué va a enfrentar Capriles?

-El camino que le viene es muy duro. Yo no veo que su ruptura con la oposición sea definitiva. Está diciendo que va a tomar un camino. Eso no es un muy distinto a lo que está diciendo María Corina, que ella va por este otro camino. ¿Cómo va manejar eso Guaidó? No sé. Lo que sí sé es que hasta ahora él ha entrado en consultas y no le ha ido bien ni con los actores políticos, ni con los actores sociales, más allá de comunicado de 27 partidos diciendo ‘no vamos a participar’, pero con la base política sí quisiera de alguna forma hacerlo, como pasa con los gobernadores. Entonces, hay que abrir esta discusión con honestidad y sinceridad. Insistir en una estrategia que no funcionó lamentablemente en unas condiciones diferentes, no solamente no va a funcionar, termina creando este otro problema.

-¿Capriles busca convertirse en el líder de la oposición?

-Capriles está buscando diferenciarse. Está buscando diferenciarse tanto en la estrategia como en la forma en la que le habla al país y cómo le habla en particular a actores que no son solamente de oposición. En ese sentido él puede tener ciertas fortalezas comparado con Guaidó. Ahora, Capriles tiene dos retos: construir una coalición y convencer a los votantes.

-¿En tan poco tiempo puede lograrlo?

-No está fácil, pero también es cierto que tenemos un país donde el 83% de los venezolanos te pide cambio, donde todavía un nivel relativamente bajo de personas dice que está dispuesta a votar seguro bajo estas condiciones, pero que también revelan una gran frustración, y son unas elecciones parlamentarias, no son unas elecciones presidenciales. Entonces, para mí la clave aquí es cómo tú construyes una coalición social, no solamente político-partidista. Él trató de hacerlo en 2013 cuando las elecciones presidenciales y en muy poco tiempo remontaron de forma importante en las encuestas. No ganó, no pudo cobrar tampoco, pero ahí demostró que tiene esa voluntad personal.

-¿Pudiera haber un cisma en los apoyos internacionales con posiciones diferenciadas de Estados Unidos y la Unión Europea?

-No creo que eso funcione así. Lo que hay en el ambiente internacional es fatiga con Venezuela. El problema venezolano se está volviendo irresoluble y quien se mete termina quemándose. Ahora, ¿Europa va a abandonar a Guaidó? No creo. ¿Va a reconocer a esa Asamblea? No creo, a menos que se tengan las condiciones adecuadas. Pero sí creo que, si la oposición se divide y hay cierta tracción en lo que está planteando Capriles, Europa en particular va a tener que abrir canales de diálogo con ambos. Y con Estados Unidos vamos a ver qué pasa después de las elecciones. Eso no es así sencillamente de que los europeos van a apoyar esto y que los americanos no, eso no funciona así. Lo que sí puede pasar es que los europeos pueden dejar de ser tan diplomáticamente activos en Venezuela y focalizarse mucho más en el tema humanitario y menos en el tema político.

-¿Qué pasa si EEUU no varía su posición?

-Venezuela está no solamente muy aislada internacionalmente, sino que está cada vez más debilitada socialmente. Venezuela puede seguir en este estancamiento que puede ser mucho más largo. Muchos actores dentro del oficialismo harán lo que están haciendo, resistir. Pero en ese proceso, el costo social, y también político, es gigantesco.

VICTOR AMAYA
TAL CUAL

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